El uso incorrecto de antibióticos continúa siendo uno de los principales desafíos para la salud pública a nivel mundial. La automedicación, su utilización ante síntomas inespecíficos o cuadros virales y la creencia de que cualquier antibiótico sirve para tratar distintas enfermedades son prácticas frecuentes que ponen en riesgo tanto la salud individual como la colectiva.
Según un informe, incluso dentro de los sistemas sanitarios persisten dificultades relacionadas con la prescripción adecuada de estos medicamentos. Entre ellas, iniciar tratamientos sin evidencia suficiente, prolongarlos más tiempo del necesario o no ajustarlos de acuerdo con los resultados de estudios microbiológicos.
“Este uso inadecuado y muchas veces innecesario tiene consecuencias tanto a nivel individual como social”, advirtió Corina Nemirovsky, médica infectóloga y docente de la carrera de especialización en Infectología de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires. La especialista explicó que los antibióticos no son medicamentos inocuos y pueden provocar alergias, reacciones cutáneas y alteraciones en la microbiota intestinal.
Además, el uso inapropiado favorece el desarrollo de bacterias resistentes, capaces de sobrevivir a los tratamientos habituales y provocar infecciones cada vez más difíciles de combatir. Nemirovsky señaló que estas resistencias pueden transmitirse entre personas, eliminarse a través de las excretas y contaminar cursos de agua, ampliando el impacto del problema.
Otro aspecto preocupante es el descarte inadecuado de antibióticos sobrantes o vencidos. Muchas veces terminan en la basura doméstica o son arrojados al inodoro, contribuyendo a la contaminación ambiental. Los especialistas recomiendan llevarlos a puntos habilitados para su disposición segura, como las farmacias hospitalarias.
Los expertos también advierten sobre el efecto de estos medicamentos en la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habita el organismo y desempeña funciones esenciales para la salud. “Cada vez existe más evidencia de que preservar la eficacia de los antibióticos implica también proteger los ecosistemas microbianos que habitan nuestro organismo”, explicó Miguel Ángel de Cristófano, bioquímico y subdirector de las carreras de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Hospital Italiano.
De Cristófano destacó que los antibióticos eliminan bacterias responsables de infecciones, pero también pueden afectar microorganismos beneficiosos de la microbiota intestinal, especialmente en personas con sistemas inmunológicos comprometidos, neonatos, niños pequeños y adultos mayores. Para preservar este equilibrio, los especialistas aconsejan utilizar antibióticos únicamente cuando son indicados por un profesional y mantener una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y alimentos fermentados, hábitos que también favorecen la recuperación de la microbiota tras finalizar un tratamiento.
Fuente: Agencia Noticias.



