Silvia Sztyglic, Máster en Educación Diferencial de la Universidad de Jerusalén, evaluó en un estudio cómo se integra a los alumnos con necesidades especiales. La investigación, que se enfocó en la preparación que reciben los estudiantes de pedagogía en la universidad, demostró que los futuros profesores no tenían herramientas suficientes para interactuar con alumnos discapacitados en clases. Este último concepto incluyó a personas con limitantes motoras y sensoriales.
"La mirada diferente empieza desde la formación de los maestros. Ellos están acostumbrados a leer artículos de gente con discapacidad, que es mera teoría, pero no tienen costumbre de encontrarse", explica Sztyglic.
Invitada a Chile por la Embajada de Israel y la Universidad Diego Portales de Chile, la educadora participó en el ciclo de charlas "Atención a la Diversidad en la Primera Infancia", donde expuso su propuesta para integrar a alumnos con necesidades especiales a las aulas.
Como base, Sztyglic propone dejar el concepto "inclusión" de lado, explicando que no hay por qué diferenciar entre unas personas y otras. "Yo no hablo de incluir, hablo de ir un paso más allá. Es una mirada que habla de trabajar todos juntos, donde yo no incluyo nada y donde todos son como yo o como cualquier otro", explica a "El Mercurio".
Su idea la ha puesto en práctica en la Academia David Tellin de Jerusalén, instituto dedicado a la formación de docentes, donde trabaja. Desde hace cinco años, la educadora invita a alumnos sordos, con parálisis o alguna discapacidad cognitiva a ser parte regular de sus clases. "Existe un encuentro donde todo deja de ser teórico. Y lo que pasa en un primer período es que hay mucha confusión, los alumnos regulares piensan que sabían cómo comportarse, cuando en realidad no era así", explica.
Mientras que a los alumnos antiguos se les evalúa su capacidad de interactuar con los nuevos compañeros (viendo cómo los incluyen en las actividades, cómo adecuan el currículum según sus necesidades y cómo es su actitud al conversar con ellos), a estos últimos se les hace partícipes a través de trabajos y exámenes adaptados. "La idea, finalmente, es que haya espacios donde todos puedan estudiar juntos", indica Sztyglic.
De esta forma, la meta final de la educadora es que se considere como normal la presencia de personas con discapacidad en el Instituto. Por lo mismo, a su clase la reúne en la cafetería central del lugar, donde otros alumnos tienen la posibilidad de acercarse e interactuar.
Mientras mayor sea el contacto de los futuros profesores con los estudiantes discapacitados, más fácil será, cree Sztyglic, integrar en los colegios políticas de inclusión donde no haya un número limitado de alumnos con necesidades especiales por clase.
Bajo su perspectiva, son los mismos establecimientos los que debieran costear los programas de inclusión, pensando en los futuros beneficios que esto les implica. "Yo no puedo contarles qué sucede y transformarme en el discurso; cada colegio debe vivirlo. Es tirar una piedra al mar y con eso crear olas.
Pequeñas acciones, como no excluir alumnos de las salas de clase, finalmente forman una sociedad más tolerante", concluye la profesora.
Fuente: El Mercurio


