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Cenar después de las 21 produce somnolencia diurna en la tercera edad

La somnolencia excesiva en adultos mayores incrementa el riesgo de caídas, situación que puede resultar muy peligrosa. Además, se ha asociado con pérdida de memoria
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Investigadores de las universidades San Sebastián, de Chile y Autónoma de Chile, realizaron un estudio en adultos mayores en que asocian la edad y cenar después de las 21 como factores determinantes para una mayor probabilidad de somnolencia diurna.

La investigación Factores asociados a la somnolencia diurna en adultos mayores chilenos, que fue publicada en la Revista Española de Geriatría y Gerontología, busca determinar la prevalencia de somnolencia leve y excesiva, y qué factores están relacionados a la presencia de somnolencia diurna en adultos mayores chilenos.

En el estudio participaron 1.780 adultos mayores de 60 años, pertenecientes a 14 comunas de Santiago, autónomos, autovalentes, de ambos sexos. De ellos, 1.704 contestó la encuesta de somnolencia de Epworth (ESE) y el cuestionario de calidad de sueño de Pittsburg. Además se les solicitó información sobre consumo de tabaco, horario de cena, y una evaluación antropométrica.

De acuerdo a Samuel Durán, doctor en Nutrición y docente de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Sebastián y líder en la investigación, “es común que los adultos mayores presenten somnolencia diurna, que se puede ver cuando se quedan dormidos viendo TV, sentados en el auto, cine, después de un almuerzo, leyendo o a veces, hasta conversando con otras personas.

“Según el estudio realizado por nuestro grupo de investigación, del total de participantes al dividirlos en mayores o menores de 80 años un 27% presenta somnolencia diurna. Esto es, en mayores de 80 años alcanza un 32,8%. Otros factores que influyen en la calidad de sueño es roncar (se presenta en un 64%); despertar en la noche (73%); levantarse a orinar en la noche (71%); fumar antes de dormir (19,9%); consumo de café (17%) y comer pasadas las 21 horas (41%)”, explica.

El cenar o tomar once pasadas las 21, de acuerdo al estudio, se asocia a un incremento de la somnolencia diurna, debido a que comer muy tarde distiende el abdomen, lo que lleva a que cueste conciliar el sueño. Asimismo, a mayor edad lo mismo existe más riesgo de somnolencia.

La somnolencia excesiva en adultos mayores incrementa el riesgo de caídas, situación que puede resultar muy peligrosa. Además, se ha asociado con pérdida de memoria. En este sentido, Samuel Durán comenta que “idealmente la última comida debería ser unas dos horas antes de dormir, que conste de un plato pequeño de comida, como charquicán, carbonada, cazuela, guiso de verduras o similares y también se debe considerar una ensalada pequeña, una fruta y evitar alimentos que contengan cafeína (café, té, maté y bebidas cola) y alimentos muy meteorizantes, como leguminosas”.

Ante esta situación de somnolencia diurna en adultos mayores, y entendiendo que aún falta investigación, el docente precisa que “es importante preocuparse por la cantidad y calidad del sueño del adulto mayor. El sueño representa 1/3 de las 24 horas del día, pero los profesionales de salud en general no le dan la importancia a este periodo, que es crucial para la memoria, sincronización de hormonas y para la salud en general de todas las personas y en especial de este grupo etario”.

Para realizar el estudio, se entrevistó a 1.780 Adultos Mayores (AM) voluntarios, de los cuales 1.704 decidieron contestar la encuesta, los adultos mayor pertenecían a 14 comunas de Santiago de Chile, edad promedio de 70,9 (62,1% mujeres), quienes fueron reclutados en centros de salud familiar pertenecientes a cada comuna. Se incluyeron en el estudio a adultos mayores de ambos sexos, de 60 o más años de edad y autovalentes, para lo cual se utilizó el diagnóstico de funcionalidad del AM (EFAM-Chile), instrumento que se desarrolló en Chile para la pesquisa de pérdida de funcionalidad en los AM16.

Se consideró autovalente a la persona que tenía un puntaje mayor o igual a 43 puntos. Se excluyó a los AM que no respondieran todas las encuestas o que estuvieran sometidos a algún tratamiento farmacológico que pudiera alterar el sueño o con diagnóstico de síndrome de apnea obstructiva del sueño. El protocolo fue revisado y aprobado por el Comité de Ética de las Universidad San Sebastián y Autónoma de Chile, cada participante firmó un consentimiento informado.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

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