Más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer es la forma más frecuente y representa entre el 60% y el 70% de las demencias.
Aunque suele asociarse principalmente con los problemas de memoria, los primeros indicios no necesariamente aparecen como olvidos evidentes. Según explicó la psiquiatra María Luciana Ojeda, en algunos pacientes pueden observarse antes cambios en la conducta, síntomas depresivos, ansiedad o dificultades que inicialmente pasan inadvertidas.
“Los primeros signos no son siempre olvidos evidentes”, señaló la especialista. En ese sentido, planteó que una persona puede continuar trabajando, respondiendo mensajes y cumpliendo con sus obligaciones mientras atraviesa cambios que todavía no son reconocidos como señales de un problema de salud.
Uno de los aspectos que Ojeda puso bajo la lupa es la depresión que permite mantener una rutina aparentemente normal. Cansancio persistente que no mejora con el descanso, dificultades para concentrarse, pérdida de interés por actividades habituales, modificaciones en el apetito o el peso y una sensación de vacío emocional pueden formar parte de un cuadro depresivo, aunque no necesariamente sean visibles para quienes rodean a la persona.
La especialista sostuvo que muchas personas minimizan estos síntomas porque continúan con su vida laboral y familiar. A esto se suma, según su análisis, la presión social por mostrarse fuertes y funcionales, algo que puede retrasar la consulta profesional. “Reconocer que algo no está bien se siente como un fracaso personal, no como lo que es: un pedido del organismo pidiendo atención”, expresó.
La relación entre depresión y deterioro cognitivo es, además, objeto de investigación científica. Una revisión publicada en The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences encontró una asociación entre depresión y un mayor riesgo posterior de demencia, aunque los mecanismos involucrados y la relación causal siguen siendo materia de estudio.
En paralelo, la OMS señala que existen distintos factores que pueden aumentar el riesgo de demencia, entre ellos la hipertensión arterial, la diabetes, la inactividad física, el aislamiento social, el tabaquismo, el consumo nocivo de alcohol, la mala calidad del sueño y la depresión. Las nuevas recomendaciones de la organización estiman que hasta un 45% del riesgo de demencia podría estar relacionado con factores modificables.
Por eso, la prevención no se limita a entrenar la memoria. Controlar la presión arterial y la diabetes, mantenerse físicamente activo, cuidar la salud mental, evitar el tabaquismo y sostener los vínculos sociales forman parte de las medidas que pueden contribuir a reducir o retrasar el riesgo. La OMS remarca, además, que la demencia no constituye una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Cuando la enfermedad de Alzheimer aparece, cada persona puede atravesarla de manera diferente. En su desarrollo intervienen alteraciones cerebrales asociadas, entre otros mecanismos, con las proteínas beta-amiloide y tau, pero el cuadro clínico y su evolución no son idénticos en todos los pacientes.
Para quienes acompañan a una persona con Alzheimer, Ojeda también destacó la importancia de evitar confrontaciones innecesarias. Las conversaciones simples, directas y sostenidas desde la calma pueden ayudar a preservar el vínculo y, especialmente, la dignidad de quien atraviesa la enfermedad. El objetivo no es discutir para demostrar que algo ocurrió de determinada manera, sino encontrar formas de comunicación que reduzcan el malestar.
En cuanto a la depresión, la especialista remarcó que no debería esperarse a que los síntomas se vuelvan incapacitantes para pedir ayuda. La psicoterapia, el tratamiento psiquiátrico cuando está indicado y la actividad física regular pueden formar parte de un abordaje integral. Detectar los cambios a tiempo permite evaluar qué está ocurriendo y comenzar una intervención adecuada.
“Antes de cualquier intervención hay un paso: aceptar que algo no está bien”, planteó Ojeda. En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la carga de demencia, esa mirada temprana puede ser clave para no reducir la prevención del Alzheimer a una sola pregunta: “¿Te estás olvidando de las cosas?”.
Fuente: Agencia NA.



