Durante años, el índice de masa corporal (IMC) fue una de las principales referencias para determinar si una persona tiene un peso normal, sobrepeso u obesidad. Sin embargo, una nueva investigación publicada en JACC, la revista principal del Colegio Estadounidense de Cardiología, plantea que mirar solamente el peso y la altura podría no ser suficiente para evaluar el riesgo cardiovascular.
El estudio, que analizó a más de 260.000 personas durante un promedio de 20 años, encontró que la circunferencia de la cintura (CC) y la relación cintura-cadera (RCC) pueden ayudar a identificar un riesgo cardiovascular que el IMC no siempre detecta. La razón está en que esta medida permite conocer, al menos parcialmente, dónde se concentra la grasa corporal.
Uno de los datos más llamativos apareció entre las personas consideradas de peso normal según el IMC: el 5% tenía una circunferencia de cintura elevada y el 18% presentaba una relación cintura-cadera elevada. Entre quienes tenían sobrepeso, en tanto, el 39% registraba una cintura elevada y el 40% una relación cintura-cadera alta.
La diferencia no sería solamente una cuestión de medidas. Según los resultados, las personas con peso normal o sobrepeso que presentaban una circunferencia de cintura o una relación cintura-cadera elevadas tenían entre un 15% y un 50% más de riesgo para la mayoría de los resultados cardiovasculares estudiados, entre ellos infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular y mortalidad cardiovascular.
Esto se relaciona con la distribución de la grasa. El IMC permite establecer una relación entre el peso y la altura, pero no distingue dónde se encuentra el tejido adiposo. La grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos en la zona abdominal, está vinculada con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, entre ellas las cardiovasculares y la diabetes.
“Observamos individuos con peso clínicamente normal que presentaban una elevada adiposidad central y una relación cintura-cadera alta”, explicó Michael J. Blaha, autor principal del trabajo y director de investigación clínica del Centro Ciccarone de Johns Hopkins para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares. Para los investigadores, incorporar estas mediciones podría permitir una evaluación más precisa del riesgo.
Los especialistas advierten, de todos modos, que el IMC no debería descartarse por completo, sino dejar de considerarse como un indicador aislado. Factores como la alimentación, la actividad física, la genética y otros aspectos metabólicos también influyen en la salud cardiovascular. La principal conclusión del trabajo es que el número que marca la balanza no cuenta toda la historia: también importa dónde se acumula la grasa corporal.
Fuente: SINC.



