Jonatan Vallejos, un rosarino de 31 años, fue llevado a juicio por el homicidio en ocasión de robo del taxista Eduardo Daniel Piris (41), cometido en 2016. Pasó más de una década desde aquel episodio, que derivó en un paro de taxis y fuertes reclamos de seguridad de los gremios del rubro.
La causa estuvo atravesada por distintos avatares que demoraron su resolución. Vallejos, el sospechoso, estuvo prófugo hasta septiembre de 2023, cuando cayó detenido en Buenos Aires por un arrebato. El fiscal Ademar Bianchini, a cargo del caso del taxista, falleció dos meses después. Este jueves, finalmente, comenzó el debate oral, con otro escollo: el principal testigo de los hechos es un joven hipoacúsico que aseguró haber presenciado toda la secuencia homicida, pero la defensa de Vallejos advirtió que sus entrevistas no fueron realizadas por intérpretes de lengua de señas calificados, entre otras críticas a la investigación.
El debate está a cargo de los jueces Rafael Coria, Valeria Pedrana y Silvana Lamas González. Por la Fiscalía intervienen Rodrigo Urruticoechea y Marina Vigo, quienes, vale aclarar, no instruyeron la causa. El penalista Martín Frassi es el defensor de Jonatan Vallejos.
El pedido de pena de la acusación es de 32 años por homicidio en ocasión de robo, agravado por el uso de arma de fuego y por la participación de un menor de edad en carácter de coautor.
Crimen en ocasión de robo
Hay que retroceder a la noche del 26 de enero de 2016. Por caprichos del destino, el taxista Eduardo Piris decidió hacer horario nocturno, pues el otro chofer se encontraba enfermo. En el Chevrolet Corsa RA 0192 levantó a dos pasajeros en Lavalle al 2200 para un viaje corto.
En Gutenberg e Ituzaingó, la dupla bajó y enseguida mostró sus intenciones. El más grande, portando una escopeta o una tumbera, encaró la ventanilla del conductor. El otro, adolescente, fue a la ventanilla del acompañante con un revólver.
La situación tuvo el peor desenlace posible: Piris se habría resistido y recibió un disparo de cartucho de escopeta en la cabeza que lo mató en el acto. Los autores escaparon hacia la villa lindera a las vías del Ferrocarril Belgrano.
Esa noche fue detenido por personal policial de calle Cristian F., de 16 años. Según el acta, una vecina advirtió a los uniformados que el adolescente se había escondido en su casa, pese a no conocerlo. En sus bolsillos tenía dos cartuchos calibre 12 y 16. Sus datos arrojaron que, además, era buscado por una causa de tentativa de homicidio del año anterior.
Al año siguiente, Cristian F. fue declarado responsable del homicidio y la tentativa de robo, y fue penado con 6 años y 6 meses de prisión.
El testigo y el prófugo
La Fiscalía contaba con un testigo visual desde el primer momento. Un joven hipoacúsico que, pese al temor, buscó hacerse entender con la ayuda de su madre, una oficial de policía y otra mujer.
Si bien nunca pudo ponerle nombre, el joven marcó la vivienda del supuesto autor del crimen en Google Maps y dio cuenta de que el tirador utilizó una escopeta y que el adolescente portaba un revólver en la cintura. Al día siguiente del crimen, contó, fue amenazado por el homicida.
Identificar al sospechoso Vallejos no fue nada fácil. Su nombre y su supuesto apodo –Cacha– surgieron de un informe policial con declarantes reservados de la Villa Pororó, quienes afirmaron que Vallejos era quien acompañaba al adolescente y portaba una escopeta con la que dio muerte al tachero.
Pero a Vallejos se lo había tragado la tierra. Pese a que, en teoría, vivía en Felipe Moré al 2000, los detectives no dieron con él. En la causa consta que lo buscaron hasta 2022, siempre en forma infructuosa.
No fue hasta el 9 de septiembre de 2023 que Vallejos terminó reducido por una turba que intentó lincharlo dentro de un colectivo en el barrio porteño de Palermo, por el intento de arrebato de un celular.
Ese mes, finalmente, le saltó el pedido de captura por el hecho en Rosario y poco después fue imputado por el crimen de Piris.
Pero entre las tantas vicisitudes del caso hay otro dato que llama la atención. Vallejos había sido condenado a cinco años por un hecho de abuso de arma en julio de 2018 (posterior al crimen del tachero) y, pese a haber estado detenido en Buenos Aires, en la Fiscalía de Rosario jamás se anoticiaron de su paradero.
Durante la investigación, el testigo hipoacúsico habría reconocido a Vallejos en una rueda de reconocimiento fotográfico, pero fue en un segundo intento. Antes había señalado a otra persona que no tenía nada que ver.
Esto fue advertido por la defensa. El penalista Frassi aseguró que la investigación que llevó al señalamiento de Vallejos no surgió del testigo, sino "acta por acta, a través de intermediarios e informantes de calle". Y mencionó que esas actas "registraron lo que entendían los intérpretes".
El abogado cuestionó el hecho de que no hayan intervenido intérpretes certificados de lengua de señas para entender al testigo.
La última palabra, al menos en esta instancia, la tendrá el tribunal.



