Tapada por los insultos y el tono pendenciero que dominó el discurso de apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso, Javier Milei dejó una idea de la reconfiguración productiva que imagina para la Argentina y que hoy genera situaciones traumáticas como el cierre de empresas tradicionales con la consabida pérdida de empleos. La panacea libertaria se asentaría, de acuerdo a lo expuesto por el primer mandatario, sobre las siguientes bases: menos industria tradicional, más energía y minería, apertura comercial, agro expandido y un corrimiento territorial del eje productivo hacia la Patagonia y la Cordillera.

Entre los muchos conflictos que esa transformación plantea, hay uno que tiene una complejidad mayúscula: qué va a pasar con los nucleos poblacionales, como el Gran Buenos Aires, el Gran Rosario y el Gran Córdoba, que crecieron a la par del desarrollo industrial al que el país apostó por décadas y ahora el gobierno cuestiona.

De hecho, uno de los pasajes más explícitos en el discurso sobre el asunto fue la crítica de Milei al modelo de sustitución de importaciones y la postulación de Neuquén, en pleno crecimiento por el boom de Vaca Muerta, como "una de las futuras metrópolis argentinas”.

“Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista”, sostuvo. Y agregó: “Tras décadas de protección, obtuvimos una industria pequeña, cara, dependiente del subsidio y con salarios en dólares raquíticos”.

Lo que impulsa no es reformar ese esquema sino abandonarlo. La apertura económica, para Milei, no es un riesgo sino una condición de eficiencia.

“Si la empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia. La otra parte es que ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, el cual es más productivo”, afirmó.

La lógica del líder libertario es sin anestesia: si hay sectores que desaparecen, habrá otros que nacen y se consolidan. 

El corazón del nuevo modelo estaría en el complejo energético, que según Milei, “en cinco años” estaría “exportando unos 50.000 millones de dólares”.

Sobre esa base, pretende reorganizar todo el esquema productivo. “La energía barata es el insumo transversal que cambia la ecuación de localización industrial. Donde hay energía abundante y barata, se instala la industria pesada”, afirmó.

A partir de esa premisa, enumeró sectores que según él podrían crecer como la petroquímica, la siderurgia, la producción de aluminio, procesamiento de litio y centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial.

En ese marco, el planteo de un corrimiento territorial no sería solo para el desarrollo energético. La idea es que si Vaca Muerta se convierte en el principal motor exportador, Neuquén dejaría de ser una ciudad petrolera para transformarse en polo urbano estratégico dentro de una redefinición del mapa económico.

El otro gran vector de este desplazamiento, para el presidente, sería la minería. “Se despegará por toda la Cordillera, generando cientos de miles de puestos de trabajo”, dijo.

El agro también ocuparía un lugar central en esta reconfiguración. “Estamos en condiciones de producir 300 millones de toneladas de grano, duplicando la producción actual”, afirmó.

Como herramientas para escalar productividad, mencionó consolidar derechos de propiedad sobre semillas, bajar retenciones de manera gradual y fomentar inversión en riego y bienes de capital.

Así, se completaría un triángulo estructural: energía, minería y agro.

Claro, el planteo tiene puntos débiles. Uno es que no son justamente estos sectores generadores masivos de mano de obra como la industria tradicional. Otro que el desarrollo de infraestructura aparece como condición indispensable para que la minería cordillerana, el agro y la energía puedan integrarse a los mercados internacionales. ¿Es esto posible con un Estado que renunció a invertir en obra pública y ni siquiera mantiene las rutas nacionales?

“Todas estas nuevas industrias van a suplir con creces la demanda de trabajo retirada por las viejas industrias, y con muchos mejores sueldos”, sostuvo el presidente. Para el indisimulable déficit de infraestructura, la respuesta, en el discurso, fue el anuncio de privatización de toda la red ferroviaria. 

Pero acaso la incógnita mayor –y el riesgo– sea otra: cómo puede impactar en la estructura social, en las regiones que pierdan peso relativo y en aquellas que lo ganen, el rediseño integral que propone el gobierno libertario.