Tal como anticipó Rosario3, el gobierno provincial tendrá una vocera. Se trata de Virginia Coudannes, hoy secretaria de Gestión Institucional del Ministerio de Seguridad, quien ya fue presentada esta semana al gabinete con su nuevo cargo. Si bien oficialmente no está todavía en funciones ya se mueve como tal. La decisión del gobernador Maximiliano Pullaro reactualiza el debate sobre un rol clave para la comunicación de una gestión de gobierno. Más allá de los vaivenes que atraviesa el hoy vocero del gobierno nacional y Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, es un lugar fundamental para entender la relación del Poder Ejecutivo con los medios y los periodistas, y por consiguiente con las audiencias y la ciudadanía en general.
Coudannes, aun cumpliendo con sus responsabilidades en el área de Seguridad y por eso estuvo esta semana en San Cristóbal tras el suceso trágico en la escuela, participó de la segunda conferencia de prensa del equipo de gobierno que fue allí. Hasta ahora le ha puesto voz a las comunicaciones desde su cartera para el centro-norte provincial. Es más, cuando Pullaro arrancó la campaña electoral que lo llevó a gobernador, fue quien lo presentó en el lanzamiento oficial que se hizo en la ciudad de Esperanza.
Es santafesina, politóloga y docente en la Universidad Nacional del Litoral. Su prueba de fuego fue cuando estuvo a cargo del área de Control en la intendencia de la ciudad capital durante el gobierno de Emilio Jatón y le tocó la pandemia del Covid-19 para hacer cumplir con las restricciones de circulación y tránsito de esa época. Y cumplió con creces. Pertenece al radicalismo, viene del riñón del ex vicegobernador Jorge Henn y es una funcionaria de confianza para el actual mandatario. Ahora tendrá el desafío de ser la voz del gobierno.
El mismo día que se publicó la información sobre la decisión del mandatario provincial de incorporar a una vocera, el consultor y estratega político Daniel Ivoskus señaló que “todo líder necesita de un vocero, más allá de que él también sea un vocero” y que “no debería existir un presidente sin un vocero porque el presidente tiene que trabajar de presidente más allá que lo sea”.
El antecedente inmediato de un vocero en Santa Fe es el breve paso del periodista Leo Ricciardino en el inicio de la gestión de Omar Perotti; aunque luego llegó la pandemia, dio un paso al costado y no se volvió a ocupar ese lugar.
Por su parte, los voceros presidenciales tienen varios antecedentes en la historia reciente del país. Todos los gobiernos los tuvieron. Desde Gabriela Cerutti y su verborragia en el de Alberto Fernández, los pasos de comedia de Jorge Capitanich cuando gobernaba Cristina Kirchner (romper un diario Clarín en el atril fue el más recordado), las bravuconadas de Aníbal Fernández en la puerta de la Casa Rosada frente a los cronistas, las caras de Juan Pablo Baylac con Fernando de la Rúa como presidente, la agenda matutina que instalaba Carlos Corach durante el menemismo, hasta el estilo y la corrección de José Ignacio López en los albores de la democracia por el alfonsinismo.
Los mismos líderes son siempre voceros de sus propios liderazgos. ¿Quién puede dudar que el presidente Javier Milei es un comunicador nato? O el mismo gobernador santafesino. En ese sentido, hay ejemplos de la eficacia y manejo de la escena pública a la hora de comunicar como la presidenta de la Comisión Europea (2024-2025) Ursula vor der Leyen o el ex presidente de Chile Gabriel Boric, por citar sólo dos casos.
Sin embargo, el hecho de contar con un vocero obedece a una “decisión política de centralizar la comunicación de gobierno” y debe responder a “una estrategia”, según el politólogo rosarino Lucio Guberman. Por consiguiente, quien asuma esa responsabilidad tendrá no sólo que estar al tanto de la gestión en general sino también comunicar de manera “empática” situaciones que no sean del agrado de la comunidad.
Para el profesional se trata de una “responsabilidad alta y delicada” ya que termina siendo “una figura, o una segunda figura, del gobierno” al que representa. Entiende que el desafío mayor es la capacidad de “dar encuadre” a la realidad. “Un gobierno puede trascender por haber dejado inconclusa una obra o ser el gobierno que ha empezado esa misma obra”, explicó.
El Manual del Vocero Político (publicado por Sprint Político) plantea que un vocero debe ser “la voz del liderazgo”, pero no sólo transmitir mensajes sino también “proteger la imagen de la organización” (gobierno, candidato, empresa o institución), ser “el filtro ante los medios” y un “escudo ante las situaciones de crisis”.
En cuanto a las claves de su tarea es fundamental: su “preparación y entrenamiento” en espacios de desempeño público; “traducir decisiones complejas en palabras que generen confianza, serenidad y legitimidad”; “ser coherente entre palabra, imagen y liderazgo; y “enfrentar con orden, calma y una narrativa estratégica frente a situaciones de crisis”, entre otros.
En definitiva, “el verdadero vocero no busca ser el protagonista sino que el mensaje llegue claro, firme y humano”.
Adorni, quizás lo más cercano y visible en cuanto al rol, más allá de la sucesión de escándalos y denuncias que lo jaquean, ha venido a reinstalar la costumbre de la conferencia de prensa casi diaria en la Rosada y el contacto con los acreditados. Claro que su actitud de confrontar con los periodistas y convertirse en centro de la escena lo llevaron a ser candidato a legislador porteño (e imponerse en los comicios de 2025) y luego a ser elegido Jefe de Gabinete, en el marco de un lógica que es coherente con el estilo de conducción del espacio político gobernante. También le trajo varios dolores de cabeza, cuentas a rendir en la Justicia, y posiblemente el fin de su carrera como funcionario público.



