Con la primera Ronda de Negocios Rigi que se realizaba este jueves en La Fluvial, Maximiliano Pullaro le habilitó al gobierno de Javier Milei una escena de gobernabilidad y respaldo a su modelo económico en un momento particularmente oportuno para la Casa Rosada, que batalla frente a indicadores económicos adversos y una situación política que lo tiene a la defensiva. Miles de empresarios, grandes proyectos de inversión, nueve gobernadores de distintos espacios políticos y tres funcionarios clave del gabinete nacional se reunieron en Rosario en una especie de celebración de la principal herramienta con la que el presidente busca atraer capitales y construir la expectativa de un futuro de crecimiento.
Si bien el Ministerio de Economía de la Nación fue parte de la organización y la presencia de Luis Caputo le dio peso estratégico a la convocatoria, el grueso de la misma estuvo a cargo de Santa Fe. El mandatario provincial no solo ofreció el escenario: en su discurso de apertura del encuentro, respaldó el equilibrio macroeconómico, lo contrapuso al populismo y dejó en claro de qué lado de la grieta está. Pero también introdujo matices y reivindicó una identidad productivista propia.
La sintonía entre Nación y las provincias presentes tiene un sentido político inmediato. Milei necesita gobernabilidad y respaldo de los mandatarios provinciales para sostener su programa y eludir obstáculos de cara a las elecciones del año próximo. Los gobernadores, Pullaro incluido, aspiran a que La Libertad Avanza juegue a favor o al menos no complique sus reelecciones en los territorios. La presencia de Diego Santilli y Karina Milei, dos actores centrales en la negociación política con los mandatarios, fue una señal en ese sentido.
La ronda de negocios permitió mostrar algo más que la promesa de grandes inversiones: una convocatoria empresaria multitudinaria y a gobernadores respaldando el rumbo. Fue una fotografía que el gobierno nacional necesitaba y sus funcionarios agradecieron de manera explícita.
Los negocios detrás de la escena política
La Fluvial desbordó de empresarios que llegaron de distintos puntos del país para participar de reuniones comerciales, conocer los requerimientos de grandes proyectos mineros y energéticos y ofrecer productos y servicios.
Se organizaron 86 mesas de negocios con 43 grandes compañías vinculadas a la minería, la industria y la infraestructura. Se programaron más de 2.100 reuniones entre esas empresas y potenciales proveedores y otras 340 entre los propios proveedores. Había además espacios de financiamiento, asistencia técnica, capacitaciones y presentaciones sobre las posibilidades de incorporación de empresas argentinas a las cadenas de abastecimiento.
Entre las grandes compañías que participaron de las actividades estuvieron Río Tinto, Glencore, Barrick, Newmont y Eramet. También hubo presentaciones del proyecto Vicuña, una de las grandes apuestas cupríferas de San Juan, y representantes de las principales cámaras industriales y mineras del país.
Las reuniones no son todavía contratos ni garantizan inversiones efectivas. Pero permiten que las empresas conozcan qué necesitan comprar los grandes proyectos, cuáles son los requisitos para convertirse en proveedoras y qué posibilidades tienen de competir por esos negocios.
Para Santa Fe se trata de una oportunidad particularmente importante. Pullaro aseguró que ya hay 700 empresas santafesinas vinculadas a Vaca Muerta y planteó que las capacidades desarrolladas durante décadas alrededor de la agroindustria pueden ponerse al servicio de los nuevos motores exportadores de la Argentina.
La provincia pretende aprovechar su industria metalmecánica, sus empresas tecnológicas, la producción de maquinaria y equipamiento y el entramado de servicios industriales para incorporarse a las cadenas de valor de la minería y la energía.
Pero también busca algo más: que los minerales extraídos de la cordillera puedan exportarse a través de los puertos santafesinos. Por eso, el Paraná, con su movimiento permanente de buques de carga, fue el paisaje que Santa Fe quiso mostrarles a los grandes inversores.
La iniciativa tiene un antecedente inmediato en el Santa Fe Business Forum, cuya tercera edición, realizada este año, terminó con más de 7.000 vinculaciones comerciales y de inversión y compradores de 50 países. “Ese know how es lo que permitió armar esto. Nación nunca hubiera podido por sí misma”, dijo una fuente cercana a Pullaro a Rosario3.
