Dejar de fumar continúa siendo uno de los desafíos más difíciles para millones de personas en todo el mundo. La dependencia a la nicotina combina factores físicos y psicológicos, por lo que abandonar el cigarrillo suele requerir tiempo, paciencia y cambios en la vida cotidiana. Sin embargo, especialistas en salud destacan que existen estrategias que pueden aumentar significativamente las posibilidades de éxito.

Uno de los principales consejos de médicos y profesionales es fijar una fecha concreta para dejar de fumar. Tener un día definido ayuda a prepararse mentalmente y organizar modificaciones en la rutina diaria. Además, recomiendan comunicar la decisión a familiares y amigos para contar con apoyo emocional durante las primeras semanas, consideradas las más difíciles del proceso.

Otra de las claves es identificar los momentos de mayor ansiedad o las situaciones asociadas al consumo de cigarrillos. Muchas personas relacionan el hábito con actividades cotidianas como tomar café, manejar, trabajar o después de las comidas. Detectar esos “momentos gatillo” permite reemplazar el cigarrillo por otras acciones, como tomar agua, mascar chicle, caminar o realizar respiraciones profundas.

La actividad física también aparece como una herramienta fundamental para afrontar el síndrome de abstinencia. Caminar, correr, andar en bicicleta o realizar cualquier ejercicio ayuda a disminuir la ansiedad, reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo durante el proceso de dejar el tabaco.

Los especialistas también aconsejan evitar ciertos ambientes durante las primeras semanas, especialmente reuniones donde haya fumadores o situaciones vinculadas al consumo excesivo de alcohol. Cambiar algunas rutinas puede disminuir las recaídas y facilitar la adaptación a una vida sin cigarrillos.

A su vez, remarcan la importancia de buscar ayuda profesional. Existen tratamientos médicos y psicológicos, grupos de apoyo y medicamentos que ayudan a controlar la ansiedad y la dependencia a la nicotina. Muchos hospitales y centros de salud cuentan con programas gratuitos para acompañar a quienes desean abandonar el hábito.

Los beneficios para el organismo comienzan rápidamente. A las 24 horas disminuye el riesgo de infarto, mientras que en pocas semanas mejoran la respiración y la circulación. Entre uno y nueve meses después suelen reducirse la tos y el cansancio, y a largo plazo baja significativamente el riesgo de cáncer, enfermedades cardíacas y problemas pulmonares. Los especialistas subrayan además que las recaídas forman parte del proceso y no deben interpretarse como un fracaso, ya que muchas personas necesitan varios intentos antes de dejar de fumar definitivamente.

Fuente: Agencia NA.