La flexibilización del crédito en dólares abrió una nueva puerta para las empresas argentinas, pero también volvió a poner sobre la mesa uno de los riesgos financieros más conocidos del país: endeudarse en una moneda mientras los ingresos están nominados en otra.
El Gobierno de Luis Caputo decidió ampliar el universo de compañías que pueden acceder a financiamiento en dólares. Bajo el nuevo esquema, los bancos podrán destinar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a préstamos para personas jurídicas que no necesariamente generen ingresos en dólares.
La decisión busca atacar dos problemas al mismo tiempo: el elevado costo del financiamiento en pesos y la existencia de una importante masa de dólares depositados en el sistema financiero que todavía tiene un uso limitado para financiar a empresas.
Según los datos difundidos por el Gobierno, los depósitos privados en dólares superan los US$40.000 millones, mientras que los préstamos en moneda extranjera rondan los US$24.700 millones. La capacidad adicional de crédito podría ubicarse cerca de los US$6.000 millones.
El negocio detrás de los créditos en dólares
La lógica para las empresas es sencilla: conseguir financiamiento a una tasa que puede resultar considerablemente más atractiva que la de un préstamo en pesos.
El problema aparece cuando se mira el balance completo.
Una compañía que vende y cobra en pesos puede tomar deuda en dólares a una tasa más baja, pero queda expuesta a una eventual suba del tipo de cambio. Si el dólar aumenta con fuerza, el monto de la deuda medido en pesos también crece, aunque los ingresos de la empresa permanezcan prácticamente sin cambios.
Ese es el denominado descalce de monedas. Hay expertos que cuestionan precisamente este punto al advertir que prestar dólares a empresas cuyos ingresos están en pesos puede generar un riesgo adicional si cambia el escenario cambiario.
Una tasa más baja no significa necesariamente menor riesgo
La diferencia entre el costo de endeudarse en pesos y en dólares puede resultar tentadora para una empresa que necesita financiar capital de trabajo, maquinaria o inversiones.
Pero una tasa nominalmente más baja no elimina el riesgo: puede trasladarlo desde el costo financiero hacia el tipo de cambio.
En otras palabras, la empresa puede pagar menos intereses y, al mismo tiempo, quedar mucho más expuesta a una devaluación.
Por eso, la pregunta que comenzará a pesar en las decisiones de las compañías no será solamente cuánto cuesta el crédito, sino también qué porcentaje de sus ingresos está protegido frente al dólar.
El Gobierno busca poner a trabajar los dólares
La flexibilización también responde a una necesidad del sistema financiero.
Los depósitos en dólares crecieron con fuerza durante los últimos años y superaron los US$40.000 millones. Sin embargo, una parte importante de esos fondos no se transforma automáticamente en financiamiento productivo debido a las restricciones que históricamente existieron para prestar dólares a compañías sin generación de divisas.
El Gobierno pretende modificar esa dinámica. La nueva regulación permite que una porción de esos depósitos sea canalizada hacia empresas que no necesariamente tienen ingresos en moneda extranjera. El límite establecido es del 15% de los depósitos en dólares de cada entidad.
El objetivo oficial es impulsar la inversión y la actividad, especialmente en sectores como la construcción y la industria.
Además, las empresas que tomen estos préstamos deberán liquidar los dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios, lo que agrega oferta de divisas al mercado.
La apuesta de cara a 2027
La discusión adquiere otra dimensión cuando se incorpora el calendario económico.
El Gobierno busca llegar a 2027 con una economía más dinámica, mayor crédito privado y un sistema financiero capaz de canalizar una parte creciente del ahorro en dólares hacia la actividad productiva. Pero justamente hacia ese período aparece el interrogante sobre el comportamiento del tipo de cambio.
Economistas señalaron que el riesgo aumenta si las empresas acumulan deuda en dólares mientras mantienen ingresos principalmente en pesos. Una eventual corrección cambiaria podría deteriorar rápidamente sus balances y elevar los niveles de mora.
Algunos plantean que un salto cambiario podría provocar problemas de pago entre deudores que no tengan ingresos suficientes en moneda extranjera.
El punto central, entonces, no será solamente cuánto crédito nuevo aparece, sino quién lo toma y qué riesgo cambiario está dispuesto a asumir.
El BCRA puso límites para contener el riesgo
La autoridad monetaria no eliminó las restricciones prudenciales.
El nuevo esquema contempla mayores exigencias de capital para las entidades y establece que los bancos deberán evaluar la capacidad de repago de las empresas frente a distintos escenarios de variación del tipo de cambio.
En particular, las financiaciones alcanzadas por el nuevo tratamiento tendrán un requisito de capital equivalente al 125% del aplicable a créditos comparables y computarán con una ponderación mayor a efectos de los límites de exposición crediticia.
La intención es que la flexibilización no se transforme en una expansión descontrolada del riesgo dentro de los bancos.
Pero existe una diferencia importante: parte del riesgo que antes estaba limitado por la regulación ahora puede trasladarse hacia el balance de las empresas.
El verdadero test será el dólar
La medida tiene una lógica económica evidente. Si una empresa puede acceder a financiamiento más barato, invertir y aumentar su producción, el crédito en dólares puede convertirse en una herramienta para acelerar la recuperación de la actividad.
El problema aparece si la estabilidad cambiaria que hace atractivo ese crédito se modifica.
En ese escenario, una deuda que inicialmente parecía barata puede transformarse rápidamente en una carga mucho más pesada.
Por eso, el éxito de la medida no dependerá solamente de cuántos dólares logren canalizar los bancos hacia el sector privado. También estará determinado por la calidad de los deudores, el destino de los fondos y, sobre todo, por la capacidad de las empresas para afrontar sus obligaciones si el tipo de cambio deja de comportarse como hasta ahora.
La oportunidad es ampliar el crédito. El riesgo es que el dólar termine siendo el verdadero costo financiero de la operación.

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