La intoxicación por plomo representa un problema de salud pública que afecta a millones de niños y niñas en todo el mundo. Según estimaciones citadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta 815 millones de menores están expuestos a este metal tóxico, que puede provocar daños en el desarrollo incluso cuando no presenta síntomas evidentes.
El organismo llamó a reforzar la detección de las fuentes de exposición y las medidas de prevención, especialmente entre las infancias, con el objetivo de impulsar acciones que permitan identificar los riesgos antes de que se produzcan consecuencias irreversibles.
Los niños y niñas son especialmente vulnerables porque sus cerebros y sistemas nerviosos todavía están en desarrollo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que no se conoce una concentración de plomo en sangre que pueda considerarse segura. Incluso niveles de 3,5 microgramos por decilitro pueden asociarse con una disminución de la capacidad intelectual, dificultades de comportamiento y problemas de aprendizaje.
En América Latina y el Caribe, los estudios disponibles estiman que alrededor del 30% de los niños y niñas evaluados presentaban concentraciones de plomo en sangre superiores a los 5 microgramos por decilitro. Además, el 6,78% registraba niveles superiores a 10 microgramos por decilitro. La OMS recomienda identificar y eliminar las fuentes de exposición cuando las concentraciones alcanzan los 5 microgramos por decilitro o más.
Cuáles son las principales fuentes de exposición al plomo
En la región, los riesgos están relacionados con actividades mineras e industriales, el reciclaje informal de baterías, las pinturas que contienen plomo y las cerámicas con esmaltes elaborados a partir de este metal. La exposición también puede producirse al inhalar partículas contaminadas o ingerir polvo, tierra, agua y alimentos que contienen plomo.
Los más pequeños presentan una vulnerabilidad particular porque absorben una mayor proporción del metal ingerido que los adultos y suelen llevarse las manos y otros objetos a la boca. Por eso, las condiciones ambientales, las actividades económicas de cada zona y las características de las viviendas y comunidades influyen en el riesgo de exposición.
El impacto no se limita a la infancia. De acuerdo con estimaciones de la OMS, más de 3,5 millones de muertes en todo el mundo fueron atribuidas a la exposición al plomo durante 2023, principalmente por sus efectos sobre el sistema cardiovascular. En América Latina y el Caribe, se estima que esta exposición está relacionada con cerca de 200.000 muertes y la pérdida de más de 3,9 millones de años de vida ajustados por discapacidad.
La importancia de detectar y prevenir la intoxicación
Uno de los principales obstáculos para enfrentar el problema es la falta de información sobre los niveles de exposición en distintas poblaciones. Las deficiencias en los sistemas de vigilancia y en el acceso a pruebas de detección pueden retrasar la identificación de las personas afectadas y de las fuentes de contaminación.
Por eso, la OPS promueve el fortalecimiento de los laboratorios de salud pública, los programas de monitoreo de plomo en sangre y la vigilancia epidemiológica. También impulsa medidas para eliminar progresivamente las pinturas que contienen plomo, mejorar la gestión y el reciclaje de baterías y reducir la contaminación en el agua potable, las escuelas y los hogares.
La prevención requiere, además, la coordinación entre los sectores de salud, medioambiente, educación, industria y trabajo. El objetivo es que los datos sobre exposición se traduzcan en intervenciones concretas para eliminar las fuentes de contaminación y proteger a las poblaciones más vulnerables antes de que se produzcan daños permanentes.
Fuente: PAHO/OPS.



