Durante gran parte de la evolución humana, el contacto cotidiano con microorganismos fue algo natural, estando siempre presentes en los alimentos, el ambiente y los vínculos con otras personas y animales. Sin embargo, los cambios del estilo de vida moderno redujeron de manera drástica esa exposición, con consecuencias directas sobre la salud.

La urbanización, el uso excesivo de antibióticos y productos antisépticos, el aumento de cesáreas, la menor duración de la lactancia y una dieta basada en ultraprocesados provocaron un empobrecimiento de la microbiota intestinal. Diversos especialistas advierten que esta pérdida de diversidad microbiana impacta en el sistema inmune y en el metabolismo.

En los últimos años, la evidencia científica comenzó a señalar el camino inverso, donde una alimentación rica en microorganismos vivos puede ser clave para mejorar la salud general. Estudios recientes asociaron el consumo habitual de microbios vivos con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y una mejor respuesta inmunológica y metabólica.

En ese contexto, los alimentos fermentados ganan protagonismo. Yogur, kefir, kimchi, kombucha y chucrut se destacan por su capacidad de aportar bacterias beneficiosas y favorecer una microbiota intestinal más diversa. Para los especialistas, volver a incorporarlos en la dieta cotidiana es una forma concreta de “reconectar” con los microbios que el estilo de vida moderno dejó de lado.

Entre todos ellos, el yogur aparece como una opción clave. Es accesible, culturalmente aceptado y tiene un alto perfil nutricional. Además de aportar calcio, proteínas y vitaminas, contiene bacterias vivas y, en algunos casos, cepas probióticas con efectos positivos sobre la salud digestiva, el sistema inmune y el control del colesterol.

Expertos también remarcan su seguridad. Al elaborarse con leche pasteurizada, el yogur no representa riesgos bacteriológicos y puede consumirse con tranquilidad incluso en la infancia. De hecho, es señalado como una alternativa adecuada para la vianda escolar por su estabilidad y valor nutricional.

El consumo regular de yogur y otros fermentados se asocia, además, con un aumento de bacterias productoras de butirato, una sustancia clave para la salud intestinal. Este compuesto ayuda a reducir la inflamación, fortalece la barrera intestinal y podría tener un rol protector frente a enfermedades como el cáncer de colon.

Más allá del aparato digestivo, los beneficios de los microbios vivos se extienden a la salud mental, el sistema inmune y la reducción de la inflamación general. Por eso, los especialistas recomiendan incorporarlos de manera frecuente y proponen un cambio de mirada, que es la de dejar de ver a los microbios como enemigos y reconocerlos como aliados esenciales para una salud más robusta desde los primeros años de vida.

Fuente: Agencia NA.