Pura pasión: "Lili", la tambera santafesina nominada por su labor en el campo

Con más de 20 años dedicada al cuidado de vacas y terneros, Lidia Sánchez convirtió su pasión por el tambo en una historia que también comparte en las redes sociales. Desde Cululú, cuenta cómo son sus jornadas, qué significa ser tambera y qué siente al haber sido nominada a los premios Lía Encalada

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La conversación con Lidia Sánchez ocurre mientras ella está en el campo. Acaba de terminar de darle leche a los terneros y busca un lugar donde haya señal para poder hablar. Afuera, el clima tampoco acompaña: lleva varios días de lluvias y lloviznas, con más de 40 milímetros acumulados. Por suerte, en la fecha que se publica esta nota, el sol ya salió por la cuenca lechera santafesina.

Pero para una tambera, el clima no modifica demasiado la agenda. “Ser tambera es ponerse el tambo al hombro, agarrar una responsabilidad muy grande”, explica Lidia. Su rutina comienza alrededor de las 3 o 3.30 de la madrugada y una de sus principales tareas es la crianza artificial de los terneros.

Alimentación, calostrado, controles y observación permanente forman parte de una tarea que requiere conocimiento y atención. “Es estar al cuidado de la alimentación, del calostrado, de que los terneros no se enfermen”, resume.

A eso se suma el trabajo del tambo y los dos ordeñes diarios. Porque, según remarca, producir leche no consiste simplemente en llegar y ordeñar: implica alimentación, manejo, seguimiento de los animales y, fundamentalmente, trabajo en equipo.

“Es un montón de cosas”, señala. Y también es una responsabilidad que, para ella, tiene una recompensa concreta: saber que el trabajo realizado en el campo se transforma en materia prima que luego llega a las fábricas y finalmente a la mesa de los argentinos. “Para mí es un honor estar trabajando acá”, sostiene.

El vínculo con los animales y el aprendizaje de todos los días

La relación de Lidia con las vacas y los terneros excede la tarea productiva. Cuando habla de los animales, la emoción aparece rápidamente.

Hace más de dos décadas que está detrás de ellos y reconoce que gran parte de lo que sabe lo fue aprendiendo junto a su pareja, de los profesionales que la acompañaron y, sobre todo, de la experiencia cotidiana.

“Voy aprendiendo todos los días, porque esto es una enseñanza todos los días”, cuenta.

En el tambo, observar es una herramienta fundamental. Conocer a los animales permite detectar rápidamente cuando algo no está bien. Un ternero que cambia su comportamiento, que está decaído o que presenta algún signo diferente puede requerir atención inmediata.

La tecnología también se convirtió en una aliada. Una fotografía enviada por WhatsApp a un profesional permite realizar una primera consulta y recibir orientación, aunque Lidia aclara que eso no reemplaza la presencia del veterinario en el campo.

El conocimiento adquirido con los años y el acompañamiento profesional se combinan así con una observación que, para ella, resulta indispensable.

Una pasión que también se transmite en familia

La historia productiva de Lidia tiene además una dimensión familiar. Su hija mayor actualmente trabaja con ella. Es abuela y disfruta especialmente ver a su nieta cerca de los terneros. Incluso recuerda con emoción que alguien la llamó “tamberita”.

También cuenta que tiene hijos estudiando en la universidad y vinculándose con el campo, entre ellos quienes eligieron la carrera de Agronomía.

Ese proceso representa para ella mucho más que una continuidad laboral. “Si me tengo que morir, que me muero feliz, porque sé que el trabajo que hice no fue en vano”, expresa.

En esa frase sintetiza una de las dimensiones más profundas de su historia: la certeza de que el esfuerzo de todos estos años deja una herencia y una familia que sabe hacia dónde quiere continuar.

Las redes sociales como ventana del tambo

En los últimos años, Lidia también se hizo conocida por su presencia en las redes sociales, donde comparte parte de su vida cotidiana y su trabajo con los animales.

Para muchas mujeres rurales, explica, gran parte del trabajo permanece invisible. Son tareas que se realizan todos los días, muchas veces en silencio.

Ella eligió otra estrategia: mostrarlo. “Hay muchas mujeres que lo hacen desde el silencio, otras optamos por las redes sociales, contar el día a día”, explica.

Así, sus publicaciones permiten acercar la realidad del tambo a personas que no necesariamente viven o trabajan en el campo. El objetivo no es solamente mostrar vacas o terneros, sino transmitir qué hay detrás de cada litro de leche producido: madrugadas, cuidados, conocimiento, responsabilidad y trabajo en equipo.

Una tercera nominación que llega como reconocimiento

Ese recorrido también explica parte del significado que tiene para Lidia haber sido nominada por tercera vez a los premios Lía Encalada, una distinción impulsada desde 2022 por la red Mujeres Rurales Argentinas para reconocer y visibilizar la labor, el liderazgo y la trayectoria de mujeres vinculadas a la ruralidad de todo el país.

La noticia la tomó por sorpresa y la emocionó. “Es como que decís, alguien vio tu trabajo y se tomó ese tiempito de postularte”, cuenta.

Para ella, la nominación representa justamente eso: que alguien haya observado y valorado una tarea que muchas veces transcurre lejos de las luces y de las ciudades.

Pero Lidia prefiere mirar el reconocimiento desde otro lugar. Más allá del resultado, destaca las mujeres que conoció, los vínculos que construyó y la posibilidad de compartir una experiencia con otras referentes de la ruralidad.

Incluso viajar a Mar del Plata para participar de la instancia de premiación ya representa una experiencia especial para ella: “No conozco”, cuenta, entusiasmada ante la posibilidad de encontrarse con mujeres de distintos puntos del país.

“Yo ya gané hace rato”

La definición de Lidia sobre la nominación resume el espíritu con el que encara esta etapa. “Yo ya gané hace rato”, afirma.

No habla solamente de un premio. Habla de las mujeres que conoció, de los intercambios que mantiene, de su familia, de los animales y de todos los años de trabajo detrás del tambo.

Mientras la entrevista termina, su jornada continúa. El campo sigue demandando atención y los animales no esperan.

Lidia vuelve a sus tareas con la misma convicción con la que comenzó hace más de 20 años: trabajar, aprender, cuidar y producir.

Y, en el camino, seguir contando desde las redes sociales una realidad que conoce como pocas: la de una mujer que encontró entre vacas y terneros una verdadera forma de vida.

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