A contramano del pedido de algunas organizaciones de taxistas, un grupo de titulares de chapas pide que no se toque la tarifa. A diferencia de sus colegas, creen que subir el monto podría ser perjudicial para la actitividad, ya de por sí muy golpeada por la situación económica y la competencia desigual con las aplicaciones de viajes que suelen ser muchísimo más baratas.
En contacto con el programa Radiópolis, Mario Cesca, de Asociación de Titulares de Taxis Independientes (Atti) explicó el pedido que hicieron este martes en el Concejo para no aplicar ningún aumento tarifario por ahora, luego de que la semana anterior otras organizaciones plantearan exactamente lo contrario en la misma comisión se Servicios Públicos.
Cesca señaló que la actividad de este enero fue mucho más baja que la de enero pasado y obligó a repensar acciones. Precisó que de 100 kilómetros que hacen en el taxi, durante 30 llevan pasajeros y los otros 70 manejan solos. “Tenemos que llegar a 50 y 50 para que esto empiece a funcionar”, advirtió.
“Cuando iba al Concejo la pregunta era cuánto iba a pedir de aumento –observó–. En este momento, estamos muy preocupados porque creemos que un retoque tarifario con esta recesión y caída de viajes, va a ser la liquidacion del sector”.
Lejos de circunscribirlo a la competencia desigual con las aplicaciones de viaje, como Uber y Didi que no esán habilitadas en Rosario, para Cesca la coyuntura es más compleja porque se suma la recesión económica.
“No hay plata en la calle”, resumió. En tal sentido, señaló que la ecuación afecta influso a los choferes de apps que se manejan con la oferta y la demanda y recordó el paro de conductores de Uber de hace un mes, reclamando una actualización.
Por otro lado, sumó el peso de la tarifa promocional o preferencial para segmentos poblacionales como jubilados. Pidió acotarla a los pasivos que perciben el haber mínimo, y en un determinado segmento horario; por ejemplo, de lunes a viernes hasta las 22 horas, excluyendo los fines de semana. Alertó que esa diferencia la termina absorbiendo injustamente el taxista. “Llevamos a un jubilado con tarifa subsidiada al casino o a un restaurante y después tenemos que sibsidiarle el viaje”, se quejó.
“Es muy difícil que podamos salir de esta encrucijada”, lamentó.



