La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, estructuras fundamentales para proteger y permitir el correcto funcionamiento del sistema nervioso central. Según el microorganismo que la provoque, puede ser bacteriana, viral, fúngica o parasitaria.
La meningitis bacteriana es la forma más grave y puede estar causada por bacterias como el neumococo, el meningococo, Haemophilus influenzae tipo b y Streptococcus agalactiae. La meningitis viral, en cambio, es la más frecuente y, en general, presenta una evolución más favorable.
En el marco del Día Mundial de la Meningitis, que se conmemoró este lunes, especialistas remarcaron la importancia de reconocer las señales de alerta, mantener al día el Calendario Nacional de Vacunación y consultar rápidamente ante la aparición de síntomas compatibles con la enfermedad.
Actualmente, la vacunación es la principal herramienta para prevenir las formas bacterianas de meningitis. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las vacunas disponibles ofrecen protección frente a varios de los tipos más frecuentes de meningitis bacteriana.
En Argentina, sin embargo, las coberturas contra el meningococo se encuentran por debajo del objetivo esperado. De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Salud correspondientes a 2025, la primera dosis, indicada a los 3 meses, alcanza una cobertura del 89,9%. La segunda, a los 5 meses, llega al 85%, mientras que el refuerzo de los 15 meses alcanza al 76,9%.
En la adolescencia, la cobertura es todavía menor, ya que la dosis indicada a los 11 años llega al 57,2%. Si se consideran también las dosis aplicadas de manera tardía, la cobertura ampliada asciende al 75,4%. Esto muestra que una parte importante de los adolescentes completa la vacunación después de la edad prevista.
“El objetivo de las vacunas incorporadas al Calendario Nacional es alcanzar coberturas iguales o superiores al 95%. Completar los esquemas con los refuerzos es clave para obtener una protección adecuada”, explicó Enrique Casanueva (M.N. 55.133), infectólogo pediatra y jefe emérito del Servicio de Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral.
El especialista señaló además que el Calendario Nacional contempla vacunas contra Haemophilus influenzae tipo b, neumococo y algunos de los serogrupos de meningococo (A, C, Y y W). En tanto, los datos epidemiológicos muestran la relevancia del meningococo B en el país, que entre 2023 y 2025 representó el 86,5% de los casos de enfermedad meningocócica invasiva caracterizados en niños y adolescentes de hasta 15 años.
Existe también una vacuna contra el meningococo B, aunque actualmente no forma parte del Calendario Nacional y está contemplada para personas con mayor riesgo de contraer la enfermedad. “Es fundamental que los padres consulten con los pediatras qué vacunas debe recibir cada niño, dentro y fuera del calendario, para estar protegidos frente a la meningitis y otras enfermedades invasivas”, sostuvo Casanueva.
Cuáles son los síntomas de alerta
La meningitis por meningococo puede evolucionar rápidamente y, aun con tratamiento adecuado, algunos pacientes pueden fallecer durante las primeras 24 horas desde la aparición de los síntomas. Por eso, reconocer las señales de alerta y buscar atención médica sin demora resulta fundamental.
Entre los síntomas más habituales se encuentran:
-Fiebre.
-Rigidez de cuello o nuca.
-Dolor de cabeza.
-Sensibilidad o rechazo a la luz.
-Náuseas y vómitos.
En los menores de un año, las manifestaciones pueden ser diferentes y más difíciles de identificar. Pueden aparecer irritabilidad, dificultad para despertarse, falta de apetito o abultamiento de la fontanela.
“La meningitis es una urgencia médica, por lo que ante la presencia de síntomas compatibles hay que asistir de manera inmediata a una guardia”, explicó Florencia Nocita (M.N. 145.313), pediatra y gerente médica de vacunas de GSK.
La importancia de actuar rápido también se relaciona con las posibles consecuencias de la enfermedad. Se estima que uno de cada cinco sobrevivientes puede presentar secuelas permanentes, entre ellas pérdida de la audición, complicaciones neurológicas o cutáneas, pérdida de una o más extremidades, fallo renal y complicaciones psicosociales o psiquiátricas.
La prevención también tiene un capítulo importante en la adolescencia. Además de proteger a quien recibe la vacuna, la inmunización ayuda a reducir la presencia de la bacteria en la nariz y la garganta y, de esta manera, disminuye las posibilidades de transmisión. “Es un momento de especial vulnerabilidad porque los jóvenes suelen tener mayor circulación social y contacto cercano con otras personas, lo que facilita la transmisión del meningococo. Por eso es clave, no solo la vacunación en la primera infancia, sino también a los 11 años”, destacó Fernando Burgos (M.N. 8.1759), médico pediatra miembro del departamento científico de Fundación Vacunar.
Fuente: Agencia NA.