En ambos casos aparece una misma concepción: el Estado como puente entre empresas, grandes inversores y nuevos mercados. Una estrategia central del modelo productivo de Pullaro que no pasa por combatir los fundamentos económicos de Milei, aunque pueda no compartirlos íntegramente, sino por aprovechar las ventanas de oportunidad que ofrecen para los sectores productivos santafesinos.
El derrame a construir
Pullaro abrió los discursos con una reivindicación del equilibrio macroeconómico como condición necesaria para el desarrollo, pero también con una definición política que lo acercó de manera explícita al diagnóstico libertario sobre el pasado argentino.
"Tuvimos ya una oportunidad cuando los precios de los commodities del campo estaban por las nubes y tuvimos superávit gemelo, pero lamentablemente el populismo y la corrupción hicieron polvo ese superávit gemelo", sostuvo.
Pero su discurso también puso el foco en qué hacer con los dólares que prometen generar la minería y la energía. Según las proyecciones que citó, y luego repitió Luis Caputo, ambos sectores podrían aportar hacia 2030 un volumen de exportaciones comparable a los 51.000 millones de dólares que, afirmó, generó el campo el año pasado.
"Necesitamos que los dólares que van a traer estos dos nuevos motores puedan venir al desarrollo y a la infraestructura de toda nuestra región. Necesitamos rutas, necesitamos desarrollo energético, necesitamos conectividad, necesitamos mejores puertos y necesitamos mejores aeropuertos para bajar los costos logísticos", reclamó, un claro matiz de diferenciación con la Casa Rosada.
El planteo fue compartido por el resto de los mandatarios, que alimentaron un concepto frente a la marcha actual de la economía: el derrame hay que construirlo. Los gobernadores reconocen que hay sectores de la economía en crisis y que los beneficios del orden macroeconómico todavía no alcanzan a buena parte de la producción y del empleo. Pero coinciden en que la respuesta no puede ser volver al pasado.
Caputo y sus promesas
El ministro de Economía, que habló después de Pullaro, tomó el respaldo del gobernador y lo incorporó a una defensa integral del programa de Milei.
Agradeció a los mandatarios provinciales por acompañar medidas que, según dijo, benefician a todo el país independientemente de los colores políticos. Retomó la crítica de Pullaro al populismo y aseguró que la Argentina no puede desviarse "ni un centímetro" del rumbo económico.
Caputo resaltó que Javier Milei es el protagonista central de la transformación. Lo presentó como un "faro en el mundo", tanto por su política económica como por su batalla cultural, y sostuvo que su liderazgo es uno de los factores que explican el renovado interés de los inversores internacionales por la Argentina.
El ministro enumeró cinco condiciones que, según su interpretación, hacen posible la llegada de inversiones: el liderazgo presidencial, la estabilidad económica, el RIGI, la previsibilidad institucional y un contexto geopolítico que favorece la diversificación de proveedores de alimentos, minerales y energía.
También presentó cifras ambiciosas. Aseguró que se habían presentado 48 proyectos RIGI por casi 210.000 millones de dólares y que 30 estaban aprobados, por unos 80.000 millones. Proyectó la creación de cerca de 250.000 empleos y exportaciones mineras y energéticas que podrían alcanzar entre 50.000 y 55.000 millones de dólares anuales hacia 2030.
Según los datos que expuso, casi 1.800 proveedores locales ya fueron contratados para proyectos vinculados al régimen, procedentes de 20 jurisdicciones, y el 82% de las compras corresponde a empresas argentinas.
Esos números fueron presentados como demostración de que el modelo comienza a funcionar. Sin embargo, una parte muy importante de las inversiones, exportaciones y empleos corresponde a proyectos y previsiones de los próximos años, no a resultados que ya puedan verificarse en el presente.
El discurso de Caputo se ancla en una realidad. El gobierno nacional ya no está en condiciones de sostener su relato de un buen presente o sobre los mejores 18 meses de la historia argentina que según él se iniciaban en abril: lo desmienten los indicadores económicos, particularmente los vinculados a la producción y el empleo.
El énfasis del ministro, entonces, está en los beneficios que llegarían a largo plazo, un intento por regenerar en la población expectativas de mejora. Caputo proyectó inversiones durante varios años, nuevas exportaciones, una reducción sostenida de impuestos y una transformación de la estructura productiva que, aseguró, terminará por resolver problemas históricos como la escasez de dólares.
