Un hombre que fue detenido por haber mantenido privada de la libertad a su pareja durante 22 años en Rosario seguirá preso y la pena podría ser mayor, ya que se agravó la acusación en su contra por abuso sexual.

El caso tuvo lugar en barrio Cura y la víctima logró escapar de la vivienda el pasado 8 de mayo, en un descuido de su captor. Esta semana, la Justicia prorrogó la prisión preventiva para el imputado, identificado como Oscar R., de 57 años.

La audiencia de revisión de medida cautelar fue en el Centro de Justicia Penal, solicitada por la fiscal Luciana Valarella, de la Oficina de Violencia de Género, que atribuyó al hombre haber abusado sexualmente de la víctima en reiteradas oportunidades, solicitando la extensión de la encarcelación.

El juez de Primera Instancia Juan Dónnola aceptó la calificación presentada y dictó que continúe la prisión preventiva efectiva hasta la finalización de la audiencia preliminar, informaron fuentes judiciales.

Oscar R. está imputado ahora por los delitos de privación ilegítima de la libertad y abuso sexual con acceso carnal, cometidos mientras retuvo en su vivienda de calle Santiago 3500 a una mujer de 43 años con quien mantenía una relación de pareja, en contra de la voluntad de ella y ejerciendo violencia durante un periodo prolongado de tiempo.

La víctima logró huir de la casa donde estaba encerrada y aislada del mundo, al aprovechar que el captor estaba descompuesto en el baño y olvidó trabar con candado la puerta de la vivienda. La mujer se tomó un taxi hasta una estación de servicio de Pellegrini e Italia. Y su captor fue detenido 20 días después en su domicilio.

Violencia de todo tipo

Siempre según los datos de fuentes judiciales, en los primeros meses de la relación la mujer fue víctima de violencia de género. Fue golpeada y hostigada psicológicamente. La familia quiso intervenir, pero el hombre se la llevó "violentamente a su casa" y no le permitió volver a tener contacto con sus seres queridos.

Durante los primeros años, el agresor habría tenido a la mujer encadenada a la cama y la amenazaba con lastimar a su hijo y a su familia si intentaba escapar. No la dejaba ir sola a ningún lado. Cuando salían, para ir a la verdulería o al supermercado, siempre la acompañaba. Incluso llegó a cambiarle el nombre, raparle la cabeza y obligarla a usar ropa de hombre para que no la reconocieran por la calle.