El sueño se terminó: Alemania es el nuevo campeón del mundo. Pero Argentina es un dignísimo subcampeón. El elenco germano se impuso por 1 a 0 en el tiempo suplementario y obtuvo así su cuarto título mundial. La selección de Sabella hizo un papel fenomenal, llevó a los europeos a tiempo extra y contó con chances de ganar el juego. El juez italiano Rizzoli no cobró un claro penal para Argentina en los segundos 45 minutos.
El trámite del cotejo fue el que se esperaba: Alemania con las líneas adelantadas, moviendo el balón a lo ancho de la cancha hasta tratar de meter la estocada al fondo de la defensa nacional; Argentina con los sentidos alerta, esperando para meter el zarpazo de contra con la velocidad de Messi y Lavezzi y apoyado en el orden y la solidez de Mascherano y Biglia.
El conjunto albiceleste pudo golpear en el primer tiempo reglamentario, etapa en la que contó con la jugada más clara del partido: Schweinsteigger quiso jugar para su arquero y habilitó a Higuaín, que se apuró a rematar ante Neuer y agarró el balón mordido, enviándolo a un costado del palo derecho. Un rato después, al propio 9 argentino le anularon de manera correcta su grito.
Pero en ese primer tiempo también pudo haber sufrido el gol alemán, si el palo no hubiera devuelto el cabezazo de Howedes cuando estaba por sonar el silbato del juez. En el segundo tiempo reglamentario, el árbitro italiano ignoró una fuerte falta del arquero teutón ante el Pipa dentro del área, que hubiera significado penal y expulsión del 1. Todo fue músculo y busca de una réplica por el lado nacional; circulación de balón con las subidas de Lahm y las conexiones entre Ozil y Muller, pero todas estériles.
El alargue llegó con los alemanes algo más adelantados y Argentina aguantando, armado y apostando a una corrida de Agüero o Palacio. El suplementario arrancó con una chance clara para Schurrle que contuvo Romero; y en esos primeros quince minutos Palacio tuvo una ocasión clara tras centro de Rojo, que acabó afuera por poco.
El gol de la definición llegó a ocho minutos del epílogo: un centro desde la izquierda tomó mal parada a la zaga nacional y el ingresado Goetze la bajó con el pecho detrás de Demichelis y sometió a Romero en el área menor. Argentina quiso reaccionar, pero le faltaron fuerza y fútbol para poder forzar los penales. El pitazo final decretó el título alemán.
Pese al sinsabor por la derrota, es irreprochable el trabajo del seleccionado de Sabella. Que ganó su grupo invicto, con un juego que fue de menor a mayor; que sacó con sufrimiento pero merecidamente a Suiza, Bélgica y Holanda en cada instancia previa y que acabó sucumbiendo ante la potencia de Alemania, que es a todas luces un justo campeón. Pero que le devolvió a nuestro país el orgullo futbolero que venía tocado en los últimos mundiales.



