El mercado de granos se vuelve a reconfigurar: petróleo, fertilizantes y biocombustibles

El alza de energía e insumos, junto a nuevas políticas de biocombustibles y tensiones geopolíticas, fortalece a la soja 

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Las decisiones políticas y económicas globales vuelven a reconfigurar el mercado internacional de granos. El conflicto en Medio Oriente, las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China y nuevas regulaciones de biocombustibles en EE.UU. están generando un escenario claramente alcista para la soja, mientras presionan cambios en las decisiones de siembra a nivel mundial.

El aumento del costo energético aparece como el principal disparador. El precio del petróleo Brent alcanzó los USD 114,5 por barril tras subir cerca de 5% en la última semana, impulsado por la escalada geopolítica vinculada a Irán. Este movimiento impacta directamente en los costos agrícolas: los fertilizantes nitrogenados registran subas de hasta 40%, mientras la urea aumentó 7% en valores FOB Medio Oriente.

Además, Rusia mantiene restringidas sus exportaciones de nitrato de amonio hasta el 21 de abril, reduciendo la oferta global de insumos clave para los cultivos intensivos.

Según explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, este escenario modifica las decisiones productivas: “Los altos costos de insumos están empujando a los productores hacia la soja, que requiere menor inversión relativa que el maíz”.

Biocombustibles récord sostienen la demanda

A la presión de costos se suma un fuerte estímulo desde la política energética estadounidense. Nuevas normas de biocombustibles fijaron objetivos superiores a 26.000 millones de galones para 2026, por encima de los 24.000 millones inicialmente previstos.

El mercado interpreta que el corte efectivo será mayor, impulsando especialmente la demanda de aceite de soja para biodiesel. En paralelo, el etanol subió 2% y el biodiesel casi 5% durante la última semana, reforzando la tendencia alcista del complejo oleaginoso.

Este contexto coincide con expectativas de una posible extensión del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China en mayo, lo que podría reactivar compras del gigante asiático y consolidar el sostén de precios.

Como resultado, el mercado anticipa un aumento de al menos 1,5 millones de hectáreas en la superficie sembrada con soja en Estados Unidos, aunque el cambio podría ampliarse dependiendo de los costos finales de insumos.

Impacto global y situación argentina

A nivel internacional, la migración de área desde cereales hacia oleaginosas también se observa en Europa. El maíz enfrenta mayores dificultades por su alta dependencia de fertilizantes, con una posible reducción superior a 2 millones de hectáreas en el hemisferio norte.

El trigo tampoco escapa a esta tendencia: Estados Unidos podría registrar su menor superficie de trigo de primavera desde la década del ’70, mientras la Unión Europea proyecta una caída productiva cercana a 8 millones de toneladas para la campaña 2026/27.

En Sudamérica, Brasil se encamina a un récord productivo de 184,7 millones de toneladas de soja. En Argentina, la Bolsa de Cereales mantiene la estimación en 48,5 millones de toneladas, con mejoras en la condición de los cultivos aunque con posible presión bajista cuando la cosecha se generalice.

El maíz local muestra una dinámica distinta. La cosecha avanza al 16,5% del área con rindes promedio de 84,8 qq/ha —muy superiores al ciclo anterior— y una producción proyectada en 57 millones de toneladas. Los embarques ya alcanzan un récord de 2,97 millones de toneladas.

En el plano interno, medidas como la ampliación del corte de biodiesel en gasoil del 7% al 20% y el aumento del bioetanol en naftas hasta el 15% aportan un soporte adicional a la demanda doméstica de granos.

Un nuevo equilibrio entre cultivos

El mercado comienza así a mostrar una dinámica diferenciada entre cultivos. Mientras la soja encuentra respaldo simultáneo en costos relativos, energía y políticas públicas, el maíz y el trigo enfrentan mayores restricciones productivas.

“Hay una combinación muy potente: demanda potencial firme, políticas favorables y menores costos relativos frente a otros cultivos”, resume Romano.

De cara a las próximas semanas, la atención del mercado se concentrará en la generalización de la cosecha de soja argentina y en el informe oficial de intención de siembra del USDA, claves para confirmar si el cambio estructural hacia la oleaginosa ya está en marcha.

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