Hace rato que Rosario busca darle al 27 de febrero, la fecha en la que Manuel Belgrano enarboló por primera vez la bandera celeste y blanca en las costas del Paraná en 1812, un carácter especial. Este año, sin dudas, lo tendrá. Ese día se inaugurará un conjunto de obras que marcarán un hito en la relación de la ciudad con el río: Costa Nueva, una rambla que irá desde la Estación Fluvial hasta el Parque España —también en proceso de renovación— y que se convertirá en un paseo público inclusivo, con canteros arbolados, bancos, iluminación led, cámaras de seguridad, equipamiento urbano y una novedosa zona cubierta y a la vez abierta, con múltiples usos posibles.
La zona, junto al Parque Nacional a la Bandera, ya era transitada y habitada masivamente por los rosarinos: pescadores, caminantes, familias que disfrutan de una tarde junto al Paraná. Lo que hace el proyecto —al mejorar la accesibilidad, reemplazar piedras y vías por hormigón, reforzar toda la plataforma, hermosear y parquizar el área— es jerarquizar ese vínculo y potenciarlo también como atractivo turístico.
La también conocida como Rambla del Tricentenario se ubica entre los reciclados galpones del viejo puerto rosarino y el río, como un gran balcón público con un piso de hormigón continuo, pensado no solo para el tránsito peatonal o de bicicletas, sino también para que puedan llegar y atravesarlo personas en sillas de ruedas.
El nuevo paisaje se completa con un área de 74 metros por 30, que fue durante décadas zona de maniobras del puerto y que desde hace años se había convertido en un espacio de estacionamiento entre los galpones 13 y 15. Allí se despliega ahora un piso de cemento alisado y una cubierta espejada en su cara interior, con iluminación led en el exterior, que promete convertirse en un atractivo turístico único: la nueva foto icónica de la ciudad.
El Aura del Tricentenario, tal su nombre provisorio, realmente impresiona. Rosario3 recorrió las obras de la nueva rambla junto al intendente Pablo Javkin y otros funcionarios municipales, un mediodía de extremo calor, y no daban ganas de irse de ese espacio. El techo, que tiene una inclinación pronunciada y se eleva hacia el sector más cercano al río, no solo protege del sol abrasador, sino que genera un verdadero y aliviante microclima. El espejo interior refleja el Paraná e incluso la isla, produciendo un espectáculo visual singular.
Además, con solo avanzar unos metros hacia la avenida Belgrano, se puede ver la cara exterior de la cubierta, que con la iluminación led de distintos colores también promete convertirse en una atracción en sí misma: en pruebas realizadas durante las últimas noches se proyectaron banderas argentinas, la palabra Rosario y distintos motivos gráficos.
“En la Argentina no la tiene nadie”, dice Javkin mientras recorre la obra y marca el carácter excepcional de la intervención. El intendente imagina que todo el conjunto —que a futuro sumará la reforma en marcha en el Parque España hacia el norte y la posibilidad de avanzar hacia el sur hasta la ex zona franca de Bolivia— será no solo el principal legado del plan de obras del Tricentenario, sino también un verdadero imán para atraer turistas a la ciudad.
Como ejemplo, le comenta a uno de sus colaboradores que cuando en agosto se realice el tradicional congreso de Aapresid, que este año vuelve a Rosario, habrá que organizar alguna actividad para llevar a los participantes al Aura del Tricentenario. La idea del intendente es simple: quien conozca el lugar, difícilmente no vuelva con su familia o lo recomiende.
Costa Nueva y Distrito de la Innovación
Las obras que se inaugurarán el 27 de febrero fueron anunciadas exactamente un año antes por Javkin y el gobernador Maximiliano Pullaro, en el marco del programa Rosario 300. En aquel acto, realizado en la Fluvial, se presentaron dos ejes de trabajo: el Histórico, que atraviesa el sector céntrico desde el ya renovado Centro Cultural Fontanarrosa, y el de la Innovación, con foco en la Costa Central, donde se remodelaron los galpones 11, 13, 15 y 17.
Para la Municipalidad, Costa Nueva completa un corredor urbano que conecta ambos ejes e integra otros hitos transformados o en proceso de transformación: la plaza 25 de Mayo, la Catedral, el Palacio de los Leones, el Pasaje Juramento, el Monumento a la Bandera y, claro, la Rambla del Tricentenario, con lo que ahora pasará a llamarse Distrito de la Innovación, un entramado de espacios culturales, tecnológicos y juveniles.
El área de los galpones se reconfiguró bajo esa lógica: Puerto Joven, el CEC que incorporará un Centro de Diseño, el Galpón 11 dedicado a la música y las industrias culturales, el Galpón 13 con la Tecnoteca y la Escuela de Artes Urbanas, el Galpón 15 con el Mercado de Frutos Culturales, y el Galpón 17 con la Experiencia Inmersiva, que permite realizar un recorrido histórico por la ciudad a través de un simulador.
La rambla funciona como la columna vertebral de ese distrito: un espacio que no solo conecta edificios, sino también programas, públicos y usos diversos.
Arquitectura, arte y escena
En este marco, el Aura del Tricentenario —construido con estructura metálica, termopaneles y cielorraso de acero inoxidable— aparece como la pieza más icónica del proyecto Costa Nueva.
La intención es que el Aura no sea solo un lugar de paso. “Hay que pensarlo como espacio cultural, no tenemos un lugar como este”, remarca el intendente. Un espacio para tomar mate de día y de noche, pero también para espectáculos, actividades culturales, prácticas de yoga, propuestas para niños o acciones artísticas.
De hecho, el piso será intervenido por artistas plásticos, probablemente con obras alusivas a las distintas actividades que puedan desarrollarse en cada sector. Muy cerca de allí, Román Vitali montará una obra llamada Arbórea, pensada para evocar la isla y el humedal. A eso se sumará una intervención de Mariana Tellería, consolidando una apuesta donde infraestructura, arte y espacio público aparecen entrelazados.
Inversión, financiamiento y escala
La magnitud del proyecto también se mide en números. Según precisaron fuentes municipales, la inversión total prevista alcanza los 4.000 millones de pesos en toda la zona de la rambla, a los que se suman 2.000 millones de pesos específicos para el Aura del Tricentenario. Se trata de una de las inversiones más importantes de los últimos años en la costa central.
El financiamiento proviene de fondos provinciales, en el marco del Acuerdo por Rosario, mientras que la Municipalidad es la encargada de ejecutar las obras. En paralelo, algunas intervenciones artísticas y complementarias se realizan con aportes privados, en un esquema mixto que el municipio viene ensayando en distintos proyectos urbanos.
Más allá del monto, el oficialismo insiste en la idea de legado. La rambla, el Aura y el Distrito de la Innovación no se presentan como obras efímeras del Tricentenario, sino como infraestructura permanente, pensada para ordenar usos, atraer públicos diversos y jerarquizar la relación de Rosario con su frente costero.
El río como espacio cotidiano
En un contexto donde la ciudad discute autonomía, región metropolitana y nuevas formas de gobernar el territorio, la Rambla del Tricentenario aparece también como un gesto urbano y político. Volver a poner al río en el centro, no como paisaje lejano, sino como espacio cotidiano: un lugar para caminar, quedarse, encontrarse y producir cultura.
Una nueva postal para Rosario, sí, la foto de Instagram. Pero también un espacio pensado para habitar la ciudad, de día y de noche, con el río como escenario permanente.



