Fernanda Blasco
Cuando una pasión es verdadera, no la detiene la lluvia. Aunque el gris del cielo llamaba a la siesta, un grupo de fanáticos del helado aceptó este domingo por la tarde una original invitación: embarcarse en una inédita "excursión del helado artesanal". Debido a que algunas actividades previstas más temprano debieron suspenderse por mal tiempo, la travesía resultó el primer plato del menú de actividades de la cuarta edición de la Semana Gastronómica, que durante ocho días pretende acercar a grandes y chicos al mundo culinario a través de charlas, degustaciones y clases magistrales, además de visitas y propuestas especiales en restaurantes.
Fernanda Indorado, del Ente de Turismo de Rosario (Etur), que organizó la actividad junto a la Cámara del Helado Artesanal (Cicha), remarcó que los pasajes para este "dulce camino" se agotaron en tiempo récord. Era poco lo que se develaba antes de sacar el pasaporte: había que aceptar el misterio. En nombre de su pasión por el helado, todos lo hicieron.
"No sabemos bien de qué se trata, ni idea", admiten Yanina y Francisco, de barrio Ludueña, mientras miran nerviosos a sus compañeros de viaje. Leonor, una marplatense de visita en la ciudad, también está intrigada. "Acabo de enterarme de que Rosario es la capital del helado artesanal", remarca con sorpresa. A su lado, Julieta, Macarena y Matías, tres estudiantes de gastronomía, esperan ansiosos y leen un folleto en busca de pistas.
Primera parada: una familia apasionada
El punto de encuentro del grupo es la esquina de Urquiza y España. Y hay una razón. Hace cuarenta años que allí funciona Copacabana, una de las heladerías más tradicionales de la ciudad.
La dueña, Esther, comienza a acercar sillas para que ningún viajero tenga que quedarse parado mientras arranca, allí mismo, la primera actividad. A modo de iniciación, se devela la esencia del helado artesanal. Un helado que busca capturar "el verdadero sabor", ser fiel a los ingredientes originales, sin conservantes ni esencias, con recetas únicas y muchas veces guardadas bajo llave.
Mientras tanto, Walter, empleado desde hace 18 años en el local, prepara conos de múltiples colores para repartir entre los viajeros, que prueban felices cualquier gusto que se les ofrezca y comparan su sensación con la mesa vecina. "El chocolate siempre está primero" en el ranking, remarca Walter. El de la casa, se propone con nueces y frutillas. "Segundo el dulce de leche y tercero la frutilla", completa.
A su lado está Marcela, hija de los propietarios, quien cuenta orgullosa que su familia lleva "el helado en la sangre". Tras derribar el mito de que en familia de heladeros se prefieren otros dulces, admite que toda la vida la apasionó el helado y que siempre está presente en encuentros y festejos. Sobre el helado industrial opina: "Es un postre, el verdadero helado es el artesanal". Y muestra pequeños bombones de helado y cubanitos rellenos, dos de las especialidades de la empresa.
Vamos de paseo: Rosario, capital del helado artesanal
Ya instalados en la combi y con ánimo de viaje de egresados, los fans del helado escuchan atentos las explicaciones de Jorgelina Martín, representante de Cicha, quien fundamenta el hecho de que Rosario sea "la capital del helado artesanal". Cuenta que hay más de 70 fábricas en la ciudad, pero que también hay mucho consumo. Los rosarinos toman entre 8 y 9 litros por persona al año, cuando la media se encuentra entre los 4 y los 5. "Es que acá tomamos todo el año", interrumpe uno de los participantes de la excursión. El resto coincide en que poco importa el clima.
Luego se habla de la Fiesta del Helado Artesanal que se hizo por primera vez el año pasado en el Parque a la Bandera y que se volverá a hacer en octubre. Entonces se cuela un chiste sobre la posibilidad de invitar a una reconocida empresa que ofrece helados industriales. "Seguro no hay más espacio, una lástima", ríen desde el fondo de la combi. Queda claro que el grupo es fanático del helado artesanal. "Si les gustan los artesanales, esperen a probar los helados gourmet", anticipa Jorgelina. A muchos les brillan los ojos.
Segunda parada: los hermanos gourmet
Precisamente, los helados gourmet son la especialidad en Marbet, de Pellegrini y Sarmiento, siguiente parada en el tour y una de las empresas más "jóvenes", creada en 1985. Carlos, el dueño, detalla que la compañía fue iniciada por sus dos hermanos Mario y Betina: el bautismo fue resultado de la fusión de ambos nombres. Hoy, los dos trabajan con heladerías en Venezuela y Carlos es el único que se quedó en el país.
