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Vida sana sin violencia

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Hablar de paz y bienestar a nivel familiar y aún en la sociedad, nos recuerda a Mahatma Gandhi, líder del movimiento de la Independencia de la India, y pionero de la filosofía y la estrategia de la no violencia.

Entre los pensamientos que expresó dijo que “La no violencia es la fuerza más poderosa que hay a disposición de la humanidad. Es aún más poderosa que el arma más compleja de destrucción ideada por la ingenua capacidad del hombre”.

La escritora norteamericana Mary Baker Eddy, defensora del tratamiento mental como una de las herramientas para erradicar cualquier forma de violencia, declaró: “Estar consciente permanentemente de obrar mal tiende a destruir la capacidad de hacer el bien”.

Hoy en día es muy común hablar de la violencia en muchos aspectos. Uno de ellos, la violencia de género, del hombre hacia la mujer y viceversa.

La Organización Mundial de la Salud  (OMS), considera que “estas formas de violencia pueden causar varios problemas, incluso depresión, sufrimiento emocional e intento de suicidio. En el mencionado estudio se observó que las mujeres que han sufrido violencia de pareja tenían casi el doble de probabilidades de padecer depresión y problemas con la bebida. La tasa fue aún mayor en las que habían sufrido violencia sexual por terceros”

 En otro sentido, la violencia puede influir en la salud mental cuando una persona cree que su seguridad individual está en peligro, aún dentro de su propia casa.

Muchos se sienten presos mentalmente por el miedo a ser víctimas de la violencia y el abuso.

 

Entre las formas de violencia están también las situaciones de acoso, intimidación o victimización, como por ejemplo, cuando el alumno está expuesto a acciones negativas que llevan a cabo otros compañeros, como el caso del bullying.

Una vida sin violencia y sin miedo significa una vida sana con expectativas normales de bienestar, de paz y de encontrar coincidencias y no diferencias entre unos y otros.

Esto contribuye a una sociedad libre y satisfecha, donde no haya un temor latente que genere desarreglos desde lo mental a lo corporal.

Los pensamientos serenos, afirmados en el bien, pueden establecer la salud y el orden en una comunidad, incluso una nación.

La paz no es algo que se reclama en la actualidad sino desde los tiempos más remotos. El Rey David, 1000 AC, envió mensajeros a Nabal, quien no estaba bien conceptuado por el pueblo por ser “hombre duro y de malas obras” pero, sin embargo le anunciaron: “Sea paz a ti y paz a tu familia y paz a todo cuanto tienes”.

No dejarse invadir por sentimientos de venganza o represalia es de gran ayuda para cimentar una sociedad libre, donde se cultive una actitud compasiva y no llevada por impulsos irracionales entre sus habitantes.

Unidad, hermandad y respeto son eslabones de una misma cadena: una sociedad segura de lo que anhela y necesita, no motivada por el odio, la discriminación o condición social.

 

La autora escribe acerca de la salud y el bienestar desde una perspectiva espiritual, e integra el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en Argentina.

e-mail: Argentina@compub.org

Twitter:  @elisantangelo1

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