En Argentina, el 13 de octubre se celebra el Día del Psicólogo y la Psicóloga, una oportunidad para reflexionar sobre el cuidado de la salud mental y la importancia de la prevención. En ese contexto, especialistas advirtieron sobre el impacto del desgaste profesional y la dificultad para establecer límites entre el trabajo y la vida personal.
La hiperconectividad y la exigencia de mantenerse disponible de manera permanente pueden hacer que el cerebro permanezca en un estado de alerta constante, lo que dificulta los procesos de recuperación psíquica. En un escenario en el que el rendimiento y la eficiencia suelen ocupar un lugar central, promover entornos laborales de contención resulta fundamental para prevenir que el malestar se vuelva crónico.
“Promover la salud mental requiere vínculos que brinden contención, espacios seguros y momentos de reflexión para conectar con el presente. Estos elementos son pilares para construir un bienestar psíquico genuino y duradero en el ámbito profesional”, explicó Verónica Lapelle, directora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Hospital Italiano.
En ese sentido, abordar la salud mental en el trabajo implica considerar los espacios laborales como ámbitos estratégicos para la prevención, la detección temprana de señales de malestar y la promoción de hábitos sostenibles. Para ello, resulta clave derribar prejuicios y comprender que el sufrimiento psíquico no es una cuestión de falta de voluntad, sino una situación que puede requerir acompañamiento profesional.
Cuáles son las señales de alerta del agotamiento laboral
Según detalló Fátima Barragán, coordinadora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Hospital Italiano, existen distintas manifestaciones que pueden advertir sobre una respuesta al estrés que se prolonga en el tiempo. Entre ellas se encuentran las alteraciones del sueño, como el insomnio persistente y los despertares tempranos asociados a preocupaciones laborales, además de cefaleas tensionales y molestias gastrointestinales.
Otras señales están vinculadas con el distanciamiento afectivo, la apatía y la indiferencia en los vínculos personales y profesionales. También pueden aparecer una pérdida progresiva del sentido del propósito, dificultades para disfrutar de actividades recreativas, aplanamiento afectivo o episodios de llanto sin un desencadenante claro.
Las especialistas señalaron que es importante diferenciar el cansancio habitual del agotamiento persistente. Mientras que la fatiga cotidiana suele ceder con el descanso nocturno o durante el fin de semana, el agotamiento que se prolonga puede mantenerse incluso al comenzar la jornada laboral y afectar la capacidad de realizar las actividades habituales.
Cuándo es importante buscar ayuda profesional
Reconocer las señales de alerta permite intervenir a tiempo y evitar que el malestar avance. Para ello, es importante prestar atención a la persistencia de los síntomas y al impacto que tienen sobre la vida cotidiana, las relaciones personales, el desempeño laboral y la salud física.
“El organismo necesita señales claras que permitan procesar la finalización de las exigencias cotidianas y dar lugar a la recuperación psíquica. Sentirse desbordado no refleja una falta de voluntad; cuando el sufrimiento compromete la funcionalidad cotidiana, el desempeño o la salud física, es una señal clara para buscar acompañamiento profesional”, señalaron las especialistas.
En este marco, promover pausas, establecer límites a la disponibilidad laboral y generar espacios de escucha y contención son medidas que pueden contribuir al bienestar. La prevención de los problemas de salud mental requiere tanto recursos individuales como condiciones laborales que permitan descansar, desconectar y sostener una vida por fuera del trabajo.
Fuente: Agencia NA.