Los viajeros se acomodan en unos sillones rojos ubicados en el fondo del local y alteran la paz dominguera que hasta entonces reinaba en el lugar. Pronto se enterarán de que la línea gourmet fue una creación del chef rosarino Marcelo Megna, convocado en la década del 90 para lograr sabores únicos en los helados. El resultado está a la vista (o, para ser más exactos, al gusto): se pueden elegir chocolates gourmet "puros e intensos" acompañados por trozos de chocolate o cascaritas de naranja confitadas. También hay sambayón italiano, capucchino caramelo, mousse de maracuyá y caipiroska. La lista es eterna y la degustación también. Algunos se pelean por probar los chocolates, otros intentan adivinar lo que tiene su vasito, con más o menos suerte. "Riquísimo". "Celestial". "Raro, no adivino". "Quiero otro". Nadie se queda callado.
"A la semana de ser elaborado, el helado artesanal tiene que desecharse porque pierde textura, se vuelve arenoso, cambia el sabor. Por eso no se pueden tener franquicias, nadie te asegura que haga lo mismo que vos", resume Carlos. La tarea es compleja: "Para lograr un balde de 7 kilos de sambayón hay que romper 90 huevos. Y la técnica para elaborar este gusto tiene que ser muy precisa", gráfica. Para él, no hay competencia con los helados producidos en forma industrial: "El público es distinto", analiza.
Sofía y Hugo, detrás del mostrador, confirman que todos los clientes "piden las variedades gourmet" y aseguran que el ganador de todos los días es el chocolate en todas sus versiones, desde el más simple hasta el más top.
Tercera parada: con nombre de mujer
Tras otro breve viaje en combi, en donde se devela que la crema del cielo tiene apenas un ingrediente diferente de la americana (pero es clave ya que le altera gusto y color), el grupo llega a la última parada de la excursión: la sucursal de Esther ubicada en bulevar Oroño 52. Allí los espera María Fernanda, responsable junto a su hermano de la heladería. La mujer aclara que Esther, en realidad, era la hija del primer dueño, que tuvo pocos años el negocio y que luego la compañía pasó a su padre. Pero el nombre ya estaba puesto y era asociado al helado. Por eso quedó.
"Yo tengo 43 años y esto empezó mientras yo estaba en la panza de mi mamá. En un garage, en calle Ovidio Lagos", revela la empresaria, quien ahora es la responsable administrativa de la empresa, mientras que su hermano se focaliza en la producción. "Siempre brindamos un helado puramente artesanal. Nos vienen a ofrecer a veces productos más económicos pero los rechazamos. Buscamos calidad, diferenciarnos", plantea. Las especialidades de la casa son varias, entre ellas el chocolate alpino (amargo, con merengue y dulce de leche), el super sambayón y la americana hecha con leche condensada. Sin embargo, el gusto más pedido es otro: el dulce de leche granizado. También son famosos por sus postres helados: por ellos hay que hacer cola en Navidad. "El proceso de producción es igual que si alguien lo hiciera en su casa. Uno a uno. Bien artesanal", destaca.
Mientras escucha atento, el grupo degusta una nueva selección de sabores. Aunque algunos se quejan de que "no tienen lugar", la realidad es que ninguno rechaza las muestras de helado que una atenta empleada va dejando sobre la mesa. E incluso hay segunda tanda "de lo que cada uno quiera probar", anuncia María Fernanda. Extasiados y empachados, algunos (créase o no) se animan a más.
Fin de viaje: panza llena, corazón contento
El grupo de desconocidos que comenzó viaje hace dos horas entró en confianza y se trata como amigos de toda la vida. Aunque ya pasaron las dos horas que, se anticipaba, duraría la excursión, son varios los que se quedan hablando en la puerta de Copacabana, a donde retorna la combi para concluir viaje, pasándose datos y consejos de buenos fans del helado. "Probá el almendrado de Río". "No te pierdas la crema Smart". Una pareja asegura que quiere volver a hacer el tour, que el próximo sábado tendrá una nueva edición. Mientras algunos piensan en tomar un medicamento para aliviar el dolor estomacal generado por tanta delicia, otros sorprenden al anunciar lo impensado: van a entrar a Copacabana para llevarse "algo de helado a casa". Y no es chiste.


