En la tarde del viernes, horas después del crimen del policía federal Rodolfo Manfredi en Villa Banana, personal de esa fuerza encabezó una treintena de allanamientos en el sector más caliente del asentamiento, con resultados escasos. Se reportó el secuestro de drogas y armas en un domicilio cercano al lugar del hecho, en la zona de Gálvez y Gutenberg, y la detención de un tal Costra, quien sería el soldadito que hurtó el arma de la víctima fatal, aunque la pistola no apareció.
Parte de los objetivos de la redada fueron viviendas precarias que tiempo atrás estuvieron vinculadas con los transeros Sapo Saravia y Leo Rey –padre e hijo– que hoy purgan condenas en presidios federales. Al mismo tiempo, desde la Fiscalía federal de Rosario tomaron testimoniales a distintos policías para establecer qué ocurrió el jueves por la noche.
Según supo este diario, en la tarde del viernes la PFA incautó dos revólveres viejos calibres .22 y .44, una pistola Bersa .22, más de cien cartuchos de distintos calibres y unos 200 gramos de cocaína –en parte fraccionada– en un domicilio de Gutenberg entre 27 de Febrero y Gálvez, no muy lejos de donde mataron a Manfredi e hirieron de gravedad a su colega Emilio Gómez Villafañe.
El detenido es Mario Ezequiel P. (25), alias Costra, apuntado como quien hurtó el arma de Manfredi momentos después de que cayera muerto. Respecto del homicida, hay nombres en danza, pero un integrante de la fuerza reconoció que era de esperar que “se hayan guardado” yéndose de Villa Banana. La causa está a cargo del fiscal federal Matías Scilabra, pero también colabora el Ministerio Público de la Acusación.
En tanto, el fiscal regional Matías Merlo reconoció que tanto el hombre baleado que esa noche ingresó al Heca como su hermano, que lo trasladó al centro de salud y fue aprehendido junto con él, podrían ser ajenos al hecho. El viernes al mediodía, antes de los allanamientos, los vecinos de Villa Banana insistieron al móvil de El Tres que ambos demorados no integraban el grupo que disparó contra Manfredi y Villafañe y que son inocentes.
Aunque las autoridades ensayaron una versión oficial sobre lo ocurrido esa noche, aún no está del todo claro qué hacían los dos federales sin chalecos antibalas ni uniforme en un sector donde suele haber soldaditos armados. Los efectivos, se supo, estaban afectados a la División Unidad de Despliegue Móvil (UDM), cumpliendo tareas preventivas para el Plan Bandera, y no participaban de un allanamiento, ni tampoco eran detectives de civil con experiencia en el territorio.
Un audio de WhatsApp de una integrante de la PFA que –a su pesar– se viralizó aportó una versión de lo que ocurrió el jueves poco antes de las 22. El contenido del audio no fue negado ni confirmado por los investigadores, pero integrantes de la fuerza le dan crédito.
Según el registro, desde el Departamento de Investigaciones Federales (DFI) solicitaron a Manfredi y a Villafañe “vestirse de civil” para simular una compra de droga al pasillo, detener en flagrancia y sumar estadística positiva.
El plan parece haber pecado de improvisado desde un comienzo, ya que los dos policías se bajaron de un móvil identificable por calle Felipe Moré que los dejó cerca del pasillo. Además, ambos conservaban los pantalones negros de combate y borcegos, y se “habían tirado la campera encima”.
Los transeros, dice esta versión, “se dieron cuenta” de que los dos supuestos compradores “eran polis”, ya que Manfredi “no tenía cara de fisura” y exhibía un corte de pelo que era típico de policía. Esa sería la instancia clave que luego desencadenó el enfrentamiento en el que Manfredi murió de varios disparos y Villafañe sufrió severas heridas en el estómago. A Manfredi, que murió en el lugar, le robaron la pistola reglamentaria junto con otras pertenencias y Villafañe fue llevado al Heca por un colega tras correr malherido hacia un patrullero. “Por eso estaban sin chaleco, porque fueron a pasar de fisuras pibes que no parecen fisuras”, dice el registro.
Un detective de la policía provincial que trabajó de civil en Villa Banana en causas de homicidio dijo a este diario que el sector en cuestión “es una zona muy áspera, llena de pasillos. Haciendo tareas de civil estás superexpuesto, incluso de día. Ni hablar a la noche, donde se te meten y desaparecen en dos segundos. Me parece que hubo un criterio malísimo de trabajo. Hay que tener un criterio acorde con el lugar donde te estás metiendo”.
Más allá de las circunstancias, en la fiscalía buscan determinar quién mató al policía. “Los que mataron son narcos y asesinos. Dar con ellos es el objetivo uno”, dicen.
Al mismo tiempo, en las divisiones abocadas al Plan Bandera, como la UDM –que tiene mucho personal de todo el país y no tiene una función específica, sino que está para donde la necesiten– hay malestar no solo por los sueldos bajos, sino por la exigencia de “procedimientos positivos” desde arriba, ya sea con aprehensiones de consumidores con escasas dosis de droga, para sumar números y obtener francos que les permitan regresar a sus hogares.



