Este mes se cumplen cinco años del fallecimiento de Sofía Sarkany, la hija del reconocido diseñador Ricky, por cáncer de útero pocos días después de que ella se convirtiera en mamá de Félix, su primer y único hijo. En ese contexto, sentado en la mesa de Juana Viale, el empresario contó cómo la muerte de ella cambió la forma de vivir de él.
“¿Cómo seguís? Además de todo el amor de tus hijas en tierra también....”, lanzó Juana, abriendo la puerta a un intercambio tan emotivo como profundo. “Sabés que la gente te dice sobre cómo sigue la vida. No sigue la vida, es otra vida”, respondió Sarkany, sin rodeos.
“Eso es la vida que se presenta, de la cual uno no podría afrontar si no tuviera la familia que tiene y los amigos que tiene. Imaginemos un mundo real que estamos viviendo y un mundo sensorial, y que las personas que suelen estar acá pudieran estar viéndonos. ¿Cómo les gustaría vernos? ¿Angustiados, llorando o sonriendo y mirando y recordando con mucha alegría?“, se preguntó Sarkany. ”Siempre cuento también lo de transformar el dolor más grande en el recuerdo más hermoso. Y saber que la vida es un camino, no es un principio y un final. Hay gente que dura una cantidad de años y otra gente que lo vive. Es transcurrirlo y transcurrirlo con sentido”, explicó el diseñador.
“Ese sentido es disfrutar. Si ves una foto de cualquiera de nosotros en la familia, siempre vamos a estar sonriendo. Siempre. La verdad, es gratis sonreír. Es lo más lindo que puede haber”, compartió, mientras Juana asentía y le recordaba que también hay momentos en los que es necesario duelar.
“Claro que hay un duelo tremendo. De hecho, yo alguna vez lo conté: estuve un mes sin salir de casa. Y uno piensa, «Tengo que curar este dolor, tengo que curar este dolor». Y la única forma de curarlo es tirándose por un balcón. Obviamente, eso es una cosa totalmente loca y egoísta, porque le trasladás el dolor a otro. Sino que hay que afrontarlo, y afrontarlo justamente con la gente. Ese dolor es algo que a uno lo parte al medio”, contó con total sinceridad.
Y sumó: “Sofía significa sabiduría. Sabemos que no está acá y que no la podemos abrazar ni darle besos, pero nos dejó un legado. Nos dejó muchísimas cosas que la gente cuenta y uno las mira con incredulidad, pero pasan. Esto de las señales, de las cosas que uno dice que son casualidades. Y yo aprendí que las casualidades no existen. A Sofía yo la siento que está acá con nosotros, está en el corazón. Mis hijas, mi mujer y mis amigos nos ayudaron a seguir adelante y sabemos que, como decíamos con Sofía, lo mejor está por venir”.
El diseñador también reveló detalles conmovedores sobre los últimos meses de su hija y el nacimiento de su nieto, Félix. “Sofía se fue y nos dejó escrito ciertas cosas que quería y de hecho pasaron muchas maravillosas”, aseguró el diseñador. “Tal vez por los tiempos de la enfermedad, tuvo un encuentro con Tommy, cuando ella estaba ya transcurriendo la enfermedad, decidieron tener un hijo por vientre subrogado. Ella tal vez no iba a poder tener la posibilidad de verlo. Sin embargo, nació, estuvo con Félix, durmió con él, a la semana nos dejó”, agregó.
“Pero hoy estaríamos diciendo: «Lo único que hubiese querido es que lo hubiera visto». Lo vio. Y después ciertas cosas que pasaron que uno dice: «Si son casualidades, como yo lo pensaba antes, ahora le encuentro un sentido al mundo espiritual»”, confesó. La conversación giró hacia el sentido de la vida, la muerte y el legado de quienes ya no están. “No podemos afirmar que hay un mundo espiritual, pero tampoco podemos negarlo”, reflexionó Ricky.
“Si estamos acá es por algún motivo. No sabemos cuál es el motivo, pero si una de las cosas es disfrutar. Así que es el mayor de los recuerdos, el más lindo. La llevamos en el corazón, fueron las mejores enseñanzas que tuve”, dijo y agregó: “Podía haber dos maneras de verlo. Sofía se fue muy joven, a los 33 años. Uno puede decir: «Maldigo el momento que pobre tan joven». Pero si hubiese vivido 40, era muy poquito, cincuenta era muy poco, sesenta era muy poco".
Y justificó su pensamiento, afirmando que “los padres no estamos preparados para que se altere la ley de la vida. Los padres nos tenemos que ir antes, pero para los chicos nunca son suficientemente grandes para no sentirse como un chico cuando se van los papás”. En ese sentido, Sarkany cerró: "Tal vez vino justamente para dejar este mensaje de amor, ser, en el caso nuestro, privilegiado de haber vivido treinta y tres años con ella, maravillosos. Si la vida se midiera en años, son muy pocos. Si la vida se mide en momentos, es maravilloso”.



