Habrá tres discursos arriba del escenario por el acto del Día de la Bandera este sábado 20 de junio. Pero lo más saliente ya ocurre abajo y al costado del extenso vallado que cercó el acceso frente a la proa del Monumento y el río Paraná. Tan celosa es la restricción que los alumnos de cuarto grado que deben prometer lealtad suben desde el bajo apretados por la vereda estrecha de calle Córdoba, en apenas media acera disponible.

–Guarda, miren por dónde caminan –indica una de las maestras a los chicos que saltan un pozo.

Una de las encargadas de la organización local le pide a un gendarme si pueden bajar ese vallado a la calle, que está desierta, para facilitar el paso de quienes son, en principio, los protagonistas de la jornada que vienen desde escuelas de todo el país.

A las 10 del sábado frío pero con sol, llega la vicepresidenta Victoria Villarruel. Ofrece una sonrisa amplia que no abandonará casi nunca en la mañana y un sobretodo gris que brilla al sol por algunas pequeñas lentejuelas. Buena parte del gabinete nacional ya está en sus lugares. La apuesta a mostrar presencia y unidad es notable: son al menos doce ministros, funcionarios y legisladores de primer nivel.

Como el intendente Pablo Javkin y el gobernador Maximiliano Pullaro esperan al presidente Javier Milei del otro lado, por calle Santa Fe, la encargada de recibir a Villarruel es Clara García, la presidenta de la Cámara de Diputados de Santa Fe. La socialista le da un beso y la bienvenida al ala provincial (en una junta política extraña). Esa diferencia entre los presentes, simbólica pero también de disposición física del espacio, empieza a abrirse.

Frente al escenario hay dos sectores divididos por un pasillo. Hacia el oeste o calle Córdoba, está el sector provincial y del lado este o del río, los funcionarios nacionales. La vicepresidenta es una invitada de la provincia de Santa Fe. Más tarde, lo confirmará ella en diálogo con la prensa y aclarará: “Igual, sin invitación hubiese venido igual”. Ese gesto mínimo, además, anticipa un desafío (no estridente pero desafío al fin) que Pullaro sellará en su discurso.

Alan Monzón/Rosario3
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Villarruel y Adorni, imán de miradas

 

El senador libertario Bartolomé Abdala queda del otro lado, digamos del bando “enemigo”, a tono con la época que conmemora el acto, pasa delanta de Villarruel y comete la herejía de darle un beso. La exministra y hoy senadora Patricia Bullrich se acerca a hablar con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien llegó vestido de negro entre risas con sus pares y ahora se pone serio. Dialogan unos minutos. Solo ellos saben qué dicen pero no es una charla relajada como otras habituales en estos encuentros públicos.

Dos filas más atrás está la concejala Ana Laura Martínez, de la hasta ahora fuerza aliada macrista de La Libertad Avanza (LLA). Anita le pidió al presidente en una carta pública que no hiciera lo que, está claro ahora, hizo: sumar al funcionario denunciado por enriquecimiento ilícito, confeso en delitos como evasión, a este 20 de junio en Rosario para recordar a la figura de Manuel Belgrano.

El contraste no lo ayuda al jefe de Gabinete. Justo el prócer que murió en la pobreza y que donó los 40 mil pesos que le había dado el gobierno en recompensa a sus servicio patrióticos. Belgrano cedió esos fondos para la construcción de cuatro escuelas. Eran equivalentes a unos 400 mil dólares (dos remodelaciones de la casa country en Indio Cua) y eso grafica la importancia que el prócer le daba tanto a la educación como a ofrecer un ejemplo cívico, según recordó Carina Cabo, doctora en Educación, más temprano en Radio 2.

Alan Monzón/Rosario3 
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Quince minutos después, suenan las sirenas de la caravana presidencial. Javier Milei llega con su hermana Karina. Lo reciben Javkin y Pullaro. Bajan por Santa Fe. El presidente se detiene a saludar, antes que todo, al primer granadero que está debajo de la fuente de agua de la proa, reactivada tras 18 años de inactividad por las obras de refacción que financió la provincia tras el “abandono” de los sucesivos gobiernos nacionales, como reclamaron las autoridades locales en el acto del miércoles pasado.

