“¿Cómo hacen las lombrices para respirar debajo de la tierra?”, fue la pregunta que le hizo uno de sus mellizos de 5 años a la investigadora en Educación Melina Furman mientras jugaban en el jardín. Con esta frase inició su charla en TEDxRíodelaPlata, en donde explicó que ese tipo de disparadores, que a veces descolocan a padres y maestros, son justamente las ventanas de oportunidad hacia la conexión de los niños con el amor por aprender.

 “Los chicos viven haciendo preguntas de este tipo pero las pasamos de largo. Tenemos que repensar cómo se construye el vínculo de los chicos con el conocimiento y cómo se gesta su amor por aprender”, expresó la investigadora.

Furman, que además es bióloga, doctora en Ciencia de la Educación de la Universidad de Columbia (EE.UU) y profesora de la Universidad de San Andrés, hace 20 años que se dedica a estudiar la formación del pensamiento en los niños y en los jóvenes, en particular el pensamiento científico: “Cómo se aprende esta manera de pensar curiosa y al mismo tiempo rigurosa que tiene la ciencia y cómo eso nos puede servir para la vida”.

“A medida que se hacen más grandes los chicos van siendo menos curiosos pero hay mucho que se puede hacer para mantener encendida esa chispita de querer aprender, sobre todo mostrándoles que aprender es algo apasionante”, expresó la investigadora.

Enseñar a pensar

La doctora en Educación sostiene que en las escuelas estamos enseñando a los niños “a no pensar” y esto se debe en parte a que a veces el aprendizaje se traduce en poder repetir cosas que uno no entiende del todo. 

El alumno muchas veces siente que no aprende para él sino que aprende para otro, para aprobar una materia, para cumplir con la escuela; está disociado el aprender con el deseo. No logran conectarse con las grandes ideas y las grandes preguntas”, explicó la especialista en Educación.

Consultada  respecto a cómo hacer para motivar el aprendizaje de la ciencia, Furman sostiene que lo importante es pasar de enseñar los resultados a través de un “conocimiento fáctico, inerte”,  a enseñar procesos:

“Se sigue enseñando como hace mucho tiempo: uno es dueño de cierta información, se la traspasa a otro y ese se la devuelve a través de una prueba.  Hay mucho énfasis en el producto de la ciencia, en los conocimientos acabados. Falta la ciencia como proceso, como una manera de investigar, de llegar al conocimiento. Eso es lo apasionante: cómo se sabe eso, quién lo investigó por primera vez, qué experimentos hizo, qué cosas podemos hacer nosotros para comprobarlo. Hay toda una dimensión más de investigar en la escuela que es algo que se viene haciendo de manera masiva en Argentina que hace que los chicos reconecten con el deseo, que lo aprendan porque tienen ganas no porque se lo van a tomar”.

La investigadora explica que esa forma de enseñar hace “que la ciencia se vuelva más humana, que no sea algo que se sabe mágicamente,  sino reconocer que es producto de gente que estuvo rompiéndose la cabeza muchos años, discutiendo con otros, yendo para atrás, para adelante. Esto tan aventurero que tiene la ciencia es un pecado no transmitirla, porque lo hace objeto de disfrute. Esto puede hacerse en la escuela, no es una utopía”.

“Cuando docentes y alumnos  se ponen en situación de investigadores, indagan, experimentan, juegan, realmente se logran cosas espectaculares”, agrega Furman.

 

Educar mentes curiosas

“El modo de pensamiento preguntón, curioso y que busca constantemente evidencias de lo que pensamos es muy potente para cualquier camino que vamos a seguir”, así sostiene la bióloga y es lo que plasma en su  libro Educar mentes curiosas  que escribió en el marco del Foro Latinoamericano de Educación organizado por Fundación Santillana y que se enfoca en la tarea docente. 

“El libro habla del pensamiento protocientífico que viene con nosotros desde que somos muy chicos. Hay muchos estudios que comprueban que los niños tienen un tipo de pensamiento basado en la evidencia. Se analiza además cómo llegan a la escuela con ciertas concepciones del mundo que los rodea, que a veces son correctas y otras veces no, y cómo enseñar para acompañar ese proceso de formar mentes científicas”, explica la investigadora.

Otro aspecto que aborda el libro es el rol de la tecnología como hermana de la ciencia y de la importancia d. formar pensamiento tecnológico, ligado a la resolución de problemas.

Aprender desde casa

La familia tiene mucho para hacer para que no se mueran las preguntas de los chicos”, expresó Furman y sostiene que la casa es un lugar importante en donde debe gestarse el amor por aprender. “Hay que aprovechar para investigar juntos. Hoy la tecnología nos permite eso, poder acompañarlos en el camino del conocimiento”.

Una de las cuestiones que resalta la bióloga es que para sembrar esa pasión no hace falta saber: “Aunque uno no sepa tanto de ciencia siempre es posible ponerse a investigar con los chicos, sobre todo porque en internet hay mucho para aprender con ellos”.

A mitad de año, Furman va a publicar su nuevo libro de la editorial Siglo XXI que se llama “Guía para criar hijos curiosos”, dirigido a padres, el cual propone pensar qué podemos hacer en casa con los chicos para formarlos para la vida, no solo en ciencia sino cómo ayudarlos a aprender a aprender, cómo concebir su inteligencia, cómo acompañarlos a que tengan una mentalidad del esfuerzo y no del talento.