Después de un día largo, el cansancio no siempre queda solamente en el cuerpo. La falta de sueño, el estrés y hasta una hidratación insuficiente pueden reflejarse en el rostro, con una apariencia más apagada, ojeras y una piel que luce menos descansada.

La buena noticia es que no hace falta dedicar una hora entera al autocuidado para incorporar algunos hábitos que pueden hacer la diferencia. Una rutina nocturna breve, repetida con cierta constancia, puede convertirse además en un pequeño ritual para bajar el ritmo antes de ir a la cama.

El primer paso es limpiar el rostro. Durante el día, la piel queda expuesta al polvo, la contaminación, el sudor y otros factores que pueden acumularse sobre su superficie. Por eso, antes de acostarse conviene utilizar un limpiador facial suave y evitar productos demasiado agresivos. El agua puede ser fresca o tibia, pero no demasiado caliente, ya que puede favorecer la sequedad.

Antes de acostarse conviene utilizar un limpiador facial suave y evitar productos demasiado agresivos (shutterstock.com).

Después de la limpieza llega la hidratación. Una crema humectante ayuda a conservar la barrera de la piel y a evitar que pierda demasiada agua durante la noche. Si se utiliza un producto específico para el contorno de ojos, este también puede incorporarse en este momento, siempre que sea adecuado para esa zona.

La hidratación también depende de los hábitos generales. Tomar suficiente agua durante el día es importante para el organismo y puede contribuir a que la piel conserve una apariencia saludable. Antes de acostarse se puede beber un poco si se tiene sed, aunque no hace falta exagerar, ya que tomar demasiada agua justo antes de dormir puede provocar despertares nocturnos para ir al baño.

Otro detalle que suele pasar desapercibido es la posición al dormir. Dormir boca arriba evita que el rostro permanezca varias horas presionado contra la almohada y puede reducir las marcas temporales que aparecen al despertarse. También es importante elegir una almohada cómoda y mantener limpias las fundas, ya que acumulan sudor, grasa y residuos de productos para el cabello y la piel.

Pero una rutina para levantarse con mejor aspecto no debería concentrarse únicamente en la cara. Bajar el nivel de estrés antes de dormir también es parte del cuidado. Unos minutos de respiración tranquila, una breve meditación, estiramientos suaves o simplemente anotar los pendientes del día siguiente pueden ayudar a despejar la cabeza y preparar el momento de descanso.

Es importante elegir una almohada cómoda y mantener limpias las fundas, ya que acumulan sudor, grasa y residuos de productos para el cabello y la piel (magnific.com).

Por último, hay un hábito que probablemente tenga más impacto que cualquier crema, y es el de mantener horarios relativamente regulares para acostarse y levantarse y dormir las horas necesarias. Una buena higiene del sueño favorece un descanso de calidad y, cuando se sostiene en el tiempo, también puede reflejarse en cómo nos sentimos y nos vemos durante el día.

Fuente: GQ.