Seis productores santafesinos, una crisis climática y una decisión que cambió todo

"ProTambo" nació hace una década luego que seis productores de San Jerónimo Norte unieran esfuerzos para construir un empresa que hoy articula un tambo automatizado, feedlot, recría, agricultura y dos carnicerías. Rafael Albrecht cuenta cómo el asociativismo, la diversificación y la apuesta por agregar valor les permitieron transformar una dificultad en una estrategia de crecimiento

     Comentarios
     Comentarios

Seis productores, una crisis climática y una decisión que cambió el rumbo. Así nació "ProTambo", en San Jerónimo Norte, Santa Fe. A una década de aquel comienzo, el proyecto reúne un tambo automatizado de 120 vacas, feedlot, recría, agricultura y dos carnicerías propias. Rafael Albrecht, uno de sus integrantes, cuenta cómo el grupo convirtió los problemas de la actividad en una oportunidad para integrar negocios, agregar valor y construir una estructura preparada para los ciclos que vienen.

De una inundación a un proyecto de largo plazo

Hay proyectos que nacen de una oportunidad y otros que nacen de una necesidad. "ProTambo" pertenece a la segunda categoría.

El punto de partida fue el temporal de 2016. El exceso de agua y barro golpeó fuerte a los productores de la zona: animales afectados, personas agotadas, maquinaria rota y una operatoria cada vez más difícil. “Uno tiene que trabajar tranquera adentro y buscar soluciones a esos problemas”, resume Albrecht.

La respuesta fue asociarse. Seis productores comenzaron a trabajar juntos con un objetivo inicial relativamente sencillo: generar un pool de compras y compartir maquinaria y servicios. Pero aquella primera idea rápidamente empezó a crecer.

Primero alquilaron un campo de 70 hectáreas para producir reservas forrajeras. Después apareció la posibilidad de engordar los machos Holando para comercializarlos. Y, detrás de cada paso, permanecía el mismo objetivo: algún día conformar un tambo asociativo.

Lo que parecía lejano por el volumen de inversión comenzó a tomar forma con una lógica de crecimiento progresivo. “Esa suma de voluntades logró que hoy en día, por suerte y gracias a todos, el tambo ya tenga cuatro años de funcionamiento”, destaca.

Con la incorporación de los hijos de un socio, el grupo sigue apostando y creciendo.

Cuando el descarte se convierte en otra unidad de negocio

Una de las claves del modelo de "ProTambo" fue dejar de pensar al tambo únicamente como una fábrica de leche y así la producción de carne apareció temprano en la estrategia. El grupo detectó una demanda concreta por los novillos Holando que producía y decidió avanzar un paso más: no limitarse a vender los animales, sino también desarrollar el canal comercial.

Así nació la primera carnicería, instalada en San Jerónimo Norte hace cinco años, a partir de la adquisición de un tradicional comercio de 45 años de trayectoria. Un año atrás, el proyecto sumó una segunda sucursal en Santo Tomé.

Actualmente, ambas carnicerías se abastecen principalmente con animales provenientes del propio esquema productivo.

La integración es amplia: el feedlot recibe terneros propios y también animales comprados a productores. Además, allí se realiza la recría de vaquillonas tanto de "ProTambo" como de terceros.

El resultado buscado es la estandarización. “Esa es la mejor característica que tiene: el cliente sabe que siempre va a obtener el mismo producto cada vez que va a la carnicería”, explica Albrecht.

El verdadero negocio está en integrar las piezas

La mirada de ProTambo no está puesta en una sola actividad. Está en el conjunto.

Leche, carne, recría, feedlot, agricultura y comercialización forman parte de un mismo esquema que busca aprovechar mejor los recursos y capturar valor en distintos eslabones.

“Analizando el negocio global del tambo en su conjunto, el tambo tiene muchos productos”, señala Albrecht. “Uno de esos es la leche. Después tenés carne, podés tener reproductores, tenés diversidad de negocios”.

Esa diversificación también funciona como una herramienta para atravesar los ciclos. Cuando una actividad pierde rentabilidad, otra puede contribuir a sostener el conjunto.

El ejemplo de los novillos Holando resulta particularmente interesante. El grupo comenzó a desarrollar esa actividad cuando, según Albrecht, “no era negocio”. La apuesta se sostuvo porque la decisión no se tomó mirando únicamente el resultado coyuntural de la carne, sino la lógica integral del proyecto.

Hoy el escenario cambió y aquella decisión temprana aparece como una ventaja competitiva.

