Aunque suele asociarse el cabello graso con el verano, el invierno también puede ser un gran desafío. Las bajas temperaturas y los ambientes secos por la calefacción hacen que el cuero cabelludo perciba falta de hidratación y responda produciendo más sebo.

A esto se suma el uso frecuente de agua caliente, los gorros y bufandas que reducen la ventilación del cuero cabelludo y el estrés típico de esta época del año. El resultado es un pelo que se ensucia más rápido y pierde su sensación de frescura.

Qué hacer para mantener el pelo limpio y liviano

-Lavar con suavidad, no con exceso: Aunque la grasa invite a lavarlo todos los días, hacerlo en exceso puede generar el efecto contrario. Lo ideal es espaciar los lavados y elegir shampoos suaves, sin sulfatos, con ingredientes como té verde o niacinamida.

-Usar agua tibia en lugar de muy caliente: El agua caliente puede estimular aún más la producción de grasa. Un enjuague tibio o ligeramente frío ayuda a sellar la cutícula y a conservar el brillo natural.

Aunque la grasa invite a lavarlo todos los días, hacerlo en exceso puede generar el efecto contrario (glamour.mx).

-Exfoliar el cuero cabelludo una o dos veces por semana: Eliminar células muertas, restos de productos y exceso de sebo ayuda a que las raíces se mantengan más frescas. Los exfoliantes capilares con ácido glicólico o sal marina fina son una buena opción.

-Incorporar un suero o tónico capilar: Productos con mentol, romero o hamamelis ayudan a refrescar el cuero cabelludo y a regular la grasa sin resecar.

-No ponerse gorros con el pelo húmedo: Cubrir el cabello mojado crea un ambiente cerrado que favorece el exceso de grasa. Secarlo bien antes de salir y elegir accesorios de tejidos transpirables.

Los especialistas señalan que el estrés también influye en el cabello graso.

Los aliados del invierno para el cabello graso

Los expertos en haircare recomiendan sumar algunos productos específicos durante esta temporada:

-Shampoo purificante con menta o arcilla blanca: limpia en profundidad sin irritar.

-Mascarilla semanal con carbón activo o romero: ayuda a absorber impurezas.

-Suero capilar regulador del sebo: mantiene la frescura por más tiempo.

-Cepillo masajeador de silicona: mejora la limpieza durante el lavado y estimula la circulación.

Los especialistas señalan que el estrés también influye en el cabello graso. Cuando aumentan los niveles de cortisol, las glándulas sebáceas se vuelven más activas y las raíces pueden verse apelmazadas incluso poco después del lavado. Por eso, además de una buena rutina capilar, dormir bien, hidratarse y reducir el estrés puede marcar la diferencia.

Fuente: Glamour.