Milei saluda uno por uno a sus ministros (de Capital Humano, Sandra Pettovello, de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, de Seguridad, Alejandra Monteoliva, entre otros), le da un beso a Adorni que contrasta con el abrazo efusivo que sostiene con Luis “Toto” Caputo (la macroeconomía y las finanzas le despiertan un entusiasmo visible, y que los problemas de la política no). Esa ceremonia se corta en Abdala y no cruza el pasillo, donde está Villarruel. Ya está naturalizado que no hay vínculo entre el presidente y su vice.

Alan Monzón/Rosario3
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Bandera explosiva y mirada al sol

 

Empieza el acto. Intendente, gobernador y presidente suben al escenario.

–Agrupación 20 de Junio, buenos días –ruge el presidente como cuando cantaba La Renga en campaña.

Javkin y Pullaro se ríen con él. Los granaderos sostienen la bandera gigante frente al mástil mayor que una hora antes fue revisada por la Brigada de Explosivos de la Policía Federal. Las vallas, las armas largas, los temores a algún tipo de atentado. El nivel de seguridad que cuida y encapsula al presidente no es nuevo pero no deja de ser llamativo.

Alan Monzón/Rosario3
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Suena Aurora, la canción a la bandera, y todos miran al frente del escenario donde están los tres mandatarios, de espaldas al Monumento. Los militares hacen la venia al presidente. Pero Villarruel gira para seguir como trepa la celeste y blanca en el mástil mayor, hacia el río Paraná. Ofrece su cara al sol, de frente a los fotógrafos que están en el corralito. 

Con ese pequeño gesto a contracorriente, sobresale. Como si se hubiese especializado en aprovechar esos momentos mínimos de visibilidad para saltar el cerco de ostracismo que le propone el gobierno, su gobierno.

Alan Monzón/Rosario3
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“Belgrano donó su fortuna cuando otros trabajan para enriquecerse”

 

Ahora Milei, Pullaro y Javkin se sientan en tres sillas que agregaron delante del resto. Separadas de la (ex) primera fila donde están la vice y el gabinete. La solemnidad del poder tiene sus códigos.

A las 10.30, el intendente inicia su discurso, un tono más abajo que el del miércoles pasado cuando inauguraron las postergadas obras de refacción del Monumento. No habla del desplante de Manuel Belgrano “al poder central”, cuando el 27 de febrero de 1812 enarboló la celeste y blanca por primera vez frente al río Paraná, sino de “decisión resistida” y “tosudez”. Tampoco señala que “si era el Obelisco (los gobiernos nacionales) lo hubieran recubierto en oro” pero sí insiste en la “gran deuda que tienen el país con su interior”. Llama, antes del cierre, a “la unión como destino”.

Alan Monzón/Rosario3
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Pullaro sube al escenario y responde a los aplausos con un puño en alto. Abre con su infaltable “invencible provincia de Santa Fe” y enseguida muestra los dientes. Recuerda, frente a la mirada de Adorni, que Belgrano murió pobre y “donó su fortuna cuando otros trabajan para enriquecerse”.

El gobernador dedicó buena parte de su espacio a explicar una distancia ideológica con el modelo libertario. Recordó que Belgrano sostenía “que la libertad sin educación era una trampa” y que no se puede escindir la libertad de la igualdad: “Libertad e igualdad están fundidas en un concepto, inseparables una de otra”.

Dice que el abogado, economista y militar además de crear la bandera, apoyó la fundación de escuelas y la universidad pública. No alcanza con el crecimiento económico si eso no repercute de forma positiva en los habitantes, afirma Pullaro citando a Belgrano pero con ganas de discutir el libreto de los libertarios del presente.

El público que quedó un poco lejos, del otro lado del vallado por calle Córdoba, registra el tono del gobernador y reacciona.

–¡Presidente, presidente! –gritan.

Pullaro asegura que la mejora en la inseguridad “no fue magia” sino inversión pública y método, y agradece al presidente y la exministra Bullrich y a la actual Monteoliva por el apoyo y el trabajo conjunto con Nación.

La división del acto vuelve a expresarse cuando el radical defiende su plan de obras públicas, que es posible “sin corrupción”. Lo aplaude con fuerza el sector oeste provincial y lo sigue en silencio el este, donde está el gabinete federal. Reclama obras de infraestructura a un gobierno nacional que no invierte en ese rubro y dice que “hacemos escuchar nuestra voz porque los santafesinos somos rebeldes”, sobre todo del “centralismo porteño”, recalca y menciona a Estanislo López.