Un tambo automatizado pensado primero para el animal

El corazón productivo de "ProTambo" es un tambo automatizado que actualmente trabaja con 120 vacas.

La tecnología, sin embargo, no aparece en el relato como un fin en sí mismo. Para Albrecht, el objetivo central fue crear mejores condiciones para los animales y, a partir de allí, mejorar los resultados productivos.

El grupo está ampliando el establo para incorporar también a las vacas secas en preparto. La intención es brindar mejores condiciones durante una etapa determinante para la siguiente lactancia.

“Lo que buscamos con este proyecto fue darle las mejores condiciones al animal para que exprese su potencial”, explica.

Pero la apuesta va más allá de producir más litros. También buscan extender la vida productiva de las vacas y mejorar su longevidad. En otras palabras, que la inversión en infraestructura y automatización tenga impacto tanto en la productividad como en la permanencia del animal dentro del sistema.

Infraestructura de primer nivel pensada para el confort animal y mayor producción.

De la cría a la góndola: agregar valor como estrategia

La experiencia de las carnicerías abrió una nueva pregunta: ¿por qué no hacer lo mismo con la leche?

Albrecht reconoce que el objetivo de agregar valor al producto lácteo está presente, aunque también sabe que implica ingresar en un negocio completamente diferente.

“Queremos aplicarle valor agregado a la leche, pero sabemos que nos metemos en otro baile interesante, que sería la producción industrial”, plantea.

La idea todavía está en el horizonte, pero el grupo ya la incorporó a su hoja de ruta. No hay apuro, pero sí ambición. “No nos asusta”, dice Albrecht y reconoce: “Es cuestión de dinero y tiempo”.

Diez años después, la asociación es parte de la estrategia

"ProTambo" cumple diez años. El dato permite dimensionar que el proyecto no fue una respuesta pasajera a una crisis.

La asociación sobrevivió a cambios económicos, climáticos y productivos. Y, sobre todo, consiguió transformar una suma de productores individuales en una estructura con diferentes unidades de negocio.

Albrecht reconoce que el tambo es una actividad que consume mucho tiempo y energía. Esa intensidad operativa muchas veces dificulta detenerse a pensar nuevas alternativas.

El trabajo asociativo permitió repartir esfuerzos y sostener un rumbo común. “Así, en grupo, teniendo un norte firme, se hizo constante porque iba tirando uno, el otro, parejo”, explica.

Esa constancia terminó siendo tan importante como el capital invertido.

"ProTambo" fue más allá de la tranquera y abrió dos carnicerias en la provincia.

La nueva consigna: crecer, pero sin desbocarse

El momento actual encuentra a ProTambo en una etapa diferente. Después de años de construcción, el grupo considera que logró estabilizar el negocio y ahora busca fortalecer lo que ya funciona.

La estrategia no pasa por multiplicar unidades de negocio indiscriminadamente.

El objetivo es consolidar. “Hay que aprovecharlo, es un momento, hay que aprovecharlo, pero no desbocarse, porque ya va a pasar”, advierte Albrecht.

La experiencia acumulada les enseñó que el agro no ofrece garantías de estabilidad permanente. El clima puede cambiar, los precios pueden hacerlo y también pueden aparecer problemas inesperados, como ocurrió con la chicharrita.

Por eso, la receta actual es construir reservas. Alimento, grano y dinero. Todo aquello que permita sostener la actividad cuando el contexto deje de acompañar.

Una empresa pensada para atravesar los ciclos

Más que una historia sobre automatización, feedlot o carnicerías, "ProTambo" es la historia de un grupo de productores que decidió modificar la forma de enfrentar los riesgos.

La crisis hídrica de 2016 fue el disparador. La asociación fue la herramienta. La integración de negocios, el camino.

Diez años después, el proyecto muestra un tambo automatizado de 120 vacas, recría, feedlot, agricultura y dos carnicerías. Y todavía conserva proyectos pendientes, entre ellos el agregado de valor industrial a la leche.

La gran enseñanza que deja Albrecht es que la diversificación no necesariamente significa dispersarse. Puede significar, por el contrario, integrar mejor lo que ya se produce.

En "ProTambo", el objetivo parece claro: producir, transformar y comercializar dentro de una misma estrategia, mientras se construye suficiente espalda para atravesar el próximo ciclo.

Y, en un negocio acostumbrado a los vaivenes, esa capacidad puede terminar siendo tan importante como los litros de leche, los kilos de carne o las hectáreas sembradas.

Comentarios