El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunciaron este viernes un acuerdo para impulsar el desarrollo de 17 campos petroleros venezolanos, en un pacto que profundiza el acercamiento entre Washington y Caracas.
Según los datos difundidos por ambos gobiernos, los yacimientos incluidos en el acuerdo concentran un potencial probado de más de 65.000 millones de barriles de petróleo y requerirán una inversión superior a US$100.000 millones.
Trump presentó el entendimiento como “el mayor acuerdo petrolero de la historia” y afirmó que Estados Unidos tendrá el “control mayoritario” sobre esas reservas, sin costo para los contribuyentes estadounidenses.
Las cifras implican que los 65.000 millones de barriles representan alrededor del 21,5% de las reservas probadas de Venezuela, estimadas en unos 303.000 millones de barriles.
Horas después del anuncio de Trump, Rodríguez confirmó el pacto y señaló que los 17 campos serán desarrollados con participación de operadores privados. Según la presidenta interina venezolana, el proyecto contempla una inversión de más de US$100.000 millones y generaría más de US$209.000 millones en tributos para el Estado venezolano.
Rodríguez sostuvo que el objetivo es incrementar de manera considerable la producción de crudo, recuperar y modernizar la infraestructura petrolera y generar ingresos y puestos de trabajo. También calificó el entendimiento como un “hito histórico” en las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos.
Sin embargo, el comunicado venezolano no identificó cuáles son los 17 campos incluidos ni qué empresas privadas participarán. Tampoco precisó la duración del acuerdo, su estructura jurídica ni cómo se distribuirán los ingresos.
Qué significa el “control mayoritario” de Estados Unidos
Trump afirmó que Estados Unidos obtuvo el control mayoritario sobre las reservas vinculadas a los 17 yacimientos, pero no precisó qué implica jurídicamente ese control ni cuál será la participación concreta de las compañías estadounidenses.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, calificó el acuerdo como una “gran victoria” para ambos países y afirmó que permitirá atraer cerca de US$100.000 millones de inversión privada, generar empleos y contribuir a la reconstrucción de la economía venezolana.
El anuncio se produjo un día después de que se conocieran detalles sobre las negociaciones entre Washington y Caracas.
Según información publicada por Reuters, las conversaciones incluían una lista de 17 yacimientos, entre ellos campos todavía sin desarrollar de la Faja del Orinoco y otros más antiguos ubicados en la zona del lago de Maracaibo.
De acuerdo con fuentes citadas por esa agencia, una de las alternativas analizadas era implementar un modelo de arrendamiento para luego adjudicar los campos mediante licitaciones a productores estadounidenses.
Ese esquema podría generar cuestionamientos legales en Venezuela, debido a que la legislación vigente no contempla actualmente el arrendamiento de áreas petroleras y la Constitución reserva al Estado las actividades esenciales del sector.
Las reformas aprobadas recientemente, en cambio, permiten la participación de empresas mixtas y contratos de producción compartida.
Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en unos 303.000 millones de barriles.
Sin embargo, su producción cayó fuertemente durante las últimas dos décadas. El país llegó a superar los 3 millones de barriles diarios, pero actualmente produce alrededor de 1,25 millones, según los datos citados en el informe.
La industria necesita inversiones importantes para recuperar y modernizar pozos, oleoductos, refinerías y puertos y lograr un aumento sostenido de la producción.
Para Washington, el acuerdo busca asegurar un suministro estable de crudo venezolano y facilitar la participación de compañías estadounidenses en la recuperación de la industria.
Según la información difundida, Chevron negocia ampliar sus operaciones en Venezuela, mientras que Halliburton mantiene conversaciones para brindar servicios a productores del país.
El entendimiento se produce además en el marco del proceso político iniciado tras la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos en enero, y de la creciente influencia de Washington sobre la política y la economía venezolana.
El nuevo acuerdo petrolero abre así una nueva etapa en esa relación, aunque todavía quedan por definir aspectos centrales sobre quién controlará efectivamente los yacimientos, qué empresas participarán y bajo qué condiciones Venezuela explotará sus principales reservas de crudo.



