“Las comparaciones son odiosas”, dijo alguna vez alguien al que no le convenía la comparación. Pero en Newell’s, y aunque nadie se anime a hacerlo público, se respira un aire mucho más distendido desde la llegada del nuevo cuerpo técnico. Lo reconocen los jugadores más jóvenes que, sin hacer mención al ex DT Pablo Marini, manifiestan que Caruso Lombardi los trata a todos por igual y les hace sentir que todos tienen posibilidades de jugar. Esto no pretende significar que el anterior entrenador había creado un clima dictatorial en la intimidad del vestuario rojinegro, pero siempre se supo que Pomelo mantenía una relación de privilegio hacia los referentes del plantel, aquellos que favorecieron su llegada al banco de la Lepra.

Es obvio que la extravagante personalidad de Caruso ayuda a la percepción de este nuevo ambiente en Newell’s y que es muy difícil para los futbolistas de menor experiencia no dejarse seducir por la verborragia del nuevo conductor. Pero el hecho de que en la primera formación de Lombardi al frente del equipo no haya aparecido Ariel Zapata y que Claudio Husain no tenga asegurado su regreso superado el inconveniente físico, respalda aquello que Caruso afirmó en el primer contacto con el plantel: “Yo no me caso con nadie”, dijo el DT.

Lo cierto es que el ex técnico de Tigre y Argentinos, entre otros equipos, ya produjo una verdadera conmoción en el ambiente futbolístico de nuestra ciudad, con su particular manera de declarar y exponerse ante la opinión pública. Toda una apuesta de Caruso, que más allá del acuciante presente de la Lepra en la tabla de los promedios, no traicionó su forma de ser. El nuevo técnico ya logró su primer cometido, el de cambiar gestos adustos por sonrisas. Claro que la receta de Caruso no podrá prescindir de un condimento fundamental: los resultados positivos.