Dormir bien es fundamental para la salud, pero en las redes sociales cada vez circulan más consejos, productos y dispositivos que prometen mejorar el descanso. Esta tendencia se conoce como sleepmaxxing y propone incorporar diferentes hábitos y rituales para conseguir un sueño supuestamente perfecto. Sin embargo, no todas las prácticas son inocuas y algunas pueden terminar provocando el efecto contrario, es decir, insomnio y ansiedad.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) advirtió sobre los riesgos de esta moda, especialmente cuando el interés por mejorar la calidad del sueño se transforma en una preocupación excesiva por controlar cada detalle. Esta obsesión se denomina ortosomnia. Se trata de un fenómeno en el que la búsqueda de un descanso ideal y las mediciones constantes del sueño pueden convertirse en una fuente de malestar.
Según la entidad, un estudio reciente realizado con más de 500 adultos estimó que entre el 3% y el 14% cumplía con distintos criterios de ortosomnia. Aunque estos resultados no pueden extrapolarse a toda la población, muestran que se trata de una problemática que empieza a recibir atención científica.
Entre las prácticas más difundidas del sleepmaxxing aparecen el uso de relojes y anillos inteligentes para medir las horas y las fases del sueño, el consumo de suplementos como melatonina o magnesio y hasta el uso de cintas adhesivas para mantener la boca cerrada durante la noche. Si bien algunas recomendaciones, como sostener horarios regulares, pueden ser saludables, otras carecen de suficiente evidencia o pueden implicar riesgos.
Uno de los problemas es que controlar permanentemente los registros del descanso puede aumentar la ansiedad anticipatoria. Preocuparse por cuánto tiempo se tarda en dormir, despertarse durante la noche o no alcanzar una determinada puntuación puede generar un círculo vicioso y, de esta manera, la obsesión por descansar bien termina dificultando el sueño. Incluso, algunas personas llegan a prolongar el tiempo en la cama o cancelar actividades por miedo a dormir mal.
Los dispositivos inteligentes también requieren cierta precaución. Según los neurólogos, pueden servir para identificar tendencias generales, pero sus mediciones dependen del modelo y de cada usuario. Las estimaciones sobre las fases del sueño no reemplazan los estudios médicos y una puntuación baja no significa necesariamente que exista insomnio, así como una calificación alta tampoco descarta un trastorno.
Otra práctica que genera preocupación es el mouth taping, que consiste en colocar cinta adhesiva sobre los labios para favorecer la respiración nasal. La evidencia científica disponible es limitada y no permite recomendarla de manera generalizada. Además, si existe una obstrucción nasal, ronquidos o problemas respiratorios durante la noche, tapar la boca puede dificultar la respiración y provocar irritación o malestar. En esos casos, lo importante es consultar para identificar la causa.
Los suplementos tampoco son una solución universal. La melatonina tiene indicaciones específicas y su utilidad depende del problema que se busca tratar, mientras que su consumo puede provocar somnolencia residual e interactuar con determinados medicamentos. En cuanto al magnesio, la evidencia sobre su eficacia para tratar el insomnio es insuficiente para recomendarlo de manera rutinaria. Combinar productos sin indicación profesional puede sumar riesgos sin garantizar mejores resultados.
¿Qué se puede hacer para dormir mejor? Los especialistas recomiendan mantener horarios razonablemente regulares, buscar exposición a la luz natural durante el día, realizar actividad física y preparar un ambiente oscuro, silencioso y confortable para descansar. También aconsejan evitar la cafeína, el alcohol y los contenidos estimulantes durante las horas previas a acostarse. No es necesario cumplir un ritual rígido ni irse a la cama antes de tener sueño.
Por último, los neurólogos recuerdan que las necesidades de descanso son individuales y que tener una mala noche, o incluso varias consecutivas, no significa necesariamente que exista un trastorno. Dormir al menos siete horas suele ser una referencia saludable para los adultos, aunque las necesidades pueden variar. Si las dificultades para conciliar o mantener el sueño se repiten y afectan la vida cotidiana, o aparecen ronquidos con pausas respiratorias, despertares con sensación de ahogo o somnolencia durante el día, es importante consultar con un profesional.
Fuente: EFE.



