El costo relativo de las inversiones para el productor agropecuario mostró una mejora durante julio de 2026, aunque con diferencias marcadas entre actividades. De acuerdo con el último informe de CONINAGRO, la soja, el maíz, el trigo y la ganadería vacuna recuperaron poder de compra frente a bienes de capital, mientras que la lechería y la yerba mate enfrentaron un escenario menos favorable.
El relevamiento analiza la cantidad de producto necesaria para acceder a distintos insumos, costos e inversiones del sector, entre ellos maquinaria agrícola, camionetas, tierra y reposición de hacienda. El objetivo es medir cómo evolucionan las relaciones entre precios de los productos agropecuarios y los costos que enfrentan los productores.
El dato central del informe es que, en varias actividades, la inversión requiere menos producción que un año atrás. Sin embargo, esa mejora no implica necesariamente que los valores hayan regresado a sus niveles históricos.
Menos kilos de carne para comprar una camioneta
La ganadería vacuna aparece entre las actividades con mayor mejora. Para adquirir una camioneta Hilux 4x4 fueron necesarios 11.238 kilos de novillito, un 22,5% menos que en julio de 2025. En términos concretos, el productor necesitó entregar 3.262 kilos de carne menos que un año atrás.
La relación también mejoró respecto del promedio de los últimos cinco años: se ubicó 10% por debajo de esa referencia, con un ahorro de 6.850 kilos de novillito.
En agricultura, la soja presentó una de las relaciones más favorables. Para acceder a la misma camioneta se necesitaron 107 toneladas, un 20% menos que un año atrás y 10% menos que el promedio quinquenal.
El maíz también mejoró: fueron necesarias 191 toneladas, un 6,5% menos interanual y 5,5% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
La maquinaria agrícola también muestra señales de mejora
La recuperación del poder de compra se trasladó a la maquinaria agrícola, aunque con diferencias según el cultivo y el tipo de equipo.
En el caso de los tractores, la ganadería necesitó 44.725 kilos de novillito, un 22% menos que en julio de 2025. La relación quedó además 21% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
Para la soja fueron necesarias 424 toneladas para acceder a un tractor, 101 toneladas menos que un año atrás. La mejora interanual fue del 19%, aunque la relación todavía se encuentra 11,5% por encima de su promedio histórico.
En cosechadoras, el maíz requirió 2.263 toneladas, un 6% menos que en julio de 2025, mientras que el trigo demandó 2.020 toneladas, un 5% menos. No obstante, ambos cultivos continúan por encima de sus referencias históricas: 7% en el caso del maíz y 13% en el trigo.
Uno de los mejores desempeños correspondió a la sembradora para soja. La inversión demandó 313 toneladas, un 27,8% menos que un año atrás y 5,6% menos que el promedio de los últimos cinco años.
La tierra mantiene una fuerte dispersión entre actividades
El acceso a la tierra exhibió un comportamiento dispar. En la zona maicera, una hectárea demandó 55,5 toneladas de soja, un 12% menos que en julio de 2025. Sin embargo, la relación continúa 27% por encima del promedio quinquenal.
Para el maíz y el trigo, el escenario fue inverso. Una hectárea requirió 99,5 toneladas de maíz, un 2% más que un año atrás y 33% por encima del promedio histórico. En trigo fueron necesarias 88,8 toneladas, un 3,5% más interanual y 39% por encima de la media de los últimos cinco años.
La ganadería, en cambio, mostró una evolución favorable. En la zona de invernada se necesitaron 3.168 kilos de novillito por hectárea, un 8% menos que un año atrás y 3% por debajo del promedio histórico.
En la zona de cría también mejoró el poder de compra: adquirir una hectárea demandó 738 kilos de ternero, un 17% menos que en julio de 2025 y 12% por debajo del promedio quinquenal.
Reposición: el punto donde aparecen las mayores tensiones
La mejora en el acceso a bienes de inversión no se replica en todos los componentes del negocio agropecuario. La reposición de hacienda aparece como uno de los principales focos de presión.
Para comprar un kilo de ternero fueron necesarios 1,37 kilos de novillito, un 7% más que un año atrás y 5% por encima del promedio histórico.
Para los productores agrícolas que utilizan granos para recomponer su stock ganadero, el deterioro fue todavía mayor. La compra de un kilo de ternero demandó 13 kilos de soja, un 11% más interanual y 45% por encima del promedio histórico.
En maíz, la exigencia llegó a 23 kilos por kilo de ternero, un 29% más que un año atrás y 52% por encima de la media de los últimos cinco años.
Lechería y yerba mate, en el lado menos favorable
La evolución no fue homogénea dentro del agro. La lechería mostró un deterioro en varias de las relaciones analizadas.
Para comprar una camioneta fueron necesarios 99.755 litros de leche, un 5% más que en julio de 2025, aunque todavía 10% por debajo del promedio quinquenal.
El acceso a un tractor también se encareció: se necesitaron 396.988 litros de leche, un 6% más interanual y 14% por encima del promedio histórico.
La tierra presentó una diferencia aún mayor. Para acceder a una hectárea fueron necesarios 28.120 litros de leche, un 24% más que un año atrás y 37% por encima del promedio de los últimos cinco años.
La yerba mate también enfrentó un deterioro significativo. La compra de una camioneta demandó 202 toneladas, un 35% más que en julio de 2025 y 41% por encima del promedio histórico.
Una mejora que todavía no alcanza para todos
Los datos de CONINAGRO muestran una recuperación del poder de compra de buena parte de la agricultura y la ganadería frente a bienes de inversión. La menor cantidad de granos o kilos de carne necesarios para acceder a maquinaria y vehículos representa una señal positiva para las decisiones de capitalización del productor.
Pero la comparación histórica introduce un matiz relevante: en varios casos, la mejora frente a 2025 todavía no alcanza para recuperar las relaciones promedio de los últimos cinco años.
El escenario, por lo tanto, combina una recuperación de la capacidad de inversión con fuertes diferencias entre cadenas. Mientras granos y ganadería encuentran mejores condiciones relativas para incorporar bienes de capital, la lechería, la yerba mate y la reposición de hacienda continúan mostrando mayores exigencias.

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