Este lunes de comienzo de febrero, cuando todavía no comenzó la vorágine del ciclo escolar y las actividades curriculares, un ritual se llevará a cabo en las orillas del Paraná, junto a Caracolas, antes que desaparezca el sol. Es el Día de los Humedales, pero también es el de Yemanjá, la diosa orixá de los mares y la fertilidad, a la cual centenas rinden homenajes en las costas de varias playas bahianas.

Entre las 18 y las 20, el colectivo de danzas africanas Iró Baradé comienza el ritual de la etnia Yorubá. Lo hace cada año, desde 2006, de forma autogestiva, y con los años la ofrenda fue creciendo con la participación de muchos rosarinos. Es un ritual convocante para conocer esa cultura y vivir un momento de conexión con lo natural, de convocatoria abierta y gratuita.

Llevan frutas, dulces y flores para ofrendar a la diosa (piden no llevar nada que sea de plástico para no contaminar el río) y sugieren que los asistentes vistan de blanco y/o celeste que son los colores de la deidad, para respetar a los creyentes.

Lali Corvalán es una de las organizadoras desde los comienzos, tras años de explorar en las danzas afro en Salvador de Bahía. Compartió con Rosario3 cómo nació este ritual, sobre el cual asegura, ya se volvió tradición. Describió algo sobre el momento especial que viven los asistentes cada 2 de febrero: “La gente se va sumando a la ronda, cantan o tocan percusión y se va agrandando la ofrenda, que queda en el medio de la ronda, y los cantos van guiando los diferentes momentos. Luego se hace una gran ronda de capoeira organizada por el grupo Projete Liberdade y otros grupos invitados como TMA de capoeira angola con sus ritmos. Y, finalmente vienen los umbandas, quimbandas y africanismos que profesan esas religiones iorubás de Rosario. Llegan con una gran batucada, a despedir las ofrendas que se van hacia el río con velas encendidas". 

 Muchos chicos participan del ritual con carteles, danzas y percusión.
. Muchos chicos participan del ritual con carteles, danzas y percusión.

Es un momento de unidad en el que participan muchos niños, destacó y continuó narrando: "Subimos las ofrendas a una embarcación y nos quedamos ahí en un momento de contemplación y más íntimo porque los tambores quedaron allá en la arena, y finalmente las ofrendas navegan por el Paraná hasta desaparecer de la visual”.

La entrevistada habla desde la experiencia de la exploración, pero también desde la disciplina, como especialista en estudios culturales afroamericanos. Ella es magister en Danza y Doctora en Comunicación. Estudió en la UNR, y fue durante esa etapa de estudiante que comenzó siguiendo su inquietud.

El colectivo del cual forma parte, Iró Baradé, tiene 21 años de vida, y es el que instaló la costumbre de celebrar a Yemanjá. Coordinado por Lali Corvalán y Betina Pellegrini, y con Germán Bluhn a cargo de la percusión, comenzó siendo un grupo de jóvenes universitarias que en 2004 buscaban expresarse y encontraron en la cultura afro una práctica que las convocaba. “Nos preguntábamos por el sentido de esa práctica dentro de nuestra cultura rosarina, y comenzamos a participar, por ejemplo, en la marcha del 24 de marzo con la danza”, destacó.

Rosario alberga diversos grupos que practican manifestaciones afro-brasileras y buscan modos de adaptar a nuestro contexto las costumbres y los ritos de esta cultura. “Desde hace dos décadas, estos grupos organizaban el día de la conciencia negra, en el marco de muchos otros movimientos sociales y artísticos del 2000. El ancla que le encontraron las Iró Baradé fue justamente desde el vínculo con el río Paraná, y en ese sentido, comenzaron a realizar la celebración a Yemanjá cada verano, desde el 2009.

“Muchas del colectivo viajamos varias veces a Bahía y pudimos vivenciar las fiestas de los candomblés, y eso nos descolocó. Son fiestas religiosas atravesadas por el canto y el cuerpo que está en movimiento. Hay un llamado cuando suenan esos tambores y cuando bailás de esa manera, esto de sacudirse el espíritu en lo ancestral. Pero nuestro colectivo se siente interpelado desde la cultura occidental más racional, con cierta incomodidad”, aseguró.

 Las ofrendas se colocan en el centro del ritual donde se baila y canta, para luego llevarlas al río.
. Las ofrendas se colocan en el centro del ritual donde se baila y canta, para luego llevarlas al río.

