Día de la Futbolista Argentina: el negocio del fútbol femenino que crece 25% al año y la región todavía no aprovecha

A 55 años del debut de la Selección femenina en el primer Mundial, el fútbol de mujeres se transformó en un negocio de miles de millones que crece a doble dígito, mientras en la región falta coordinación entre clubes, sponsors y medios para aprovechar la oportunidad

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Cada 21 de agosto se conmemora el Día de la Futbolista Argentina, en homenaje al debut de la Selección femenina en 1971, cuando golearon 4 a 0 a Inglaterra en el estadio Azteca durante el primer Mundial de fútbol femenino de la historia.

Cinco décadas después, esa historia dejó de ser una anécdota deportiva para convertirse en un fenómeno económico que todavía está lejos de tocar su techo.

La consultora Deloitte proyectó que los ingresos globales del deporte femenino de élite alcanzarán los 3.000 millones de dólares en 2026, un 25% más que el año anterior y casi el triple de lo que se facturó en 2022.

El fútbol es, dentro de ese universo, la disciplina que más pesa: representa cerca del 45% de esos ingresos, impulsado por patrocinios, transmisiones y venta de indumentaria oficial.

En Europa, los acuerdos de patrocinio en las principales ligas femeninas crecieron un 53% entre las temporadas 2022/23 y 2025/26, con más de 180 contratos nuevos firmados en ese período.

La FIFA proyecta ingresar unos 1.000 millones de dólares con el Mundial femenino de 2027, en gran parte gracias a un acuerdo de transmisión con una plataforma de streaming global, tal como ya ocurre con la pelea por los derechos del fútbol masculino.

En la Argentina, la profesionalización avanza más lento, pero avanza. Se estima que cerca de un millón de mujeres juegan al fútbol en el país, entre ligas amateurs, clubes y torneos escolares.

Desde este año, todos los partidos de la Primera A femenina y de la Selección se transmiten por la plataforma LPF Play, lo que abre una vía directa de ingresos por suscripciones y publicidad que antes no existía.

Es una oportunidad que todavía no explotamos del todo desde la región. Rosario tiene una tradición futbolística que pocas ciudades del país pueden igualar, con Newell's Old Boys y Rosario Central como referencias ineludibles.

Ambos clubes sostienen planteles femeninos, aunque el nivel de inversión, marketing y visibilidad todavía está lejos de lo que reciben las categorías masculinas, algo que venimos viendo con el impacto del fútbol en la economía local.

La ventana para capitalizar ese interés está más cerca de lo que parece: del 16 al 25 de septiembre, el fútbol femenino de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 se jugará en el Parque Héroes de Malvinas, en Rosario.

El evento reunirá a más de 4.000 atletas de 15 países y pondrá a la ciudad, por unos días, bajo la mirada de públicos y marcas que normalmente no miran al deporte femenino local.

Ahí aparece un terreno fértil para las empresas de la región: el patrocinio deportivo femenino, según datos de la industria, devuelve entre 15 y 18 veces lo invertido, una relación costo-beneficio que pocas estrategias de marketing logran igualar.

El costo de entrada, además, todavía es bajo comparado con el fútbol masculino, donde el patrimonio de las figuras consagradas ya las lleva a diversificar inversiones puertas afuera de la cancha, incluso hacia el campo y otros activos productivos.

Para una empresa mediana de la región, patrocinar a un club femenino o a una jugadora en ascenso puede significar visibilidad real a un costo todavía accesible, antes de que el mercado termine de madurar.

El fenómeno también empuja hacia otro terreno: la construcción de marca personal. Como quedó claro con casos donde una reputación bien gestionada terminó valiendo más que cualquier activo físico, las futbolistas que se destacan hoy construyen un capital que trasciende la cancha.

Contratos de imagen, colaboraciones con marcas de indumentaria y presencia en redes sociales convierten a cada jugadora en una especie de pyme unipersonal, con ingresos que dependen tanto del rendimiento deportivo como de la gestión de su propia marca.

El desafío para clubes, sponsors y federaciones pasa por coordinar esfuerzos: sin visibilidad no hay inversión sostenida, y sin inversión no hay profesionalización que se sostenga en el tiempo.

Quienes se animen a apostar temprano por este mercado, ya sea como sponsors, medios o gestores deportivos, podrían capturar un espacio que todavía tiene pocos jugadores consolidados.

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