Un recluso que se encuentra alojado en el pabellón 12 de la cárcel de Piñero fue imputado por segunda vez en pocos meses por instigar delitos mediante celulares o relojes inteligentes. Se trata de Luciano “Pichón” Rodríguez (24), a quien se le atribuyó la jefatura de una presunta estructura que se dedica al microtráfico de droga en el barrio Tablada y Villa Manuelita, en la zona sur de Rosario.

En una audiencia que se celebró este lunes por la tarde en el Centro de Justicia Penal ante la jueza Trinidad Chiabrera, la fiscal Paula Barros sentó en el banquillo de los acusados a Rodríguez, su madre Silvina Blanca Contrera y Agustín Ezequiel “Peque” Fernández por conformar una presunta banda dedicada al narcomenudeo, en la que tomaron participación también al menos tres adolescentes, cuya situación es analizada por la unidad fiscal especializada de menores.

De acuerdo al legajo, la estructura podría ser una célula o desprendimiento de una organización más grande. Habría comenzado a funcionar desde mediados de noviembre del año pasado hasta principios de este mes, cuando cayeron Silvina Blanca Contrera –que estaba con domiciliaria– y dos menores, T. N. C. (16) –hijo de Silvina– y J. G. B. (15), alias “Menor”, que no es punible.

Contrera, puntualmente, tuvo un rol esencial en el funcionamiento de la supuesta célula narco. Era quien lideraba el negocio bajo las órdenes de su hijo, a quien visitaba y le hacía ingresar celulares y relojes inteligentes, desde los que entablaba las comunicaciones. En tanto, “Peque” Fernández era el encargado junto con los adolescentes aprehendidos de la comercialización de la droga y de hechos violentos.

La misma fiscal ya había imputado en junio a “Pichón”, cuando le atribuyó haber ordenado a través de un reloj inteligente una balacera que fue cometida el 6 de enero pasado en Biedma y Esmeralda, donde Alexis R. (36) recibió cuatro disparos. La moto que usaron los agresores había sido aportada por el menor T. N. C., medio hermano del recluso.

La víctima de la balacera logró sobrevivir luego de una rápida asistencia médica y una cirugía. El que ejecutó el ataque, considerado tentativa de homicidio, fue Dylan “Chino” Carrizo (19), quien fue detenido y acusado como presunto autor material. En tanto, J. G. B., alias “Menor”, es quien se cree que manejaba el vehículo, aunque no es punible.

Uno de los elementos más comprometedores para los investigadores surgió de las comunicaciones posteriores al atentado. A las 21.57, apenas minutos después de los disparos, Carrizo se contactó con “Pichón” Rodríguez para informarle el resultado del ataque. “Le dieron 5. Cayó como una palomita”, fue el mensaje atribuido por la Fiscalía al tiratiros.

Como Rodríguez sospechaba que la imputación por ese ataque a tiros se debía a un “soplón”, comenzó a extorsionar en junio a la familia de un vecino, a quien balearon su casa de Spiro al 300 bis, donde dejaron una nota mafiosa. Lo que quería el preso, según la fiscal, era una compensación económica, que inicialmente fue de 7 mil dólares, pero después mutó a 3 millones de pesos, que no llegaron a pagarse.

El legajo de la balacera también derivó, en enero, en imputaciones contra Lucas Díaz y Agustín Fernández por encubrimiento agravado. Para la fiscal, ambos colaboraron con los autores materiales después de la balacera y participaron del ocultamiento de la moto, el arma utilizada y otros elementos relacionados con el ataque.

Los tres fueron localizados en pasaje Spiro al 300 bis durante un operativo cerrojo montado por la Policía de Acción Táctica luego de llamados al 911 que aportaron datos sobre los movimientos de los sospechosos.

El recluso Luciano Rodríguez se encuentra detenido desde 2020 por el crimen de Franco “Gordo Milhouse” Navarro, asesinado en enero de ese año en el Fonavi de Maestros Santafesinos e Isola, en un caso vinculado a disputas entre bandas delictivas del sur rosarino.