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“Cuando uno ha sembrado la semilla es hermoso ver los frutos"

Nilda Sajama, docente rural jubilada, presidió el encuentro nacional número 36 de maestros rurales. Relata la experiencia vivida y reflexiona acerca de la vocación y los desafíos a los que se enfrenta un maestro rural hoy
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Nilda Sajama vive en Rosario de la Frontera, en la provincia de Salta. Hace muchos años, junto a su esposo ya fallecido, y sin saberlo ni planificarlo, abrazó su vocación de maestra, y descubrió el encanto de enseñar en zonas rurales y alejadas de la provincia de Salta.

Hoy ya jubilada, siente la necesidad de seguir aprendiendo y compartiendo su sabiduría con colegas de todo el país. Por eso, este año presidió el encuentro nacional de Maestros rurales organizado por AMRA, Asociación de Maestros Rurales Argentinos, que se llevó a cabo en la ciudad de Salta, entre el 18 y el 25 de enero, en el que participaron más de un centenar de docentes de distintas provincias: “Lo que queremos que se sepa es que en estos encuentros, siempre se trabaja por el fortalecimiento institucional de estos docentes que están en zonas tan alejadas. Se busca que las decisiones y conclusiones, sean escuchadas por todos, porque a veces sucede que en los ministerios, no están enterados de estos espacios. Y hay docentes rurales que tal vez están lejos y no tienen la oportunidad de comunicar muchas cuestiones que los atraviesan como tales.  Todos los años los encuentros se organizan en una provincia distinta y es importante aclarar que la asistencia y organización es totalmente autogestionada, cada docente se paga lo suyo, nadie nos da ningún subsidio”.

La AMRA tiene su origen en 1958, cuando un grupo del Ex Consejo Nacional de Educación y la UNESCO, organiza el Curso de Perfeccionamiento para Maestros Rurales, en Ezeiza, Buenos Aires, convocando a 160 docentes de todas las provincias.

Así, los docentes que entonces asistieron cursaron Educación Rural y Trabajo con la Comunidad; Técnicas de Investigación Socio-Económica de las comunidades Rurales; Recreación y Empleo del Tiempo Libre; Medicina e Higiene en la Escuela y la Comunidad; Principios de Contabilidad y Administración rural; Técnicas de preparación de Material Didáctico, Tecnología Agrícola y Taller. Luego, en un segundo período, debieron poner en práctica todo lo aprendido. La experiencia se realizó en la localidad de Icaño, en Catamarca, y fue dirigida por el ingeniero Alejandro Nogués Acuña. Posteriormente Se extendió a las provincias de Santiago del Estero, Jujuy, La Pampa, Tucumán y Entre Ríos. en escuelas y comunidades ubicadas en zonas muy carenciadas. Muchos de los maestros egresados de aquel curso fueron becados a centros de capacitación en Méjico, Costa Rica y Venezuela. Otros, a distintos lugares del país”,

En el año 1978, transcurridos 20 años desde que fueron convocados para perfeccionarse, maestros radicados en Córdoba comienzan a reorganizar el grupo y citan a los antiguos compañeros; el reencuentro se concreta en enero de 1979 en San Antonio de Arredondo Córdoba. Con idas y venidas, las reuniones se fueron continuando hasta que, desde 1978 hasta la fecha, se fijan los encuentros anuales en distintas provincias del país, en los que los maestros rurales comparten experiencias e intercambian proyectos.

Al grupo inicial de Ezeiza se agregaron muchos y fue tomando forma un movimiento abierto. Así se creó la Asociación de Maestros Rurales Argentinos.

“Llamamos a AMRA una gran familia, y siempre decimos: que la llama encendida por AMRA no se apague nunca. Muchos docentes ya llevamos años ininterrumpidos participando, y siempre repetimos. Yo ya jubilada, me levanto temprano y participo de los talleres, porque me gusta, porque pienso que un poquito puede servir esa sabiduría que uno ha recogido durante tantos años. Lo importante de estos espacios es eso, interactuar, compartir, intercambiar proyectos que te enriquecen y enriquecen a otros. Claro que también hay tiempo para la recreación, para que los docentes puedan hacer excursiones y conocer los lindos lugares que cada provincia tiene para mostrar”.

