José María Muscari grabó un video para reflexionar sobre el trato a las empleadas domésticas. El director de teatro, compartió su sorpresa por la cantidad de mensajes de agradecimiento que recibe cada vez que muestra en sus historias a Yani, la encargada de ayudarlo en el hogar, y a Ana, la cocinera. Por ese motivo, dejó algunas preguntas para repensar el trato social. 

“Hay algo que me llama mucho la atención y es el concepto de que la gente me agradece por cómo trato a mis empleadas”, relató Muscari. Acto seguido, explicó que cada vez que comparte imágenes junto a Yani o Ana, sus seguidores le envían mensajes como: “Gracias por cómo las tratás”. Su reflexión es directa: “¿Cuál es la otra opción? ¿Sería tratarlas cómo?”.

“Yani me ayuda con la casa hace años y es de absoluta confianza. Ana me prepara las comidas para mí y para mi hijo, o sea que es parte fundamental de mi alimentación. Las dos ingresan a mi casa, están con mi hijo, están conmigo, están con mi familia, comparten mi cotidiano. ¿Qué opción habría de no tratarlas bien?”. Su planteo invitó a repensar por qué la sociedad destaca algo que, para él, debería ser lo normal.

El video no sólo generó comentarios positivos, sino que, según relató, abrió la puerta a decenas de mensajes en los que sus seguidores le narran situaciones opuestas. “Es impactante la cantidad de gente que me agradece por ver eso y lo añoran y me comparte que en sus trabajos reciben maltratos, destratos, malos pagos, injusticias y falta de empatía”, escribió el director en el texto que acompaña su video.

“Evidentemente, esto me da la señal de que está bastante naturalizado el concepto de que cuando uno contrata a una persona para que te ayude en lo que sea y vos estás en la posición de pagar, evidentemente está naturalizado el maltrato, porque si no sería rarísimo que le llame la atención que las trato bien, entre comillas”, sostuvo. 

Más adelante, preguntó: “¿Tratar bien a la gente que trabaja en tu casa desde cuándo es un mérito?”. Acto seguido, recordó escuchar a su mamá sufrir por el destrato de personas cuando trabaja en casas ajenas. “Recuerdo con angustia escucharla llorar al volver de trabajar y contarle a mi papá cómo la trataban”, rememoró y sumó: “Algo de eso, pregnó en mí y evidentemente lo que me es natural es lo opuesto; por eso me llama tanto la atención leer que sigue tan instalado el desamor en los trabajos”.