Javier Milei no insultó a nadie y eso es noticia. Los discursos oficiales de la celebración del Día de la Bandera fueron de concordia. Incluso el del presidente, que tuvo gestos de respeto y cariño con los otros dos oradores del acto -el gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin- realizado delante del mástil mayor del Monumento. 

El jefe del Estado llegó a Rosario poco antes de las 10 de la mañana. Veinte minutos después ya estaba junto a sus funcionarios, entre ellos el cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la explanada que da a avenida Belgrano, a la que para acceder había que pasar por muy estrictos controles de seguridad. A las 11.06 terminó su discurso leído durante 14 minutos y partió de regreso a Buenos Aires.

Milei habló pura y exclusivamente de Belgrano y las motivaciones que lo llevaron a crear la bandera, casi en tono de acto escolar, de Billiken, pero pasado por su tamiz ideológico. Lo ubicó, prácticamente, como un pionero libertario. “Al recordar a la bandera, también recordamos a su creador. Es recordar al gran promotor de la libertad política y económica de la Nación”, dijo. 

Si bien Javkin y Pullaro evitaron la polémica directa, ambos marcaron diferencias con el jefe del Estado, que habló luego de ellos y no les respondió. El intendente dijo que “estas tierras quieren y merecen ser más escuchadas porque, gracias a su sacrificio, se construye la grandeza de la Nación”. Mientras que el gobernador puso distancia filosófica con Milei cuando recordó que Belgrano unió el concepto de libertad al de igualdad.

El creador de la bandera “veía como tiranos a aquellos que se oponían a que los hombres disfruten de esos derechos que Dios les había dado. Esa idea de libertad e igualdad fundidas en un concepto, inseparables una de la otra, es el legado que nos dejó, que hizo a la Argentina grande”, sostuvo Pullaro. Además, defendió la obra pública, toda una osadía para el líder libertario, y enumeró las inversiones que en ese sentido viene realizando Santa Fe, incluida la del Monumento a la Bandera que incumplió Nación. 

Solo le faltó pronunciar las palabras “justicia social” al mandatario santafesino, que, al igual que el intendente, de todos modos agradeció al presidente la predisposición de su gobierno a coordinar el plan de seguridad, con una mención especial a la ex y a la actual ministra, Patricia Bullrich y Alejandra Monteoliva, ambas presentes.

Hubo una especie de “elige tu propio Belgrano”. Milei vio al impulsor de la libertad económica, Pullaro al que defendía la educación pública y entendía que el crecimiento solo servía si llegaba a toda la sociedad, y Javkin lo tomó como símbolo de unión. 

El factor Villarruel

Hay que decir que si bien en los discursos primó el espíritu de concordia, en la disposición de los lugares para los invitados aparecieron las divisiones. De un lado, el derecho, quedaron los funcionarios y legisladores libertarios, tanto los nacionales como los locales. Del izquierdo estaban los provinciales y municipales de Unidos, con una excepción: la vicepresidenta Victoria Villarruel.

 Villarruel junto a los funcionarios provinciales y locales en la ceremonia de promesa a la bandera (Alan Monzón).
Villarruel junto a los funcionarios provinciales y locales en la ceremonia de promesa a la bandera (Alan Monzón).

Enemistada con Milei, fue invitada por la Provincia y se ubicó del lado de los santafesinos en una silla junto a la titular de la Cámara de Diputados de la Provincia, Clara García. Cosas extrañas de la política de estos tiempos: una mujer de la derecha tradicional, defensora de militares con responsabilidad en la criminal dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, junto a una socialista que toda su vida apoyó los reclamos de verdad y justicia de los organismos de derechos humanos.

Villarruel evitó todo contacto con los funcionarios libertarios y tuvo gestos que remarcaron su enfrentamiento con el presidente: no lo aplaudió ni siquiera cuando terminó su discurso, durante el cual se tapó un par de veces la boca para bostezar.

En cambio, pareció muy a gusto junto a Javkin y Pullaro cuando, con Milei ya en viaje de regreso, fueron al patio cívico a tomar la promesa a la bandera a los chicos de cuarto grado.

El factor Adorni

Otro foco de atención fue Adorni, cuya presencia, sentado al lado de Karina Milei, fue leída como un nuevo gesto de respaldo del presidente. Aunque, en realidad, un día antes le había esmerilado su poder al nombrar un nuevo vocero, una decisión que implica admitir que el jefe de Gabinete es públicamente impresentable.

 El jefe de Gabinete Manuel Adorni junto al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem (Alan Monzón).
El jefe de Gabinete Manuel Adorni junto al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem (Alan Monzón).

Adrián Ravier llega al gobierno con una misión: que se deje de hablar de los escándalos de su antecesor por su enriquecimiento en tiempo récord y se pongan en foco los logros macroeconómicos de la gestión. “Milagro económico”, definió el flamante funcionario este viernes, algo que quizás compartan los sectores ganadores del modelo, como el de la minería, el energético y algunos segmentos de la agroindustria. Pero no los que viven de un sueldo, tienen un comercio o son parte de las miles de pequeñas empresas que cerraron sus puertas desde que asumió el actual gobierno.

Es que la Argentina es un país dual. Atravesado por varias grietas. La política no se reflejó en los discursos del acto del Día de la Bandera, pero sí entre el público, donde la concordia no fue tanta: allí hubo guerra de cantitos, y hasta algunos empujones, entre quienes fueron a respaldar al presidente y los que lo insultaron, que eran menos, pues la movilización de repudio a la visita de Milei, organizada por la Multisectorial sindical, quedó a varias cuadras de distancia.

Cuando todo eso pasó y se levantaron las vallas de seguridad, una multitud bajaba hacia la zona del Monumento para disfrutar de la fiesta popular. Que sí es de todos, como la bandera.