Caputo también recogió el reclamo de infraestructura de Pullaro, aunque desde su propia perspectiva. Habló de concesiones viales, trenes de cargas, hidrovía y reducción de costos logísticos que están en marcha, mientras cuestionó la obra pública tradicional y la asoció con prácticas de corrupción.
La coincidencia en los objetivos no elimina las diferencias en las herramientas. Para Pullaro, el desarrollo requiere una participación estatal activa y obras de infraestructura. Para Caputo, la competitividad llegará fundamentalmente a través de reformas, inversiones privadas, concesiones y una reducción del costo argentino.
Los gobernadores que son sostén
La dimensión política del encuentro se hizo todavía más explícita cuando habló Santilli. El jefe de Gabinete recogió la crítica al populismo y la llevó a un tono mucho más duro. Al recordar los tiempos de los superavits gemelos de Néstor Kirchner, afirmó: "Se lo comieron, se lo fumaron o se lo chorearon".
Para exponer entonces la estrategia de campaña del mileísmo o al menos una parte de la misma: plantear que el clivaje de los comicios de 2027 no es la continuidad de Milei o el cambio, sino si se sostiene el rumbo o se vuelve al pasado kirchnerista.
Pero lo más significativo fue el agradecimiento de Santilli a los gobernadores que acompañaron al gobierno nacional en sus momentos más difíciles y que, según dijo, continúan haciéndolo todos los días.
En ese sentido, remarcó que varios gobernadores, entre ellos Pullaro, contribuyeron a que la oposición fracasara en su intento de abrir una sesión en Diputados para derogar el DNU 70/23, una de las principales herramientas de desregulación económica del gobierno nacional.
Santilli negocia en estos días varios temas con los mandatarios, entre ellos la aprobación del presupuesto 2027 y la suspensión de las Paso nacionales de 2027. El santafesino ya garantizó su respaldo a evitar las internas abiertas y lo mismo hizo este jueves en La Fluvial el correntino Juan Pablo Valdés.
Win win
La secretaria general de la Presidencia cerró las intervenciones del acto con un discurso breve, leído con cierta dificultad, y concentrado en las oportunidades económicas que representa el RIGI.
Agradeció también ella a los gobernadores y definió el sentido económico de la jornada: win-win.
"Acá tienen que ganar todos", planteó Karina. Explicó que las grandes mineras deben encontrar proveedores, mejores insumos y precios competitivos, mientras que las pymes argentinas tienen la oportunidad de integrarse a las cadenas de producción, generar negocios, crecer y crear empleos.
La secretaria general habló de empresas. Pero su definición también sirve para interpretar la escena política que se construyó este jueves.
Nación consiguió mostrar grandes inversores, centenares de pymes y mandatarios provinciales acompañando su principal herramienta de promoción económica. Santa Fe exhibió capacidad de convocatoria, protagonismo productivo y una vinculación con Nación que le permite gestionar acuerdos sin resignar completamente su autonomía política ni necesidad de que Pullaro vaya a sacarse fotos a la Casa Rosada. La sintonía entre las distintas jurisdicciones marca el camino rumbo a los comicios del año que viene: que cada cual vaya por su reelección.
Sin embargo, para los gobernadores en general y para Pullaro en particular 2027 no es el único horizonte: también ponen la vista en 2031.
El gobernador pretende construir una proyección nacional sobre la base de una gestión que considera exitosa, especialmente en seguridad y desarrollo productivo. Sentar las bases del posmileísmo, con una convicción que comparte con otros mandatarios: el actual es un gobierno de transición, cuya misión es estabilizar las variables macroeconómicas, y después vendrá el tiempo del desarrollo productivo.
El santafesino dejó una definición que puede leerse precisamente en esa clave. "Nuestro país se tiene que parecer mucho, pero mucho más a la provincia de Santa Fe, se tiene que parecer mucho más a la Región Centro, se tiene que parecer mucho más a este interior productivo de gente que trabaja, de gente que se levanta temprano, que termina tarde y que no tiene miedo a reinvertir cada peso que gana", afirmó.
La apuesta económica que planteó Caputo es de largo plazo. La apuesta política de Pullaro y el resto de los gobernadores también lo es.



