El Concejo Municipal de Rosario comenzó a analizar la semana pasada un decreto que podría destrabar la construcción de una nueva estación de servicio en una de las zonas de mayor expansión urbana: la intersección de avenida Jorge Newbery y Manuel Gálvez. El expediente, que ya fue girado a la Comisión de Gobierno, autoriza una excepción clave sobre indicadores ambientales y urbanísticos, lo que abre la puerta a su desarrollo.
El proyecto contempla la exención del Factor de Impermeabilización del Suelo (FIS), una restricción que limita cuánto del terreno puede cubrirse con superficies impermeables. La flexibilización de este indicador resulta determinante: sin ese beneficio, la iniciativa no cumpliría con la normativa vigente y quedaría automáticamente frenada.
Detrás del emprendimiento aparece la petrolera Puma Energy, que impulsa la instalación de una estación de servicio en el barrio Fisherton, en un lote de más de 2.100 metros cuadrados, ubicado en un corredor estratégico cercano al aeropuerto y al autódromo.
Según la memoria del proyecto, el complejo no será una estación tradicional: incluirá surtidores de combustibles líquidos, GNC, un área comercial, estacionamiento y hasta un espacio de coworking en el primer nivel. Además, prevé accesos vehiculares por ambas calles y una estructura moderna con fuerte impronta arquitectónica.
El paso por el Concejo responde a una cuestión técnica pero también política. La normativa urbanística vigente en ese sector —modificada en los últimos años para acompañar el crecimiento del corredor Newbery— habilita ciertos usos, pero mantiene restricciones que obligan a pedir excepciones caso por caso.
En ese marco, el decreto en discusión se inscribe dentro de una tendencia más amplia: la flexibilización de reglas para promover inversiones en zonas periféricas y de desarrollo logístico. De hecho, el propio Concejo viene evaluando cambios en la regulación de estaciones de servicio, incluyendo la reducción de distancias mínimas entre bocas de expendio y la ampliación de áreas habilitadas.
Sin embargo, el avance del proyecto no está exento de cuestionamientos. La exención del FIS implica reducir la capacidad de absorción del suelo, un aspecto sensible en una ciudad donde el drenaje pluvial y el riesgo hídrico son temas recurrentes en la planificación urbana.
A esto se suma el debate sobre el uso del suelo en Fisherton y el corredor noroeste, donde conviven desarrollos residenciales, comerciales y logísticos. La instalación de una estación de servicio, con alto tránsito vehicular, podría modificar la dinámica del área y generar tensiones con el entorno.
El expediente aún debe atravesar instancias clave dentro del Concejo: análisis en comisión, dictamen y eventual votación en el recinto. Recién entonces, y en caso de aprobación definitiva, el proyecto podrá avanzar con los permisos de edificación.
Mientras tanto, la discusión deja en evidencia un dilema recurrente en la ciudad: cómo equilibrar la llegada de inversiones privadas con el cumplimiento de las normas urbanísticas y la preservación ambiental en zonas en plena transformación.

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