Milei se para y lo espera con una sonrisa. Se acuerda de una vieja promesa que le hizo el gobernador en otro acto.

–Me debés los libros de Estanislao López que me prometiste–le dice el presidente al acusar recibo del final del discurso.

Alan Monzón/Rosario3
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La bifurcación de Milei y su gente

 

Después del juramento a la bandera de los cadetes, aspirantes y soldados voluntarios, la voz oficial anuncia al “doctor Javier Milei” y el mismo sector de militantes cruzando la calle estalla en una ovación. No hay banderas políticas, apenas algunas de Argentina.

El jefe de Estado lee un discurso bastante protocolar del momento en que Belgrano creó la bandera, casi escolar o al estilo Billiken, y resalta varias veces al prócer como “promotor de la libertad”. Su gente parece aburrirse un poco o es más fuerte el deseo de interactuar con él.

–¡Presidente, presidente!

El León, hoy muy tranquilo, saluda pero sigue leyendo. No quiere perder el hilo. A la militancia no le alcanza.

–¡Milei, querido, el pueblo está contigo!

El presidente vuelve a detenerse por la interrupción. Mira hacia el sector más efusivo. Los escucha. Piensa en cómo decir lo que siente.

–Agradezco profundamente sus manifestaciones de cariño pero es momento de homenajear a Belgrano.

Alan Monzón/Rosario3
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Sigue con su discurso escrito. Resalta que Belgrano hablaba de los “enemigos internos y externos”. Hasta que por fin cita al prócer ante sus tropas aquel 27 de febrero de 1812 en estas barrancas: “Decid conmigo, viva la patria”.

–¡Vivaaaa! –replican ahora los militantes que no encontraban cómo sintonizar con su líder.

Después los caminos vuelven a bifurcarse: Milei cita a Adam Smith y las riquezas de las naciones y su gente grita “Cristina es una chorra” o “tobillera, tobillera” y después “Pullaro narco”.

Fin de los discursos. El presidente vuelve a saludar a todos sus ministros y jefes de bloques parlamentarios. Adorni rompe filas y se va. Registra que después de unos pasos no lo sigue nadie y se da vuelta. Se le suma Karina.

La comitiva presidencial se retira y quien aprovecha el vacío es Victoria Villarruel. Habla con todos, besos, fotos. A Pullaro le preguntan los periodistas por su discurso “encendido” y él sonríe satisfecho por su actitud. “Bueno, somos rebeldes”, dice por segunda vez. Enseguida se muestra “contento” y agradecido por la presencia fuerte de todo el gabinete nacional. Su receta parece ser matizar la queja con un reconocimiento.

Ahora la prensa rodea a Villarruel. Confirma que la invitó la provincia, critica la presencia de Adorni y cuenta que se siente “parte de Rosario”. 

Pullaro la espera para ir a tomar la promesa a la bandera. El gobernador explica a Rosario3 que hablar de la igualdad ante Milei no fue casual, que la libertad sin igualdad carece de profundidad y valor.

–¿Esa es la principal diferencia con el presidente?
–Totalmente –responde y de nuevo aparece la sonrisa desafiante.

Alan Monzón/Rosario3
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La promesa

 

Villarruel se acerca a Pullaro y caminan juntos. “Vamos a tomar la promesa”, le dice el gobernador. Suben por la escalera con Javkin. Salen a la explanada repleta de los alumnos de cuarto grado que agitan sus banderitas. Se renueva el rito que realizaron casi 30 mil chicos y chicas desde el miércoles en doble turno.

A las 12 en punto, es la vicepresidenta quien toma la jura y le pregunta a las futuras generaciones si prometen ser leales a la bandera y “a los valores de la libertad, igualdad y solidaridad”. Alguien sembró "igualdad y solidaridad" en esa línea.

Alan Monzón/Rosario3
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–Sí, prometo –reaccionan las tres mil gargantas.
–Viva la patria –cierra ella, de nuevo a pura sonrisa.

Empieza la música de “Menú infantil”. El Monumento es una fiesta de chicos y chicas que bailan alegres, antesala del encuentro popular que se repite cada año.

Alan Monzón/Rosario3
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