Los antibióticos son medicamentos fundamentales para tratar infecciones bacterianas, pero su acción no distingue por completo entre los microorganismos que pueden resultar perjudiciales y aquellos que cumplen funciones beneficiosas en el organismo. Por eso, uno de sus efectos puede ser la alteración de la microbiota intestinal, que en algunas personas se manifiesta con síntomas como diarrea o molestias abdominales.

Ahora, un estudio realizado por investigadores de City of Hope, en Estados Unidos, y publicado en la revista científica Nature, puso el foco en la alimentación como un factor que podría influir en ese proceso. En particular, los científicos observaron que un mayor consumo de alimentos ricos en azúcar se asociaba con una pérdida más marcada de diversidad bacteriana durante tratamientos con antibióticos.

La investigación siguió durante cinco años a 173 pacientes con cáncer de sangre que atravesaron internaciones prolongadas para recibir quimioterapia intensiva y, en algunos casos, radioterapia, antes de someterse a un trasplante de células madre. Se trata de una población especialmente vulnerable a las alteraciones del microbioma intestinal y a las infecciones.

Todos los pacientes recibieron al menos un antibiótico durante la internación y alrededor del 80% recibió uno o más antibióticos de amplio espectro, capaces de actuar sobre una gran variedad de bacterias y, por lo tanto, de generar cambios importantes en la microbiota.

Para estudiar la relación entre alimentación y microbioma, los investigadores analizaron 9.419 comidas consumidas por los participantes y estudiaron muestras de materia fecal de 158 pacientes. Una de las particularidades del trabajo fue que la información sobre la alimentación se registró en tiempo real, es decir, los pacientes informaban qué cantidad de cada alimento y bebida consumían cada vez que recibían una bandeja.

En total, los investigadores reunieron información sobre más de 40.000 alimentos y analizaron más de 1.000 muestras de materia fecal. Según explicaron, este registro permitió detectar patrones que podrían ser difíciles de identificar en estudios basados únicamente en el recuerdo de los participantes.

El resultado que más llamó la atención fue la asociación entre el consumo de dulces y la pérdida de diversidad bacteriana. Los investigadores observaron que, por cada aumento de 100 gramos de dulces consumidos, se registraba una disminución del 24% en la diversidad bacteriana en el contexto estudiado, especialmente cuando coincidía con el uso de antibióticos de amplio espectro.

Entre las bacterias que aumentaron su presencia se encontró el enterococo, un microorganismo que puede formar parte de la microbiota intestinal pero que, cuando prolifera en exceso en personas vulnerables, puede estar relacionado con infecciones del torrente sanguíneo y otras complicaciones graves.

Los científicos también realizaron experimentos con ratones sanos para explorar esta asociación. Los animales que recibieron una dieta rica en sacarosa mientras eran tratados con antibióticos desarrollaron una proliferación excesiva de enterococos en el intestino. En cambio, los roedores que consumieron azúcar sin recibir antibióticos mantuvieron una diversidad bacteriana normal.

A partir de estos resultados, los autores plantean que la combinación entre antibióticos de amplio espectro y una alimentación con alto contenido de azúcar podría favorecer alteraciones importantes del microbioma. Sin embargo, remarcan que los resultados no significan que todas las personas que toman antibióticos deban eliminar el azúcar de su alimentación.

De hecho, los propios investigadores señalan que todavía es necesario realizar ensayos clínicos que permitan comprobar si reducir el consumo de azúcar durante un tratamiento antibiótico efectivamente protege la microbiota y mejora la evolución de los pacientes.

El hallazgo cobra especial relevancia en personas con cáncer que atraviesan tratamientos intensivos. Los investigadores también plantearon la necesidad de revisar el contenido de azúcar de algunos productos utilizados durante las internaciones, como determinados batidos nutricionales, smoothies y bebidas deportivas.

Por ahora, la conclusión es que la alimentación podría tener un papel más importante de lo que se pensaba en la conservación del microbioma durante determinados tratamientos. Reducir el consumo excesivo de azúcar puede formar parte de una alimentación saludable, pero no reemplaza las indicaciones médicas ni justifica modificar o suspender un tratamiento con antibióticos.

Fuente: SINC.