Rueda la pelota y cambia el ánimo: el Mundial también juega en la economía

La clasificación de la Selección renueva el optimismo de millones de argentinos. Economistas coinciden en que los grandes eventos deportivos no cambian los fundamentos de la economía, pero sí pueden influir en las expectativas, el consumo y el clima social.

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Cada cuatro años, el Mundial deja de ser solamente un evento deportivo para convertirse en un fenómeno económico y social. En un país donde el fútbol ocupa un lugar central en la identidad colectiva, cada triunfo de la Selección Argentina repercute mucho más allá de la cancha.

La clasificación a una nueva instancia del torneo no modifica la inflación, el dólar o el nivel de actividad por sí sola. Sin embargo, sí impacta sobre una variable menos tangible, pero igualmente importante: las expectativas.

Y en economía, las expectativas importan.

Más confianza, más ganas de consumir

Diversos estudios sobre economía del comportamiento muestran que el estado de ánimo colectivo influye sobre las decisiones de consumo. Cuando predomina el optimismo, las familias tienden a postergar menos compras, salir más, reunirse con amigos y participar de actividades recreativas.

En cada presentación de la Selección aumentan las ventas en bares, restaurantes, supermercados, comercios de cercanía y plataformas de delivery. También crece la demanda de televisores, indumentaria deportiva, camisetas, banderas y artículos vinculados al torneo.

Aunque el efecto suele ser transitorio, representa un impulso para sectores vinculados al consumo masivo y los servicios.

El "efecto Mundial" sobre el humor social

Argentina ya vivió este fenómeno durante Qatar 2022. La obtención del título mundial coincidió con uno de los momentos económicos más complejos de los últimos años, marcado por una inflación elevada y pérdida del poder adquisitivo.

Sin embargo, durante varias semanas predominó un clima social de celebración que incluso desplazó parte de la agenda económica y política.

Especialistas en psicología económica sostienen que estos episodios fortalecen el sentido de pertenencia, reducen temporalmente la percepción de incertidumbre y generan una sensación de confianza colectiva que puede trasladarse, aunque sea parcialmente, a las decisiones cotidianas.

Las empresas también juegan el Mundial

Para el sector privado, cada partido representa una oportunidad comercial.

Empresas de alimentos, bebidas, tecnología, indumentaria, electrodomésticos, turismo y plataformas digitales ajustan promociones, lanzan campañas específicas y adaptan sus estrategias de comunicación al calendario deportivo.

En paralelo, muchos comercios modifican horarios de atención y las empresas reorganizan reuniones o actividades internas para coincidir con los encuentros de la Selección.

¿Puede mejorar la economía por un Mundial?

La respuesta de los economistas es clara: no.

El crecimiento económico depende de variables estructurales como la inversión, la productividad, el empleo, el crédito o la estabilidad macroeconómica.

Sin embargo, el Mundial puede funcionar como un potente generador de confianza de corto plazo. Y la confianza es uno de los motores que impulsan el consumo, las inversiones pequeñas y el movimiento comercial.

En otras palabras, un triunfo no baja la inflación ni mejora el salario real, pero sí puede hacer que millones de personas se animen a gastar, salir o celebrar un poco más.

Mucho más que fútbol

En Argentina, el Mundial funciona como un enorme catalizador emocional.

La Selección representa un punto de encuentro en una sociedad atravesada por tensiones económicas y políticas. Durante algunas semanas, las diferencias quedan en segundo plano y el optimismo ocupa el centro de la escena.

Ese cambio de humor no resuelve los desafíos de la economía, pero ayuda a explicar por qué cada avance de Argentina en el Mundial se vive también como una noticia para el comercio, el consumo y las expectativas.

Porque en un país donde el fútbol moviliza pasiones, cada victoria también mueve la economía.

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