Las vitaminas cumplen un rol clave en pos de que el organismo crezca, funcione y se mantenga en equilibrio. Entre ellas, la vitamina D ocupa un lugar importantísimo: si bien se denomina "vitamina", lo cierto es que es una prohormona que el cuerpo puede producir y activar.
“Originalmente se la clasificó como vitamina porque se obtenía únicamente de fuentes externas, pero hoy se sabe que, con la exposición solar adecuada, la piel es capaz de sintetizar vitamina D3, que luego se transforma en su forma activa en el hígado y los riñones. En algunos alimentos, como el pescado, la vitamina D aparece en dos formas: D2 y D3, siendo esta última la que se metaboliza con mayor eficacia”, explican expertos.
La importancia de la vitamina D es sumamente amplia, yendo más allá de la salud ósea a partir de que permite absorber el calcio (fundamental para el desarrollo y fortaleza de los huesos), pero también interviene en la función muscular, participa en la comunicación entre nervios y resto del cuerpo, y tiene un papel fundamental en la respuesta inmunitaria.
Asimismo, la vitamina D cumple un papel importante en las defensas: ayuda a que el intestino funcione como una buena barrera frente a los gérmenes, activa las primeras células que salen a "defendernos cuando algo nos ataca" y, al mismo tiempo, fortalece la respuesta más “especializada” del sistema inmune.
Por otra parte, favorece la producción de sustancias que ayudan a eliminar patógenos y se la estudió por su posible rol en la prevención de infecciones respiratorias. Por todo esto, su acción es amplia y fundamental para mantener al organismo sano.
“Aunque la alimentación suele asociarse a las vitaminas, la principal fuente de vitamina D es la luz solar. Cuando la piel recibe radiación UVB, comienza el proceso de síntesis de vitamina D3 y, se estima que, alrededor del 80% de la vitamina D producida por el cuerpo proviene de este mecanismo. Sin embargo, el estilo de vida actual con muchas horas bajo techo, poca exposición al aire libre y hábitos que limitan el contacto directo con el sol, dificulta esta producción natural”, sostuvieron.
Y añadieron: “También influyen la contaminación, la presencia de nubes que filtran los rayos UVB, la falta de exposición durante el invierno, la pigmentación de la piel, la alimentación pobre en alimentos ricos en esta vitamina y ciertos problemas de salud que afectan la capacidad de producirla o metabolizarla, así como el uso de medicamentos como anticonvulsivantes o corticoides”.
Si la exposición solar es escasa, la dieta cobra gran relevancia. En tal sentido, los alimentos más ricos en vitamina D son pescados grasos como salmón o atún, yema de huevo, lácteos y productos fortificados. Aún así, suele resultar insuficiente para cubrir las necesidades del organismo. Es por ello que, en algunos casos, pueden necesitarse suplementos. En este caso, la indicación debe ser netamente médica ya que los excesos pueden resultar perjudiciales.
“Ante cualquier duda, se recomienda consultar con un profesional de salud, evitar la automedicación y considerar un análisis de laboratorio”, señalaron. Y concluyeron: “Comprender el rol de la vitamina D permite dimensionar su impacto en la salud general. Se trata de un nutriente que conecta múltiples aspectos de la vida cotidiana: la exposición al sol, la alimentación, la actividad física, la función intestinal, la inmunidad y las condiciones de salud preexistentes”.
Fuente: Agencia NA.



