A 36 años de la detención y derrocamiento del líder panameño Manuel Antonio Noriega, presionado durante un mes por militares estadounidenses desplegados en Panamá, Estados Unidos volvió a ordenar una operación idéntica este sábado, pero sobre territorio Venezolano. Tras un bombardeo sobre puntos estratégicos, capturaron a Nicolás Maduro en una operación relámpago que recordó a la utilizada en 1989 en el país centroamericano.
Por esto, el 3 de enero quedará marcado seguramente como un día clave en la historia reciente y en especial de EE. UU.
La operación de este sábado contra Maduro, presentada por el gobierno de Trump como una acción contra el narcotráfico y el crimen organizado, trajo a muchos analistas y observadores el recuerdo de la llamada Operación "Causa Justa", que culminó con la rendición de Noriega el 3 de enero de 1990, bajo el gobierno estadounidense del también republicano George Bush padre.
Intervención en Panamá
La ofensiva en Panamá había comenzado a fines de diciembre de 1989. El objetivo declarado de Estados Unidos fue derrocar a Noriega, entonces hombre fuerte del país y antiguo aliado de Washington.
El 20 de diciembre de 1989, cerca de 27.000 efectivos de élite del Ejército estadounidense atravesaron las fronteras de Panamá, mientras una gran cantidad de aviones cazas bombardeaban el centro de la Ciudad de Panamá, donde se había asentado el bastión militar del dictador.
Aunque el objetivo era alcanzar el cuartel central de las Fuerzas de Defensa, los bombardeos arrasaron barrios y dañaron un aeropuerto y varias bases militares en Ciudad de Panamá y Colón. "Utilizaron artillería y aviación para bombardear las zonas más densamente pobladas de la capital, donde había una gran cantidad de población viviendo en caserones antiguos de madera", recordó el sociólogo y escritor panameño Guillermo Castro Herrera en declaraciones a BBC Mundo.
Desde 1983 hasta 1989, Manuel Noriega fue el líder de facto de Panamá, bajo un régimen militar. Había sido aliado clave de Estados Unidos durante el final de la Guerra Fría, trabajando como agente de la CIA, al tiempo que tejía vínculos con el narcotráfico.
En el tercer día del año 1990, acorralado y sin respaldo interno ni externo, Noriega se rindió. Para el gobierno estadounidense, la intervención se justificó en acusaciones de narcotráfico, lavado de dinero y violaciones a los derechos humanos. Muy similar a los cargos atribuidos al régimen chavista.
La imagen de Noriega entregándose puso fin a una etapa y abrió otra, marcada por la tutela política y militar de EE.UU. en Panamá durante los años siguientes.
Noriega fue trasladado a Miami, donde permaneció detenido y fue condenado a 40 años de cárcel como prisionero de guerra, aunque se lo absolvió de los cargos que lo vinculaban a la participación en el ingreso de cocaína y marihuana a Estados Unidos. Tiempo después se le redujo la condena a 30 años por "buena conducta" en su detención.
Panamá permaneció bajo intervención militar hasta el 31 de enero, convocándose finalmente a elecciones para mayo de ese año. El ganador fue Guillermo Endara, dirigente conservador y cercano a la Casa Blanca, quien recibió ayudas económicas de hasta 500 millones de dólares durante su presidencia, que se extendió hasta 1994.
Aunque pasaron más de tres décadas y grandes transformaciones sociales en las Américas, para muchos la repetición de la fecha podría ser casual. Pero lo que sin duda vuelve a estar en debate es la legitimidad de la intervención extranjera en una nación independiente, más allá de los crímenes cometidos por sus líderes.



