Las economías regionales no encuentran el rumbo: "la foto" que preocupa al interior

El nuevo relevamiento de Coninagro muestra un escenario todavía complicado para buena parte de las producciones regionales. Los factores que atentan contra el negocio

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El campo argentino no tiene un solo escenario. Mientras algunas cadenas atraviesan un buen momento, buena parte de las economías regionales continúa atrapada entre la crisis abierta y un escenario de señales débiles.

El nuevo Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, correspondiente a junio de 2026, dejó una fotografía difícil de ignorar: de las 19 actividades relevadas, 7 están en rojo, 8 en amarillo y apenas 4 en verde. Es decir, 15 de las 19 economías analizadas presentan una situación de alerta o directamente crítica.

El rojo alcanza a yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca. En la mayoría de estos casos, el principal problema aparece en el componente de negocio: los precios que recibe el productor se mantienen estancados o avanzan por debajo de la inflación y de los costos operativos.

Y cuando esa situación se prolonga, el problema deja de ser solamente financiero. Según Coninagro, comienza a impactar sobre las variables productivas y dificulta la recuperación de las actividades.

Tres años de rojo para el vino

Uno de los casos más contundentes es el de la vitivinicultura. La actividad acumula 41 meses consecutivos en rojo, desde enero de 2023. Son más de tres años atravesando una situación crítica según el indicador de Coninagro.

La yerba mate tampoco consigue salir del pozo: acumula 27 meses consecutivos en rojo, desde abril de 2024.

El problema tampoco se limita al color rojo. Las ocho actividades que aparecen en amarillo —forestal, tabaco, cítricos dulces, peras y manzanas, aves, porcinos, papa y maní— muestran señales mixtas: precios que en varios casos no alcanzan a seguir la inflación, demanda con poca dinámica y costos todavía elevados.

Es decir, el amarillo no representa necesariamente una recuperación consolidada. En muchos casos es apenas una zona de transición en la que el productor todavía enfrenta dificultades para recomponer rentabilidad.

El dato que explica buena parte del problema

La pérdida de participación del productor en el precio final también aparece como una señal de alerta.

En mayo, 7 de las 11 actividades analizadas por Coninagro registraron una participación del productor inferior a su promedio histórico.

Los casos más marcados fueron vino y yerba mate. En el vino, el productor recibió el 13% del precio final, frente a un promedio histórico del 24%. En yerba mate, la participación fue del 15%, contra un promedio del 23%.

También quedaron por debajo de sus referencias históricas las cadenas bovina, aviar, lechera, triguera y arrocera.

El dato muestra una de las tensiones centrales de las economías regionales: que una cadena pueda mover dinero, vender o incluso exportar no significa necesariamente que el productor primario esté capturando una porción suficiente de ese valor.

No todo es rojo: las cadenas que logran sostenerse

En el otro extremo aparecen cuatro actividades en verde: bovinos, ovinos, granos y miel.

En estos sectores, Coninagro encontró un mejor desempeño del componente de negocio, con precios que crecieron por encima de la inflación, acompañado por indicadores productivos y de mercado favorables.

El contraste con las actividades regionales más comprometidas resulta evidente.

Mientras algunas cadenas consiguen mejorar su ecuación económica, otras enfrentan precios retrasados, caída de superficie, menor producción o dificultades para sostener sus mercados.

El maní dio un paso adelante, pero con luces amarillas

El único cambio respecto del relevamiento anterior fue el maní, que pasó de rojo a amarillo.

La mejora estuvo vinculada principalmente con el precio. En junio, el maní Runner alcanzó los US$659 por tonelada, un 10% más que un año atrás según el informe.

Pero el cambio de color no significa que todos los indicadores estén en recuperación. Para la campaña 2025/26, Coninagro proyecta una producción de 1,3 millones de toneladas, alrededor de un 30% menos que la campaña récord anterior. Las exportaciones del complejo también acumularon una caída del 8% en los últimos doce meses, aunque el primer semestre mostró una recuperación del 2% interanual.

El campo exporta, pero la foto interna sigue siendo incómoda

Hay otro dato que agrega una particularidad al escenario. Durante el primer semestre de 2026, las 19 actividades relevadas acumularon exportaciones por US$31.940 millones, un 21% más que en el mismo período de 2025 y un 12% por encima del promedio de los últimos cinco años.

Sin embargo, ese resultado está fuertemente explicado por el complejo granario, que concentró el 79% de las exportaciones del conjunto analizado.

La conclusión es incómoda: el agro puede estar generando más dólares y, al mismo tiempo, una parte importante de sus productores regionales seguir atravesando problemas de rentabilidad.

Por eso, el semáforo de Coninagro funciona como algo más que una clasificación de colores. Es una fotografía de la distancia que existe entre el desempeño exportador de determinadas cadenas y la realidad económica que enfrentan muchos productores en sus establecimientos.

Un semáforo que todavía no da luz verde

La mejora del maní y el buen desempeño de bovinos, ovinos, granos y miel muestran que existen cadenas capaces de sostenerse e incluso crecer.

Pero el dato dominante sigue siendo otro: 7 economías regionales están en rojo y 8 en amarillo.

Y detrás de esos colores aparecen productores que necesitan recomponer precios, reducir el impacto de los costos, recuperar mercados o simplemente recuperar previsibilidad para volver a invertir.

El semáforo, por ahora, no está en verde. La mayoría de las economías regionales continúa esperando que las señales de recuperación lleguen desde el precio, el mercado y la rentabilidad.

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