Nilda explica algunos ejes temáticos del encuentro que se llevó a cabo este año: “Este año se trabajó entre otras cosas, en la incorporación de proyectos o talleres para la formación y capacitación del conjunto de saberes referidos a la actuación de personajes locales. Por ejemplo, nosotros tuvimos la suerte de contar con la presencia del chozno (nieto en cuarta generación), de Martín Miguel de Güemes,, un gran héroe salteño. él vino a Salta para contar y mostrar muchas realidades que todavía no se conocen en la historia. Y nos gustaría transmitir esto a nivel nacional. Lo trajimos justamente para eso.También se habló de las ferias de las ciencias, que se hacen a nivel nacional y provincial, pero queremos que se profundice en la investigación de los vegetales, los productos o hiervas aromáticas de cada lugar, para que se empiece a darle más difusión a sus propiedades nutricionales, curativas, medicinales, pero sin sacarlo de su contexto natural”.

Nilda se refiere a los inconvenientes a los que se enfrentan los maestros rurales, pero hace hincapié en el amor y la entrega que requiere enseñar en lugares tan alejados.“Hay muchas diferencias, mucha pobreza en las zonas rurales. Y el gran inconveniente son las distancias y las dificultades para llegar a las escuelas. Esto hasta el momento constituye un problema insalvable, porque si bien ahora es más fácil llegar a la zona de montaña yendo por el serro, en mi época, íbamos por playa de río, entonces, si el río crecía no podías pasar. ¿Quién va a hacer un camino en el serro para llegar a una escuela con 20 alumnos y un docente? ¿Cómo se justifica el gasto? No se puede. No estoy criticando ni justificando, pero sabemos que es imposible. La única manera que tiene el docente es llegar a lomo de mula. A pesar de las distancias, es muy bueno que se hayan creado escuelas para que esos chicos aún estando tan alejados puedan ser capacitados, preparados, aprender con tecnologías”.

Y agrega: “Otro de los ejes temáticos del encuentro fue el nivel inicial en el ámbito rural, y niños con necesidades especiales en la ruralidad. Acá el tema de la distancia muchas veces es un gran problema porque si vos necesitás que ese niño sea atendido por ejemplo por una fonoaudióloga, no tenés un gabinete en la escuela, y ahí se torna difícil. Pero también todo depende de la gestión, del compromiso que asume cada uno. Cada maestro rural enfrenta distintos desafíos, pero la vida misma es un desafío. Depende mucho de las ganas e iniciativa del docente, porque cuando a uno realmente le gusta lo que hace y le pone amor a todo, siempre va a estar pensando en que los chicos puedan tener lo mejor, cualquiera sea el lugar donde esté. . Por eso, está bien que los docentes que no tienen la vocación, ni se sienten preparados, no vayan a enseñar a zonas rurales”.

Recalca la necesidad de compartir la vida con los alumnos, para de ese modo descubrir los problemas por los que ellos están pasando: “Creo que al estar en estos lugares, además de las clases, lo importante es compartir la vida con ellos; aunque antes la escuela era el centro de Reunión y ahora no tanto, porque las zonas ya están más pobladas. A mi me parece que siempre es lindo llegar y preguntarles a los chicos cómo están, cómo se sienten, qué han hecho el fin de semana. Yo cuando enseñaba lengua les decía que me lo cuenten por escrito. Ahí descubría que los fines de semana los chicos tomaban mucho alcohol, cerveza sobre todo. Al ser localidades chicas, los jóvenes no saben mucho qué hacer, y no se les ocurre otra cosa que juntarse a tomar. Me parece que el tema del alcohol no pasa solo por la escuela, porque uno lo puede hablar, tiene mucho que ver la familia, que a veces no está ni enterada del tema”.

La docente reflexiona acerca de los valores que aún predominan en las zonas rurales a diferencia de la ciudad, y destaca la inmensa gratitud que la enseñanza rural trajo a su vida: “Uno a veces piensa que cuando se va a estas escuelas tan alejadas vas a llevar tus conocimientos, y sin embargo yo me enriquecí porque aprendí mucho de ellos, en especial, el poder ver cómo con lo mínimo ellos viven, y se vive bien. El niño del campo es diferente al de la ciudad, ven otras cosas en sus padres por más que se diga que tienen vidas duras. Se les inculca el valor del trabajo, el estudio, el sacrificio, no están tan imbuidos de la sociedad de consumo. Se valora la naturaleza, se cuida el agua, se respeta todo. Creo que yo llegué a ser lo que soy gracias a que estuve en este tipo de escuelas.  Agradezco tanto a mi esposo el haberlo seguido y que me haya llevado a esos lugares, porque creo que yo ahora valoro la vida, la familia, tantas cosas, Y lo poco o lo mucho que uno puede haber llevado les sirvió, y ellos siempre lo agradecen, lo valoran y te lo demuestran. No es que uno lo haga para recibir recompensa, pero cuando uno ha sembrado la semilla es hermoso ver los frutos”.

Autora: María Mercedes Pombo, Lic. en Comunicación Social.
 

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