El presidente Javier Milei ya se encuentra en Lima para la asunción de Keiko Fujimori, quien, después de 20 años, abre una segunda era del fujimorismo en Perú. Varios otros jefes de Estado ya aterrizaron en la capital peruana, pero la llegada de Milei, en medio de la tensión diplomática con Brasil y la reciente visita de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Georgieva, son leídas por algunos como señales de su afán de liderar un bloque regional de derecha.
Según informó Noticias Argentinas, Milei adelantó su vuelo a Lima, previsto en principio para este martes y viajó, finalmente, este lunes por la noche. A las 13 de Argentina de este martes mantendrá una reunión bilateral con Keiko, cuya asunción está programada para las 14.45 (Argentina).
Luego de este acto, a las 18 (Argentina) Milei recibirá el Doctor Honoris Causa en la Universidad San Martín de Porres donde se espera que brinde un discurso con referencias, posiblemente, a la tensión con Lula Da Silva –quien no viajó a la asunción de Keiko– y, seguramente, al nuevo giro ideológico de América Latina.
Y es que la victoria de Fujimori parece consolidar una corriente de derechas –en plural, pues sus distintas intensidades y características según el país– en Latinoamérica, reflejada en los otros jefes de Estado que también asistirán a su investidura, como Rodrigo Paz (Bolivia); José Antonio Kast (Chile) Daniel Noboa (Ecuador); José Raúl Mulino (Panamá).
También estarán el rey de España, Felipe VI, y el presidente de Uruguay Yamandú Orsi, así como algunos líderes y expresidentes con los que Fujimori guarda buena relación como el presidente del Partido Popular (PP) de España, Alberto Núñez Feijóo; y los expresidentes Jamil Mahuad (Ecuador), Eduardo Frei (Chile), Jeanine Áñez (Bolivia) y Mireya Moscoso (Panamá), entre otros.
Keiko y la segunda era del fujimorismo
La asunción de Keiko este martes marca el regreso del fujimorismo al gobierno de Perú, casi 26 años después de que su padre, el expresidente Alberto Fujimori, dimitiese por fax desde Japón en medio de un gran escándalo de corrupción que involucraba también a su mano derecha, Vladimiro Montesinos. Y la convertirá, además, en la primera mujer presidenta de Perú, luego de una década de gran inestabilidad política que llevó al vecino país a tener ocho jefes del Estado en diez años, por una serie de destituciones presidenciales promovidas desde el Parlamento.
En ese cuarto de siglo –reconstruyó EFE–, Keiko tomó las riendas del fujimorismo con el propósito de liberar a su padre, que fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad y corrupción, y de recuperar el poder para reivindicarlo e intentar limpiar su nombre.
Le costó tres duras derrotas y cerca de año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020 por presunto lavado de dinero en sus campañas electorales. Finalmente, ganó las elecciones de este año por menos de 50 mil votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez. Y lo hizo con una reivindicación total del legado de Alberto Fujimori, especialmente para abordar la inseguridad ciudadana ante el incremento de la actividad del crimen organizado en forma de extorsiones a la población, negocios populares y servicios públicos.
Prometió combatir a las bandas criminales de la misma manera que el expresidente derrotó a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), una estrategia que logró su propósito, pero llevó a Fujimori a ser condenado por violaciones a derechos humanos.
Ello hace que el antifujimorismo, y especialmente las víctimas de la violencia estatal, desconfíe de sus llamados a la reconciliación y se mantenga vigilante a sus primeras decisiones.