Los orígenes de la diosa de los mares
 

El culto a la diosa Yemanjá empieza en Salvador de Bahía (Brasil), donde los africanos que habían arribado esclavizados, se escapaban a los quilombos, donde se daban muchas prácticas culturales brasileras, como el samba, la capoeira y el sistema religioso del candomblé. Después se difundió masivamente y se popularizó en el resto de América, por las mismas etnias africanas esclavizadas que llegaron a Bahía y que después se diseminaron. 

Al norte llegaron hasta Cuba, y al sur por todos lados: Colombia, Uruguay, y en Argentina llegaron a Chaco, Corrientes (donde se mezcla con la iglesia y está la fiesta de San Baltazar), “incluso a Rosario”, destacó la especialista.

Las orixás son las muchas divinidades a las que rezan estas religiones, y son de diversos arquetipos de la naturaleza. De todos los orixás, Yemanjá es la diosa del mar y de la fertilidad. En torno a la etimología de su nombre, en la tradición iorubá de Nigeria, Yemọjá es originalmente la deidad de los ríos, y sale puntualmente del río Ogún. Su nombre deriva de Yèyé omo ejá (madre cuyos hijos son peces), y es la divinidad de los Egbá, una nación iorubá establecida otrora en la región entre Ifé e Ibadan, donde existe aún el río Yemojá. Los esclavos traficados a Bahía trasladaron esa creencia: “Inmensa y poderosa en sus movimientos, la diosa africana fue transformada en mar”.

La referente de Iró Baradé precisó entonces que “en Bahía, en todos lugares que hay mar se celebra cada año, en agradecimiento por aquello que provee el alimento. En las ciudades costeras que se alimentan es de peces. Entonces, se trata sobre agradecer, y ofrendar a Yemanja para que haya peces, y para que los pescadores vuelvan a sus casas y no se los trague el mar”. 

Las bailarinas de Iró Baradé hacen sus danzas en el comienzo de la jornada en la Rambla Catalunya. 
Las bailarinas de Iró Baradé hacen sus danzas en el comienzo de la jornada en la Rambla Catalunya. 

“Como gran parte de la sabiduría africana se transmite de forma oral, a través de ritos, cantos y danzas, Yemanjá manifiesta los distintos estados del mar en sus movimientos. Altiva, con gestos amplios y ondulados, su danza es una ola inmensa que abraza la arena y se lleva todo lo que está en su orilla para luego volver a entregar sus tesoros con la misma intensidad. Yemanjá no conoce límites, debe inventarlos, así como el mar lo hace con boyas y faros. Su energía se mueve de forma horizontal y cíclica, a veces sobre la superficie moviendo la espuma blanca y a veces se sumerge en las profundidades del océano, entre la calma y la bravura. De senos inmensos y mirada frontal, Yemanjá se entrega feliz a la tarea de criar hijos, suyos y ajenos. Madre creadora y criadora, nos enseña a lidiar con aquellas relaciones donde nos entregamos por enteros, sin piel de por medio. Una hija, un trabajo, un amor, un proyecto. Yemanjá protege, cuida y alimenta no sólo a sus hijos biológicos, sino a todo aquel que procura ese cuidado”, expresó la referente.

Sobre la experiencia cada año en las orillas del Paraná


 

Lali Corvalán transmite entusiasta la experiencia de más de 15 años de rituales en la costanera norte, cada 2 de febrero, junto a íntimos y desconocidos: “Es todo muy hermoso, como un lugar de encuentro, pero además un lugar donde la ofrenda ya es estar presente, bailar y cantar. Nosotros llevamos alguna serie de cantos fáciles de seguir. Hace tanto venimos celebrando y la gente sabe que lo hacemos esta fecha y se suma cada año”.

Como se trata de una diosa de la fertilidad, apuntó que muchas veces van mujeres que buscan embarazos, o a agradecer por su maternidad, que tienen una relación maternal con su vida, en un ritual donde el cuerpo está muy presente, y donde cada uno le encuentra muchos sentidos.

Como parte del colectivo organizador, aclaró: “No somos religiosas, pero respetamos que muchas de las personas que participan lo son, y por eso pedimos que los asistentes vengan de blanco y celeste que son los colores de la diosa, para respetar a los creyentes”. El encuentro, aseguró finalmente, permite anclar la práctica de Iró Baradé de danzas afro con la naturaleza, con el aquí y ahora.