Cada vez más perros y gatos forman parte de la vida cotidiana en los hogares argentinos, y esa transformación empieza a reflejarse también en las políticas públicas, y en Rosario desde agosto pasado se refacciona la sede del Instituto Municipal de Salud Animal para que allí comience a funcionar un hospital público municipal para Animales de Compañía con atención permanente, las 24 horas del día durante todo el año.

El nuevo centro que se construye dentro del predio del Imusa, apunta a convertirse en un polo sanitario de referencia para urgencias veterinarias, diagnósticos complejos y atención clínica general. No se trata solo de ampliar consultorios, sino de reorganizar el sistema público para que pueda responder de manera rápida y profesional ante accidentes, enfermedades repentinas y situaciones críticas que hasta ahora quedaban relegadas al ámbito privado.

Según el portal La Política Ambiental, el esquema de funcionamiento prevé atención extendida durante la semana, guardias activas los fines de semana y feriados, y un sistema nocturno preparado para resolver emergencias. El hospital contará con laboratorio propio, equipamiento de diagnóstico por imágenes y personal especializado en emergentología veterinaria, un perfil todavía poco habitual en la estructura estatal.

Cómo funcionará el hospital animal

Una vez que esté en funcionamiento el Hospital Animal, ofrecerá servicios de consulta espontánea de 7 a 22 (actualmente es de 7 a 16) y de guardia activa los fines de semana y feriados de 8 a 20, además de guardias pasivas entre las 20 y las 8.

Además, contará con un equipo de permanencia nocturna y atención telefónica (1 auxiliar + 1 operario). También contará con área de imágenes y servicio de laboratorio para evaluar en la urgencia las 24 horas. El servicio estará disponible para todas las rosarinas y rosarinos que requieran atender a sus animales de compañía.

La atención será gratuita para quienes estén incorporados a la red municipal de salud animal, mientras que el resto de los usuarios deberá aportar un bono accesible que permita sostener el funcionamiento del servicio sin transformarlo en una barrera económica. La idea es garantizar que ninguna mascota quede sin asistencia por falta de recursos.

Incluirá adecuaciones en caniles, ampliación del área de internación, construcción de un sector de enfermería y área de radiología e imágenes. Se incorporarán también recursos humanos especializados, como veterinarios con formación en emergentología y profesionales de imagenología.

El avance de esta iniciativa responde a una realidad visible en las calles y en los barrios: aumentó la tenencia responsable, se multiplicaron las campañas de adopción y creció de forma sostenida la demanda de castraciones, controles y tratamientos veterinarios. 

Para muchos jóvenes adultos, las mascotas son parte del núcleo familiar. Esa mirada empieza a influir en debates más amplios, desde el acceso a servicios públicos específicos hasta proyectos que buscan reconocer el impacto emocional que tiene la pérdida de un animal de compañía. En ese contexto, la construcción de un hospital público de estas características funciona como un termómetro social: marca hasta dónde las ciudades están dispuestas a adaptar su infraestructura a nuevas formas de convivencia.

El hospital no solo apunta a beneficiar a los dueños de perros y gatos. Desde la perspectiva ambiental y sanitaria, fortalecer la atención veterinaria pública también tiene impacto en la prevención de enfermedades, el control poblacional y la convivencia en el espacio urbano. Castraciones, tratamientos oportunos y seguimiento clínico reducen el abandono y ayudan a evitar situaciones de riesgo tanto para los animales como para las personas.