Mucho antes de su trágico final en Brasil. y sin siquiera proponérselo, Jairo Beccaria fue protagonista en 2019 de intensos debates en Rosario por el uso del espacio público. El joven de 34 años era conocido por hacer “slackline” en el semáforo de 27 de Febrero y Corrientes: caminaba y hacía malabares sobre una cuerda tensa. La imagen escandalizó en aquel momento al entonces concejal Carlos Cardozo y abrió el debate sobre los riesgos de esa práctica en medio del tránsito y los límites del arte callejero.
Todo comenzó, en verdad con una confusión del propio edil que tomó el slackline por tirolesa y denunció en X la falta de control municipal al toparse con un slackliner cruzando el arroyo Ludueña. Fue así que se hizo más conocido este deporte alternativo que ya entonces entusiasmaba a unos 150 rosarinos y contaba incluso con una asoaición: de Slackline y Equilibrio Rosario (Aser).
Pero el debate estaba instalado y Jairo –a quien la Guardia Urbana Municipal perseguía por las esquinas– no se quedó callado. "Para hacer arte callejero necesitás permiso, pero para limpiar vidrios u obligar a la gente a pagar por el espacio público no", se quejó en sus redes sociales.
Su escenario principal fue la esquina de 27 de Febrero y Corrientes. Allí, ante la mirada atónita de los automovilistas, tensaba su cuerda entre los postes de luz y realizaba acrobacias durante los 40 segundos que duraba el semáforo en rojo.
Esos malabares eran su sustento y su pasaporte. Después de las acrobacias, se paseaba por los autos con un cartel: "¿Me ayudás a irme a la mierda?". Era su forma de pedir con humor una colaboración para viajar, su gran pasión.
"Viajaba solo a todos lados, de tal manera tenía amigos en muchos países”, contaron familiares a Rosario3. Además, precisaron que Jairo estaba en Brasil hace varios meses. “Era él, su mochila y su escalera para hacer malabares”, lo recordaron.
"El objetivo es sacar el circo a la calle, que todos puedan disfrutar de una pequeña rutina", decía Jairo en 2019. Logró cumplir su deseo de viajar y recorrer nuevos caminos, sin saber que ese mismo espíritu errante lo llevaría años después a un destino fatal en tierras brasileñas.
Hoy, la comunidad de artistas callejeros lo despide recordando no solo al joven que murió lejos de casa, sino al equilibrista que, en medio de las bocinas y el caos de Rosario, se animó a caminar por la cuerda floja para defender su derecho a expresarse.
Los primeros fueron los de la Cámara de Titulares de Salones de Peluquería y Afines de Rosario, quienes publicaron en Facebook las condolencias por la muerte de Jairo, hijo de una reconocida peluquera de la ciudad, Jorgelina Sacks.



