A diferencia de los productores que están en pie de guerra, corredores y acopiadores decidieron ponerle el hombro a la soja Visec, como se le dice en el mercado al poroto que cuenta con un registro de trazabilidad socioambiental que demuestra que proviene de tierras libres de deforestación. Una nueva condición que a partir de enero empezará a exigir la Unión Europea para sus importaciones de granos, harinas y aceites. 

No lo hacen por amor o convencimiento de que los planteos ambientales europeos son correctos, sino más bien por el espanto que provoca que los aceiteros y exportadores dejen de comprar soja no certificada ambientalmente y la necesidad de ser pragmáticos para reducir el impacto negativo de la nueva exigencia.

En efecto, el Centro de Corredores de Rosario mantuvo días atrás reuniones de capacitación sobre el Visec organizadas por la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-Cec). Tras esos encuentros el mensaje que dispersaron los operadores fue el acompañar la difusión y uso de la plataforma Visec, que fue armada y pagada por los exploradores para instrumentar la trazabilidad sobre la cadena oleaginosa que empezarán a exigir en el viejo continente.

Esos encuentros de capacitación se acordaron tras una reunión intersectorial en la Bolsa de Rosario en la que los corredores manifestaran su preocupación por los avisos que llegaban desde casas exportadoras sobre la decisión de que a partir de octubre/noviembre comprarían sólo soja que tenga la certificación ambiental que exige el reglamento de la Comisión Económica Europea 1115/23. El problema que habían divisado los corredores no era que los compradores pagaban un premio sobre la soja tradicional, sino que directamente no iban a comprar soja sin esa certificación.

Por su parte, la Federación de Acopiadores firmó un acuerdo con Visec y con el Instituto de Capacitación Agropecuaria (Incagro) para certificar sin costo para el acopio la información que le envíen sobre el cumplimiento de la exigencias en las plantas de silos, como que el recibidor haya aprobado el curso Visec, que haya capacidad de segregación en las instalaciones y protocolo de recepción.

Y, como corolario de la institucionalización, del nuevo producto que hoy se cotiza y opera en el mercado de granos argentinos que es la Soja Visec (también conocida como soja EUDR), el viernes el A3 informó que a partir del 26 de octubre se habilitó una nueva condición de entrega del contrato de futuro de soja en dólares con destino rosarino al que bautizó Soja Visec, etc.

“La mercadería entregada bajo esta condición deberá cumplir con la norma de calidad definida en el contrato de futuro de soja Cámara y acreditar el cumplimiento de los requisitos establecidos por el Reglamento UE 2023/1115 y sus modificatorias, mediante el sistema Visec o el que A3 mercados determine en el futuro”, informó la entidad.

Lo cierto es que la nueva condición ya se está institucionalizado en el mercado con corredores que pasan, entre todos los precios que consiguen, un valor diferencial para la soja EUDR, que hoy está en alza porque los exportadores se están abasteciendo para las cargas de barcos que a partir de enero tendrán que despachar hacia el viejo continente.

Intereses en pugna

Corredores y acopiadores saben que la nueva exigencia ambiental de la Unión Europea, más allá de sus loables argumentos, es una barrera para-arancelaria caprichosa con algunos argumentos flojos. Pero entienden que si Argentina le quiere seguir exportando productos oleaginosos no le quedará otra que cumplir porque los consumidores tienen la sartén por el mango. Lo mismo ocurre para todo los que quieran en el mundo venderle, además de soja y harina de soja, otros productos como el cacao, la carne, la madera y el aceite de palma, salvo que sean de los Estados Unidos. Y es que la geopolítica también juega su partido en esta batalla comercial.

Acopiadores y corredores también saben que más allá del argumento real de que la producción argentina deberá cumplir con esa exigencia para despachar a Europa, también se le abren a los exportadores muchas oportunidades de negocios que seguro buscarán aprovechar. Por ejemplo, desde el manejo de datos de los productores que se sumen al Visec (que podrán usar para saltar la cadena de intermediación y ofrecerle compra directa) hasta el arbitraje de precios y logística en su beneficio comercial, ya que el 30% de la harina va a la U. cuando, por el contrario, hoy están generalizando la compra de soja EUDR.

Dirigentes ruralistas -sobre todo los vinculados a CRA- vienen alentando a los productores que no se sumen al Visec y tampoco incurran en costos extra de certificación. Señalan que es un intento exportador de bajarle el precio al grano y de aprovecharse comercialmente de la información que le entregan al Visec. 

Existe como un llamado a sentarse sobre la soja sabiendo que tienen en su poder el producto que los exportadores deben comprar y que, al final del camino, la tendrán que terminar haciendo por más que no tenga la certificación ambiental exigida por la UE 

“Frente los rumores de una eventual tercera dilación de su aplicación, así como la presión renovada de acopios y exportadores, recomendamos no adherirse a la plataforma Visec”, comunicó la Sociedad Rural de Santa Fe.
“Pretender que un productor deba certificar lo que ya está certificado por el Estado Argentino es una intromisión y una carga burocrática sin sentido. Hoy se ofrece un plus, pero ese plus no existe en Bruselas. Todo es una herramienta comercial de la exportación para segmentar productores, quedarse con datos productivos y georeferenciados. El que entrega hoy su polígono gratis, mañana no lo recupera”, advierte. 

Como, en definitiva, todo es un tema de dinero, asoma que el diferencial de precios que hoy se paga no es un incentivo suficiente como para que el productor se ponga en línea. Pero si con el correr de las semanas se cierra del todo, como ya se está cerrando, el grifo de compras de soja no EUDR habrá que ver quién resiste más y qué prima más: el poco incentivo de precio o la imposibilidad de vender. 

Mucho tendrá que veri si las exigencias de trazabilidad ambiental llegaron para quedarse en toda la producción, como advierten los exportadores internacionales, o si con la soja EUDR pasará -luego de un primer impacto masivo- lo mismo que con la soja EPA (que es la que reúne las exigencias ambientales impulsadas por Estados Unidos, que no son menos estrictas y abarcativas que las de la UE), que terminó convirtiéndose en un producto especial y diferenciado más; en una condición no generalizada. 

Por lo pronto, entre los productores -que resisten la avanzada- corre la versión de que, como ya ocurrió dos veces en el pasado, vuelva a postergar la entrada en vigencia de las exigencias . Algo que, los aceiteros, no creen que ocurra y aseguran que esta vez sí entrarán en rigor.

Finalmente, lo que también queda expuesto es la falta de capacidad institucional de la agroindustria para alcanzar entendimientos con la suficiente antelación. Hace años que el tema se discute, pero tuvieron los exportadores que avisar que dejan de comprar soja sin certificación para que los eslabones de la cadena apuren, sobre la hora y bajo tensión, definiciones y la búsqueda de una posición más o menos consensuada sobre cómo afrontar la nueva barrera al comercio que imponen los europeos.